Mantené los 2 metros de distanciamiento - Provincia de Santa Fe

A 5 años de la primer movilización de Ni Una Menos y a 15 del inicio de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, la marea verde y violeta sigue dando de qué hablar.

Entre los múltiples frentes combativos del feminismo, el ejercicio periodístico es un espacio donde aún la perspectiva de género continúa escalando para llegar a abrazar a todo el arco informativo. No alcanzó con que sean las comunicadoras las que hayan impulsado la histórica movilización Ni Una Menos, el 3 de junio de 2015. Las periodistas siguen como el primer día. Están en la tele, en la radio, en los diarios, en las redes. Redactan, hablan, explican, cuentan, reflexionan, analizan. Están ejerciendo su profesión con calidad ética. Están transmitiendo esa información que Javier Darío Restrepo, notable periodista y referente de la ética del oficio, definió como “información compasiva”: una información que “acompaña a las víctimas” y que “siente con ellas”, que inspira “un movimiento de solidaridad entre los que acceden al conocimiento de las víctimas y de su tragedia” y también, una información que propone, sugiere y plantea preguntas acerca de cómo ayudar a las afectadas y cómo prevenir esta clase de males.

Para hablar de esta reacción colectiva contra el machismo, de esta lucha que empuña que plumas, micrófonos y cámaras, el eslabón se contactó con Sonia Tessa, referente en en el campo de la comunicación con perspectiva de género. En ese sentido, la redactora del suplemento Las12 y editora de Rosario/12 dialogó con este medio sobre la tarea de contar historias que otros no cuentan.

—¿Qué es el periodismo feminista?

—Yo soy más amiga de hablar de una forma feminista de ejercer el periodismo. Hace ya un tiempo que digo que yo soy una feminista que es periodista. Entonces así como siempre creo que hay un marco para hacer periodismo, así como nunca creí en la objetividad, cuando abordo cualquier tema de la actualidad lo hago como una persona que piensa de forma feminista. Esto, cuando yo empecé a hacer periodismo más vinculado a las cuestiones de género, significaba que buscaba los temas que tenían que ver con los derechos vulnerados de las mujeres, con los derechos por conquistar. Y sin duda todavía nos queda mucho por hacer en ese ámbito. También me pasa que si yo tuviera que hacer una nota política, ya no me pasa por desapercibido si son todos varones, ya no me pasa desapercibido cuando un político no habla en lenguaje inclusivo, ya no me pasa desapercibido cuando las decisiones de política económica no incluyen una perspectiva de género. Quiero decir, que ya no creo que el periodismo sólo debe hacerse cargo de reclamar los derechos que faltan, de poner de manifiesto las vulneraciones, las historias de las mujeres que sufren violencias, sino que además creo que en cada nota podemos poner la pregunta sobre la desigualdad de género, como también de otras desigualdades.

—¿Cuáles son tus pilares para construir ese periodismo feminista?

—El movimiento de las mujeres, de travas, lesbianas, trans, el movimiento de las disidencias y las mujeres activando en la calle. Siempre digo: nosotras hacemos periodismo como lo hemos hecho y como lo hacemos porque hay quienes están peleando contra esas desigualdades en la calle, en sus trabajos y en las academias. Ese es mi pilar, no dejar de pensar nunca en toda la gente que está en la calle. En las mujeres, travestis, trans e identidades feminizadas. No dejar de pensar nunca en quienes tienen algo para decir y muchas veces no se les escucha.

—¿Qué resistencias encontraste cuando empezaste a escribir introduciendo la perspectiva de género?

—Mirá, ahora hay otras condiciones sociales, entonces todes, pero sobre todo todos, se cuidan más de decir algunas cosas. Pero siempre fue resistido todo esto. Yo me acuerdo que no hace tantos años, donde todavía era mala palabra decir feminismo y decirte feminista, que uno de mis jefes un día vino -yo estaba a cargo solo de la edición del lunes de Rosario 12- y me dijo «basta de concha 12 los lunes». Por supuesto esos eran los días que aprovechábamos para hacer tapas y notas con perspectiva de género. Hoy eso ya no lo podría decir. Me parece que eso es como que te muestra un estado de cosas. Hoy, al revés, cuando tenemos la lista de las notas más leídas es fija que entre las diez más leídas del mes hay por lo menos una o varias de cuestiones de género. Eso lo construimos mi compañera Lorena Panzerini y yo en Rosario12. Yo antes que ella por mas vieja pero, por tesón, juntitas juntitas.

— ¿Qué puede aportar el ejercicio periodístico y la comunicación al movimiento feminista?

—Creo que es como un ida y vuelta. Ellas nos aportan a nosotras todo el conocimiento y toda la agitación que hacen. Y nosotras les aportamos la visibilidad, les aportamos hacer lo mejor que podemos desde nuestro lugar: no dejar nunca nuestra intención de que esto esté en el eje de la agenda, siempre encontrarle la vuelta para que esto merezca ser contado porque además, siempre merece ser contado.

—¿Cuál es la mejor victoria del periodismo feminista?

—Me parece que el periodismo feminista es tan rico que lo que nos ha dado son cosas para contar. Hoy, por ejemplo, todavia no termine de leer una nota de LatFem que habla de las muertas por aborto clandestino en el país. Sin dudas que esa es una gran historia que hay que contar. Luciana Peker ha contado historias de todo tipo. Todas vamos contando historias. Cuando contás una historia de una mujer que ha sufrido violencia, cuando empezás a comprender el círculo de la violencia y cómo funciona, y cómo nos atrapa a las mujeres por cuestiones culturales y cómo eso todavía funciona en la sociedad y que es lo que le llamamos el patriarcado; cuando ves la situación de las mujeres presas, cuando vas a la cárcel de mujeres y ves que la mayoría son pobres, en la cárcel de varones pasa lo mismo, pero hay una diferencia: en general, las mujeres detenidas son mujeres que han cometido delitos más vinculados con el narcomenudeo, con la supervivencia de su familia. Todas esas son historias para contar que a mi me inspiran.

—¿Cómo es ser mujer y periodista hoy?

—Mira, yo le agrego otra intersección: yo soy mujer. No me gusta decirme vieja, pero ya no soy joven -que es un valor muy grande en esta sociedad- y soy feminista. Me gusta pensarme un poco en el margen pero, a la vez, desde ese margen pudiendo hacer oir nuestras voces. Yo no me siento una víctima pero también sé que tengo algunos privilegios. Tener hoy en la Argentina un trabajo desde hace tantos años como periodista que me garantiza la supervivencia, cuando nuestra profesión está en semejante crisis, es un privilegio. Por supuesto, debería ser un derecho pero no desconozco que mucha gente no accede a ese derecho. Como mujer sin dudas que hay muchas situaciones de discriminación todavía vigentes. Es de lo que trato de escribir siempre y es lo que trato de detectar siempre, porque a veces algunas discriminaciones, algunas injusticias están siempre tan a la vista que no nos damos cuenta. Y ese es un trabajo de toda la vida y pienso que seguirá siendo hasta el dia que respire por última vez.

—¿Qué circunstancias o injusticias hicieron que introduzcas la perspectiva feminista en tu vida?

—Muchas veces pienso, ahora que estoy más grande, que mi vieja me hacia mucho ver como era la situación de las mujeres. Ella no era feminista, pero desde muy chiquita pude ver lo diferente que era en esta sociedad ser varón o ser mujer. En el 2001 por ejemplo, las compañeras que trabajaban en los barrios, que eran todas las que atendían los comedores, las que garantizaban la alimentación de toda la población eran las mujeres pero los que ponían la cara, los líderes, los que iban a negociar con el gobierno eran varones. Todas esas cosas me hicieron feminista. Y me parece que es una constante, cuando vos te das cuenta de cómo funciona eso ya nunca mas podes dejar de verlo.

—¿Cómo evalúas el desarrollo de la comunicación feminista en los grandes medios?

—Mirá, yo evalúo que hay muchas compañeras que están haciendo grandes esfuerzos por introducirlos. En todos los medios. No hay ningún medio hegemónico que no tenga alguna compañera feminista tallando desde adentro. Ahora, creo que todavía también hay muchos compañeros -porque un signo de esta época es cómo los varones están azorados, asustados- que se sienten amenazados, entonces todavía en los medios la mayor parte de las conducciones son varones. Y eso se nota mucho porque a algunas compañeras les cuesta mucho hacer visible su trabajo, pero sobre todo porque todavía muchos de los varones que están a cargo de la jefatura de los medios ponen muy en evidencia su machismo cuando titulan y cuando le dan lugar a una nota.

—Se han tejido redes de periodismo feminista. Las otras periodistas no sólo son colegas, sino también compañeras y referentes. ¿Qué significa eso para vos?

—Luciana Peker, Marta Dillon, Mariana Carabajal son todas compañeras que en algún momento yo las leía con mucha admiración. Ni hablar de Maria Moreno, pero ella ya está más en un altar. Las he leído con mucha admiración y después se convirtieron de algún modo en colegas. Eso es parte de lo que vamos tramando. Porque una de las cosas que nos habían enseñado era que entre mujeres no nos podíamos reconocer. Que siempre tenemos que admirar, elogiar, mirar con mucho respeto a los varones pero entre nosotras mejor pelear. Eso lo fuimos desarmando y ahora orgullosamente creo que tenemos redes de compañeras.

Periodismo feminista y sindical

Para Alicia Simeoni, periodista de Rosario/12 y Secretaria Adjunta del Sindicato de Prensa de Rosario, el periodismo feminista refiere no sólo al desarrollo de una comunicación que muestra la existencia de la opresión hacia las mujeres sino que además es una «toma de

postura de parte de quien está en ejercicio periodístico», una “propuesta superadora del periodismo con perspectiva de género, donde hay un involucramiento en la causa, en las convicciones y en las emociones más profunda, de mucha mayor carnadura”.

La irrupción del movimiento feminista también demandó que hacia adentro del sindicato se configure un proyecto con este mismo criterio. Así, en octubre del 2019, el SPR presentó el “Protocolo de Prevención y Acción en casos de Discriminación, Acoso y Violencia por Razones de Género contra Mujeres y Personas LGBTI+ en el Ámbito Laboral».

La elaboración del proyecto fue un desafío para las trabajadoras del SPR. “Empezamos a leer distintos protocolos contra la violencia. En ese sentido habíamos visto el del Conicet, el de la UNR, el de a Municipalidad de Rosario, pero son todos institucionales, ninguno sindical. Entonces nos costaba muchísimo trabajo encuadrar la realidad de un gremio y de un gremio del sector privado”, comenta Alicia. Y agrega que para realizarlo analizaron previamente el protocolo lanzado por la Confederación de Trabajadores Argentinos (CTA) -de la que el sindicato forma parte- para poder luego conformar el suyo.

Simeoni explica además que 20 días después de lanzado el protocolo se creó el Área de Género y Diversidad del sindicato, donde se propusieron realizar “una campaña de sensibilización -de la cual la presentación del protocolo sería solo un primer aporte- en todos los medios de comunicación contra la discriminación, el acoso y la violencia por razones de género”, que quedó postergada tras la pandemia.

En ese sentido, el Sindicato debió reformular su agenda y dedicarse a la solución de problemas más urgentes como el sostenimiento de los puestos de trabajo y de la obra social. El aislamiento social, preventivo y obligatorio también hizo que no se pudiera continuar con las presentaciones del protocolo ante las empresas de comunicación, llegando únicamente a mostrarlas en el diario La Capital y El Ciudadano.

Fuente: El Eslabón

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