Mantené los 2 metros de distanciamiento - Provincia de Santa Fe

Yo no sé, no. Cuando niño, las primeras reuniones que uno se acuerda con los vecinos/as de la cuadra de la calle Zeballos eran para esta época del año preparando la fogata de San Juan. Primer paso, ir juntando las ramas que estaban servidas producto de las podas que le hacían a los generosos plátanos, para terminar alrededor de ese fuego con casi todos los vecinos de la cuadra. También por ese entonces, 60 y chirolas, reunidos en frente de la pantalla del 7 a la hora de Narciso Ibáñez Menta con “El muñeco maldito”, los más chicos reunidos casi clandestinamente porque se emitía alrededor de las diez de la noche.

A Pedro por esos años le llamaba la atención cuando iba de visita a lo de su tía madrina y no estaba su padrino, cuando preguntaba por él, la tía Ana le decía: “Tu padrino está reunido con los muchachos en el café”, que por lo general era el de Mendoza y Santiago, aunque no el único. Por esa zona había varios en unas pocas cuadras, eran como diez bares y cafetines.

Y cuando un poco más crecidos, no tanto, dos años más, ya en la zona sur, la reunión que uno más esperaba era en el campito que comenzaba con dos con una pelo quietita, como escuchando, a la espera que aparezcan algunos más para que arranque un picado. Esas reuniones previas al fulbito eran como el tercer tiempo, pero al principio.

O reunidos alrededor del hoyito de las bolis.

Desde quinto para adelante las reuniones con los compañeras/os de la escuela tenían como título “reuniones de estudio” y terminaban en otra clases de reuniones, digamos más afectivas.

Cuando hicimos un torneo de fútbol, para mí el más grande e importante de la zona, cada fecha comenzaba el viernes, en una casilla, con la reunión de delegados, casi 14 equipos de gran parte de la ciudad mandaban sus representantes a esa reunión, era tan importante que uno podía perder los puntos sino llevaba la plata con que pagaban a los referis (los únicos profesionales en esa historia)

Para cuando transitábamos los primeros años de los setenta, las reuniones tomaron un cariz que entonces Pedro empezó a comprender aquellas con los muchachos que mantenía su padrino, 14 años atrás: eran reuniones de la resistencia peronista.

Hoy, cuando en algunos lugares de la Patria se empiezan a permitir juntadas controladas, nos da algo de alivio, aunque sentimos que estamos lejos de derrotar al bicho. Y mientras tanto, tendremos que empezar a construir reuniones de trinchera a trinchera.

Para cuando la pandemia pase, el volver a juntarse por objetivos comunes va hacer más necesario que nunca.

Porque los del coloniaje de siempre siguen con sus reuniones conspirativas y están dispuestos a que los más vulnerables se reúnan con la muerte mucho antes.

Por eso nuestras reuniones, a medida que se pueda, tienen que ser con los afectos, con la alegría, con la militancia que merece ésta Patria, siempre esperando de esa gran reunión que, en definitiva es con la Vida y sin penurias evitables.

Volviendo de hacer un mandado, me lo cruzo a Pedro, que me dice: ¿sabés que?, en la carnicería de la cortada está la heladera llena de asado, de vacío, de marucha, de faldaje, esperando ser parte de las reuniones.

Ojala sean lo más pronto posible y que sean muchas las reuniones, tantas como las trincheras que resisten quedandose por ahora adentro.

 

Fuente: El Eslabón

Más notas relacionadas
  • Corta la bocha

    Yo no sé, no. Cuando era pibe, muy pibe, a esta altura del año, con los primeros mocos del
  • Paso a paso

    Yo no sé, no. Con Pedro nos acordamos de los primeros pasos de lo nuestros, por razones ob
  • Al calor del nido

    Yo no sé, no. De muy pibes, mientras vivíamos por Zeballos entre Callao y Rodriguez, cuand
Más por Hilo Negro
Más en Columnistas

Dejá un comentario

Sugerencia

Detectaron caso de covid-19 en el barrio Las Flores

Las autoridades municipales informaron este viernes la detección de un niño con la enferme