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Ignacio Bogino escribe desde hace rato, pero recién ahora algo nacido de su puño y letra alcanzó formato de libro. O librito, porque la editorial independiente Cuentos María Susana “publica un cuento por libro, con un trabajo artesanal de serigrafia, y venden 200 ejemplares”, explica el defensor en una charla futbolero-literaria con el eslabón. Nacho, surgido de Rosario Central y de presente en Brown de Adrogué, destaca la importancia de la escritura para pasar la cuarentena, y resalta la presencia estatal en medio de la pandemia.

Defensor de la escritura

Este barbado y rudo zaguero central del ascenso argentino, que en el campo de juego no anda con vueltas a la hora de reventar una pelota y sacarla fuera del estadio, saca a relucir su delicadeza con la pluma y el papel. La reciente publicación es apenas una parte de todo el material literario de su autoría. “Es un cuento solo, que pertenece a un libro de relatos que escribí el año pasado, pero que todavía no pude publicar”, señala, y agrega: “Surgió de una búsqueda de empezar a escribir, de poder volcar en el papel inquietudes, generar algo que a uno lo pueda transformar, y en medio de algunas crisis personales me largué con esto y ahora se publicó uno de esos cuentos”.

Este rosarino cuya condición de ilustrador y futbolista le valió para ser convocado para el libro Pelota de Papel, en su segunda edición –en la que su dibujo acompañó el cuento El gol más lindo, del ex delantero César Carignano– se largó a jugar en el mundo de las letras. Cuenta que tras afinar el lápiz en el taller que dicta la escritora Gabriela Cabezón Cámara, “escribí una serie de cuentos, y justo me crucé con Federico Falco, que es uno de los responsables de María Susana, hablamos, le mandé un cuento, le gustó y lo publicó”.

“De todos los que había escrito –adelanta algunas pistas– este era el más autorreferencial. Mi hermana hace un tiempo tuvo un accidente jodido, cayó en terapia intensiva, y fue como una manera que encontré de poder sobrevivir a esa situación, como para meterle huevo a ese momento, y me salió escribir. De ese dolor salió este cuento, que habla bastante de mí y de lo que me pasó con la pelota”.

Bogino realizó toda la etapa de inferiores en el Canaya, hasta 2008, y de ahí a 2010 vistió la auriazul pero ya en el equipo de Primera. Y ese primer amor futbolístico fue retratado en la tapa del libro. “En realidad la hizo una chica de Córdoba a la que no conozco. Nos comunicamos apenas un poco por WhatsApp. Me parece que allá el baby es de 9”, dice para explicar el sentido de los 9 jugadores que posan con una casaca muy parecida a la de Central. “Me gustó la tapa, porque cuando uno escribe y juega a la pelota siempre quiere volver a esos momentos, de cuando es chico. Encima es azul y amarillo y el cuento habla también de mi debut en Rosario Central”.

Saque si quiere ganar

Nacho confiesa que cuando comenzó a despuntar el vicio de la literatura pensó que tenía que sacarse la camiseta y los botines. “Al principio, cuando escribía no quería que sea de fútbol, como que me enojé un poco con la pelota y quise probar desde otro lado. Pero me terminé dando cuenta de que es algo que me constituye, que es parte mía, de la que no me puedo separar, así que terminé enlazando y volviendo al fútbol”, argumenta, y añade: “Al estar jugando, en un momento quise tomar distancia del fútbol y probar en la literatura desde otro lado, pero como todos sabemos, el fútbol también es literatura, y está bueno poder hacer algo de eso con el capital que me tocó vivir, que es la experiencia de poder recorrer la carrera”.

A la hora de elegir lecturas, Bogino indica que “algunas cosas de fútbol leo, pero las que tengan literatura. Libros armados con la excusa de que sean de fútbol, no, no me gusta”, y detalla: “Leí mucho al Negro Fontanarrosa cuando era más veinteañero, ahora releí Best Seller, porque como estoy escribiendo una novela necesitaba volver a las fuentes, y después autores con una mirada romántica del fútbol y que eso sea genuino”.

En época de pandemia y aislamiento, la lectura se profundizó. “Estoy leyendo una novela que se llama El traductor, de Salvador Benesdra, que es un tipo que laburaba en Página|12. Es un novelón de 700 páginas, y también estoy leyendo a John Fante, que es un escritor yanqui, y terminé el último de Kurt Lutman”.

Defensa cerrada

Para referirse a este fenómeno que atraviesa el planeta entero, este futbolista que también incursiona en las artes plásticas y la música, admite que “es bastante extraño todo, y un poco angustiante”, y fundamenta: “Hay una situación de conflicto de trabajo que estamos atravesando en el club y viendo a través del gremio cómo resolverlo, porque en junio se terminan los contratos de la mayoría de los jugadores y parece que no va a haber fútbol hasta fin de año”. En lo personal, Nacho señala que “de repente se terminó el torneo, yo tengo mi casa armada en Buenos Aires, pero me vine a Rosario y la dejé ahí. No sé adónde ni cómo voy a volver a jugar. Mientras tanto me entreno con una rutina que nos manda el profe, y también escribiendo para no angustiarme tanto. Hay mucha incertidumbre”.

Antes de despedirse, el pibe que metió sus primeros piques y patadas en el club Morning Star, reivindica el papel del gobierno nacional para afrontar la inédita situación que tuvo que enfrentar a poco de asumir: “Uno ve que el Estado está presente, lo que es algo muy importante. No nos da la espalda. Y sentir ese respaldo es fundamental para sostener la angustia, y para ir sobreviviendo entre todos. Es un mensaje de comunión, de fraternidad. En el medio siempre hay mezquindades, pero dentro de lo malo de la situación, por lo menos nos agarró con un gobierno que está presente para la gente”.

Fuente: El Eslabón

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