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El asesinato del exconcejal y pastor evangelista Eduardo Enrique Trasante, el tercero que sufre la familia en poco más de ocho años, constituye un ejemplo más de cómo se mata y se muere en los barrios de Rosario, donde a pesar de los esfuerzos públicos de las autoridades políticas por no aceptar ese fatídico rumbo, comienza a naturalizarse como una suerte de sino trágico. La profusa circulación de armas de fuego; la carencia de una fuerza de seguridad preparada para la investigación criminal que permita reducir los ataques altamente lesivos de los actores de las economías ilegales; las desiguales condiciones económicas, sociales y culturales que producen y reproducen pibas y pibes para cubrir la demanda de mano de obra dispuesta a jugar fuerte y “perder” joven, son algunos de los elementos que delinean el contexto en el que expresan las estadísticas de homicidios.

Lo que provocó conmoción, en este caso, es que se trata de una figura pública con una existencia atravesada por otras muertes, también trágicas. “Cuando las víctimas no son las habituales, las esperables, aparece una conmoción mayor y las respuestas social y política son diferentes”, explicó una especialista.

Como un calco

El crimen de Trasante, cuya investigación es preliminar y aún no arrojó –al menos públicamente– resultados sobre sus ejecutores ni acerca del móvil, reproduce las características de la mayoría de los asesinatos ocurridos, con la diferencia de que en este caso se trata de una víctima “no esperable”.

El homicidio se inscribe en el 65,3 por ciento de los asesinatos que se cometieron entre enero y junio de este año en Rosario y en los que existe “planificación”, según los datos del Observatorio de Seguridad provincial elaborados en forma conjunta con el Ministerio Público de la Acusación (MPA).

Así se mata en Rosario. No es el único modo, pero sí el mayoritario. Hay planificación, la víctima está “sentenciada” de antemano.  El uso de armas de fuego es otra constante: 3 de cada 4 personas asesinadas en el departamento en el primer semestre fueron muertas de disparos.

En el caso del crimen de Trasante, dos hombres golpearon el martes poco antes de las 15 a la puerta de su vivienda.

Atendió una hija de 11 años de su actual pareja y los visitantes preguntaron por una hija del matrimonio anterior del pastor, que no estaba. Cuando Carolina L., la esposa de Trasante, atendió, los hombres la obligaron a ingresar a la vivienda y mataron de un disparo en la cabeza al exconcejal de Ciudad Futura.

Por lo inminente de la investigación, aún no se sabe si los ejecutores del crimen fueron impulsados por motivos propios o les encargaron el asesinato.

Por las tramas del narcomenudeo que operan en la ciudad, y que explican la mayor porción de la violencia altamente lesiva –aunque no toda–, un 22 por ciento de los homicidios ocurridos en el primer semestre del año tuvieron un mandante o “pacto previo”, como los identifica el estudio del Observatorio difundido esta semana.

La “planificación” y el “pacto previo” son datos que permiten inferir que, con buena inteligencia criminal, son hechos que podrían prevenirse. Tal vez no en su totalidad, claro, pero sí al menos en parte.

El informe del Observatorio de Seguridad señala que un 52,7 por ciento de los 95 homicidios ocurridos en el primer semestre del año en el Departamento Rosario se produjeron en el contexto de las economías ilegales o de organizaciones criminales.

Tener datos sobre cómo, dónde y cuándo operan las bandas del narcomenudeo o de otros mercados ilegales permite a las fuerzas de seguridad adoptar acciones preventivas.

Salvo por su edad, 55 años, el asesinato del pastor evangelista reproduce las principales características de las víctimas del a violencia letal: varones de barrios populares, uso de armas de fuego, planificación de los crímenes.

Violencias

Pero no todo se explica por la “disputa narco”. El 24,2 por ciento de los homicidios del primer semestre fueron contabilizados como originados en “conflictos interpersonales”, cuya prevención es casi nula.

Contra la idea más o menos extendida en ciertos estamentos sociales acerca de que “te matan por el celular”, los homicidios en ocasión de robo apenas alcanzaron al 6,3 por ciento del total en Rosario.

En una entrevista con el programa Poné la pava, de Radio Rebelde Rosario, la magister en Criminología de la UNR e integrante de la Multisectorial contra la Violencia Institucional, Eugenia Cozzi, recordó que “Rosario históricamente fue una ciudad que tenía una tasa de homicidio por debajo de la media del país, a diferencia de la ciudad de Santa Fe, que ha tenido una tasa muy elevada”.

“La violencia en Rosario tiene muchas dimensiones para poder comprenderla”

Sin embargo, creció exponencialmente a partir de 2012 y tuvo un pico de 264 casos en 2013. “Luego hay un descenso significativo, pero que nunca regresa a su tasa histórica”, explicó.

El primer día de 2012 se produjo, en Villa Moreno, el triple crimen de los militantes del M-26 en el que fueron asesinados Jeremías Trasante –hijo de Eduardo–, Claudio Mono Suárez y Adrián Patóm Rodríguez. El pastor perdió a otro hijo, Jairo, en febrero de 2014, también asesinado de un balazo.

La abogada y especialista en criminología sostuvo, además, que “no podemos comprender la violencia en Rosario si la entendemos exclusivamente desde el cariz de la denominada guerra narco”.

Detalló que “la mayoría de las víctimas y victimarios son jóvenes varones de sectores populares, es una violencia horizontal, entre particulares, que tienen que ver también con dinámicas de usos del espacio público”.

De hecho, el comportamiento narco en la ciudad de Santa Fe encontró modos de regulación –propios de su dinámica y de la de las agencias estatales- que no exhibe un uso de la violencia altamente lesiva como en Rosario.

Cozzi dijo que “para pensar la violencia en Rosario, más que pensar el desarrollo de los mercados de drogas ilegales, lo que sí tenemos que mirar es la circulación de armas de fuego”.

“En todos los relatos –siguió- aparece que un actor importante en la circulación de armas de fuego es la policía. Las armas de fuego son muy accesibles, circulan, y uno de los actores que colaboran a esa circulación está la propia policía”.

El ministro de Seguridad, Marcelo Sain, aseguró días atrás que la cantidad de hechos violentos con arma de fuego en la provincia es “infinitamente” superior a los crímenes consumados.

“El nivel de violencia a través del uso de arma de fuego es infinitamente mayor al de homicidios”, sostuvo en una charla, y agregó que “cada diez tentativas de homicidio por uso de arma de fuego, hay dos crímenes consumados”.

Las estadísticas oficiales revelan un registro de 549 víctimas de heridas de arma de fuego entre enero y mayo pasado en la provincia. Y otra vez la redundancia: casi el 70 por ciento de las personas baleadas en las dos principales ciudades santafesinas fueron atacadas de noche o de madrugada, en mayor medida los sábados y domingos, al tiempo que algo menos de la mitad son menores de 25 años, con un 90 por ciento de víctimas varones.

 

Fuente: El Eslabón

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