Por estos días empezó a circular por Rosario (no se asusten) la novela Alfonsina, de la escritora española Luisa González (1967, Jaén). Una biografía novelada de Alfonsina Storni. González es una autora multipremiada en su país, dirán que es una de las promesas del panorama español, y tiene publicadas varias novelas, entre ellas Tiempos de tregua, El buscador de guacas, La posada de las almas, estas últimas editadas por Edhasa. González, que jamás pisó la Argentina, quedó fascinada ante la figura de Storni y decidió dedicarle un libro, mediante un exhaustivo y meticuloso trabajo de investigación. Lo más problemático fue su publicación. El texto fue rebotando entre editoriales a los dos lados del océano hasta que finalmente las curadoras rosarinas Laura Rossi y Nadia Isasa, consiguieron los fondos a través del senador provincial Hugo Rasetto y de la comuna de Bustinza, del departamento Iriondo, donde Alfonsina vivió junto a su madre algunos años de su adolescencia. La condición de los auspiciantes es llevar a Alfonsina a las escuelas y bibliotecas santafesinas. El libro ya es una realidad y aguarda el fin de la cuarentena para recorrer los sitios por los que anduvo Alfonsina, casi un siglo atrás. Entre ellos Coronda, donde se formó como docente, y Rosario, una suerte de catapulta de Alfonsina. En esta ciudad dio sus primeros pasos como actriz, y luego como poeta; acá se enamoró apasionadamente de un hombre, del que se alejó, sola, con un hijo a cuestas.

Como se expresa en la contratapa del libro, en esta novela “la Alfonsina mítica le da espacio a la Alfonsina real, que intenta abrirse paso en un mundo de y para hombres”.

De algún modo, la novela de González propone romper con el semblante trágico y solitario más difundido de la poetisa, edulcorada “por el canto de las caracolas marinas” (nada en contra de la zamba de Ramirez y Luna) y narra la vida de Storni escrupulosamente documentada, dándole carnadura a una mujer llena de vida, picardía y audacia, que en el inicio del siglo XX arrasó con todos los prejuicios de la época, y fue vanguardia entre las mujeres argentinas, como escritora, como cronista, como militante política, y como feminista. “Me llamaron Alfonsina, que quiere decir dispuesta a todo”, y así se puso el futuro al hombro. Escribió en los diarios y revistas más importantes de la época, como Caras y Caretas, Fray Mocho, Nosotros, Atlántida, La Nota, Mundo Argentino, Crítica y La Nación.

Desde sus columnas, que primero debió firmar con un seudónimo masculino, se propuso desmantelar el universo unívoco de lo femenino mediante la ficción y la parodia. Abrazó causas como el voto femenino, el divorcio y la independencia económica de las mujeres. Incluso, apoyó abiertamente la candidatura de la diputada Julieta Lanteri, fundadora del Partido Feminista Argentino. El movimiento de mujeres de los últimos años, y el feminismo de la tercera ola, volvieron a poner a Alfonsina en el podio de las mujeres más influyentes de la cultura argentina moderna y de la militancia por los derechos de las mujeres. Luisa González contribuye en un gesto enorme, de homenaje y gratitud, a ese legado storniano que estamos rearmando y haciendo volver, como el oleaje, una y otra vez contra la roca.

Fuente: El Eslabón

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