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¿Teletrabajo en el periodismo? ¿Periodista desde casa? En 1996, en una asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), Gabriel García Márquez, quien incluso tras haber ganado el premio Nobel de Literatura solía marcar que “yo me siento periodista”, dijo: “Hace unos cincuenta años no estaban de moda las escuelas de periodismo. Se aprendía en las salas de redacción, en los talleres de imprenta, en el cafetín de enfrente, en las parrandas de los viernes (…) Pues los periodistas andábamos siempre juntos, hacíamos vida común, y éramos tan fanáticos del oficio que no hablábamos de nada distinto que del oficio mismo. El trabajo llevaba consigo una amistad de grupo que inclusive dejaba poco margen para la vida privada”.

En esa ocasión también –como en varias otras anteriores y posteriores– García Márquez advirtió sobre las consecuencias de la aparición de las nuevas tecnologías de la comunicación en el oficio periodístico. Y apelaba a un ejemplo de lo que en estos tiempos de zoom, podcast, hilos de twitter y toda esa bola ya sería tecnología vieja: los grabadores de voz. “La grabadora oye pero no escucha, repite –como un loro digital– pero no piensa, es fiel pero no tiene corazón, y a fin de cuentas su versión literal no será tan confiable como la de quien pone atención a las palabras vivas del interlocutor, las valora con su inteligencia y las califica con su moral”, apuntaba el perioescritor colombiano.

O sea, no hay periodismo posible sin producción colectiva cuerpo a cuerpo y sin contacto –otra vez cuerpo cuerpo– con los hechos y las almas de los que se informa. Por ende, no hay posibilidad de asociar periodismo y teletrabajo.

Pero lo cierto es también que hoy, desde casa y computadora se puede –y se hace, más ahora en pandemia– copiar y pegar a troche y moche gacetillas y comunicados, incluso armar notas “propias” a partir de citas de posteos y gugleadas varias, o hacer entrevistas por videollamada y traficar como reportes gráficos fotos de celular o robadas en los jardines de Facebook más capturas de pantalla o del mapa satelital. Y así se puede –y se hace– sostener un portal de noticias, que vendría a ser periodismo y sería un periodismo teletrabajado.

Sepan, lectores todes, que quienes hacemos este periódico amamos el modo garciamarquiano de periodismo hasta el punto de flashear con realismos mágicos, pero no podemos evitar caer, más veces que lo deseado, en un teleperiodismo forzado por el contexto al que no dejamos de ponerle corazón, pero no nos conforma para nada. Es que junto al modo garciamarquiano, amamos también otros modos de este oficio: el terrestre y combatiente del periodista desaparecido Rodolfo Walsh y el periodismo sin patrón, gestionado y dirigido por trabajadoras y trabajadores y al servicio de los derechos, la dignidad y la felicidad de esa clase de personas, las que trabajan. Y las que teletrabajan también.

Fuente: El Eslabón

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