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El día sábado se llevó adelante la mayor movilización, vinculada a un tema ambiental, en la historia de la ciudad. Así lo vieron muchos protagonistas como fue el caso del diputado Carlos Del Frade, siempre comprometido con la causa. Pero no fue el único, muchos de los asistentes estaban orgullosos y conscientes de estar protagonizando un momento inusual.

El reclamo es para exigir el cese del fuego en la zona de las islas y la sanción de una Ley de Humedales para conservar la zona. A pocas horas de la movilización, y a medida que las imágenes de la masiva convocatoria circulaban por las redes, distintas voces se pronunciaron en forma crítica en medio de un contexto sanitario muy difícil. Pero si la causa tenía que ver con todos, todas, todes, y la pachamama, cómo no ir.

Porque no había sólo militantes, y con todo lo bueno que engloba esa palabra. Además había muchas familias participando. No eran sólo activistas o el genérico “ambientalistas”, que algunos utilizan para marginar el reclamo, fueron miles las personas que se movilizaron desde el centro de la ciudad, más precisamente en el Monumento Nacional a la Bandera hasta la zona norte en el ingreso al puente Rosario-Victoria, símbolo del camino que nos lleva a Entre Ríos, la jurisdicción donde se producen las quemas.

Foto: Yazmín Quiroga/ Redacción Rosario

Los alrededores de “un día peronista”

¿Pero qué pasaba a la misma hora en que se agolpaba la gente tras la consigna “Ley Humedales ya”? Una tarde soleada que permitía soltar la frase “es un día peronista”, convocó a muchos a salir a pasear. El video es sólo una muestra de la cantidad de familias que salieron en busca de esparcimiento y un poco de sol.

Una señora le dice a otra cuando ve pasar de lejos la concentración: “Éstos quieren salvar las islas pero se van a morir de coronavirus”, mientras caminaba con una amiga. Resulta exagerado poner como argumento un comentario que se escucha a la pasada. Pero sí sirve de ejemplo para graficar cómo ese discurso anticuarentena se convirtió en pérdida del miedo al contagio. Los indiferentes, los activistas, los preocupados y los indignados pasaron por alto que quienes están en riesgo, también somos integrantes de la misma sociedad.

En cuanto a la marcha, si se buscaba masividad la tuvo. En cuanto a qué producirá dicha masividad en función de la Ley de Humedales, está por verse.

Las miles de personas que se agolparon a la costa por un mate junto al río pueden haber sufrido el humo de las quemas de los humedales días atrás, pero algo los empujó tal vez a contradecir ese insulto arrojado al Facebook, cuando el humo ganó el aire que respiramos.

La causa lo amerita, y la sociedad cuando el Estado no actúa contra los poderosos casi por instinto debe actuar. Pero hay poderosos mensajes contra los anuncio de alerta en medio de la pandemia. El Gobierno nacional a través del presidente explica en detalle la situación, los medios de los poderosos juegan al desgaste. Y de tanto machacar, hasta el noble ejercicio ciudadano se puede manipular, hasta el derecho de un laburante a poder descansar se puede manipular.

El cuidado del otro implica un reconocimiento de la otra persona distinto a mí. Y un gran paso es reconocer a la pachamama y a la casa común, pero para no comerse la curva, hay que quedarse en casa. Y así poder abrazar al espacio público y las luchas populares, sin perder compañeras y compañeros en el camino.

Alternativas

Pero acá me quiero detener para compartir una propuesta. ¿Y si el espacio público, que es y será un espacio de lucha y expresión de los pueblos en tiempos de pandemia, da paso por un tiempo a otro espacio democrático? Los medios de comunicación pueden ser ese lugar.

¿Y si la TV Pública, C5RTV, Radio Nacional, los medios comerciales, los medios comunitarios, la universidad, nos convertimos en espacios cedidos para el debate público? Pensar en organizaciones ambientalistas, los vecinos y vecinas, los trabajadores organizados, mujeres organizadas, académicos, espacios políticos, autoridades, ocupando una hora diaria para debatir públicamente el problema de las islas y las propuestas sobre el tema.

Los medios tienen la obligación de ejercitar la participación democrática porque cumplen una función social. ¿Por qué la defensoría del público, institución surgida de la ley de medios, planifica cómo hacerlo?

¿Y si los medios ofrecen espacios para garantizar la expresión del pueblo y el debate? Porque para una real democracia con participación, la palabra pública no puede ser monopolizada ni por empresas dueñas de medios, ni por periodistas que interpretan la realidad en forma exclusiva.

Hay muchas impunidades por las qué luchar como los casos crecientes de femicidios, la inseguridad, el hambre, los delitos económicos, el narcotráfico pero el contexto de pandemia creo que debe hacernos pensar en ganar espacios que ésta democracia nos niega. La calle siempre será el escenario pero tal vez sea el momento de ir por otros medios.

*Periodista de Aire Libre Radio Comunitaria

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