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El domingo 4 de diciembre de 2016, Edgar Maddison Welch, un joven de 28 años oriundo de Salisbury, Carolina del Norte, fue a la pizzería Comet Ping Pong, en Washington DC, pero no a comprar pizza. Llegó con un rifle similar al AR-15 y disparó dentro del local. Las balas impactaron en las paredes, el mostrador y una puerta, sin causar víctimas. Según informó ese día el portal de noticias CBS News, Welch declaró a la policía que “estaba investigando una red de tráfico de niños” que operaba allí.

El parte oficial de la policía de la ciudad capital de EEUU detalló que el atacante entró al local y apuntó a uno de los empleados, que logró huir y pedir ayuda. Welch efectuó “una cantidad indeterminada de disparos”.

En marzo de 2017, Welch se declaró culpable de los cargos de transportar armas peligrosas entre Estados y del ataque a la pizzería. Fue condenado a pagar 5.744 dólares por daños y a cumplir tres años de prisión. Se disculpó por sus actos y dijo que actuó de manera “tonta y temeraria”.

Pocos días después del ataque de Welch, el 12 de enero, Yusif Lee Jones, un hombre de 52 años oriundo de Shreveport, Louisiana, amenazó telefónicamente a Besta Pizza, ubicada en la misma manzana que Comet Ping Pong. “Voy a ir a terminar el trabajo que el otro tipo no terminó. Voy a ir a salvar a los niños. Te voy a disparar a vos y a todos los que estén allá”, dijo al teléfono. Jones fue atrapado y llevado ante la Corte del Distrito de Louisiana, donde se declaró culpable. Fue condenado a pagar una multa de 250 mil dólares y a cumplir tres años en libertad condicional.

Las acciones de Welch y Jones fueron apenas el comienzo de una larga serie, que incluyó centenares de amenazas a restaurantes y pizzerías en distintos puntos de EEUU.

El 25 de enero de 2019, le prendieron fuego a Comet Ping Pong. Según reportó ese día The Washington Post: “Se estableció que el incendio fue intencional”.

“Los investigadores encontraron varios fósforos quemados en el piso, un encendedor y una botella de plástico parcialmente llena de un líquido combustible sobre una mesa”, agregó The Washington Post.
Los ataques, amenazas y diversas formas de acoso (virtual y real) a esa pizzería, que no se detienen hasta hoy, se originaron en una teoría conspirativa elaborada con noticias falsas y difundidas hasta el cansancio por las redes a través de la prédica de un conglomerado de medios de ultraderecha que apoyaron a Donald Trump durante la campaña de 2016, en la que enfrentó a Hillary Clinton.

La historia de la falsa conspiración comenzó el 30 de octubre de 2016 con un posteo en una cuenta de Twitter de un racista (supremacista blanco) que reproducía las afirmaciones de un presunto abogado de Nueva York, que afirmaba que el Departamento de Policía de esa ciudad había descubierto una red de pedofilia vinculada a miembros del Partido Demócrata.

En los sótanos de esa pizzería, se afirmaba, funcionaba la sede de una red de pedofilia y tráfico de niñas y niños comandada por Hillary Clinton y otros dirigentes demócratas.

Según ese tuit, el descubrimiento se hizo a partir de correos electrónicos que el sitio Wikileaks había dado a conocer. Los mails pertenecían a la cuenta de John Podestá, jefe de campaña de Hillary.

Los que crearon la teoría aseguran que los correos contenían mensajes encriptados. En los mails de Podestá aparecían las expresiones “pasta y pollo”, “pizza”, “hot dog” y “queso”. Según los denunciantes, se trataba de palabras en clave para decir “porno”, “niñas”, “niños” y “pedofilia”. Y que el sótano de la pizzería era el lugar de encuentro para realizar abusos sexuales y satánicos.

Los teóricos de la conspiración vincularon al restaurante basados, además, en un intercambio de correos electrónicos (también difundidos por Wikileaks) entre el propietario de la pizzería Comet Ping Pong, James Alefantis, y Hillary Clinton. Podestá apenas aparecía entre esas revelaciones. Pero los teóricos de la conspiración apuntaron al hecho de que Podestá poseía un pañuelo “con una imagen de un mapa relacionado con la pizza”.

La historia fue publicada luego en sitios web de noticias falsas, comenzando con Your News Wire, que citó una publicación de 4chan de principios de ese año. Posteriormente, el artículo de Your News Wire fue difundido por sitios web pro-Trump, incluido SubjectPolitics, que agregó la afirmación de que la policía de Nueva York había allanado la propiedad de Hillary Clinton. The Conservative Daily Post publicó un titular alegando que la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) había confirmado la teoría.

El 1° de noviembre de 2016, The Conservative Daily Post subió a la red el siguiente titular: “Último momento: El FBI confirmó que hay evidencias de la gigantesca red sexual clandestina de Clinton” (“Breaking: FBI confirms evidence of huge underground Clinton sex network”).

“Una fuente del FBI indicó que una red masiva de tráfico de niños y redes sexuales de pedófilos opera en Washington, DC. Hay al menos seis miembros del Congreso y varios líderes de agencias federales que participan en la red de pedofilia, que según dicen fue dirigida directamente con la Fundación Clinton”, señalaba The Conservative Daily, con el particular estilo de las noticias falsas. “Una fuente” sin precisar quién, y la expresión “según dicen”, tan similar al “dicen que…”, muy utilizada por los medios hegemónicos al servicio de los poderes fácticos en la Argentina y América Latina.

Los periodistas y especialistas en teoría de la comunicación coinciden en que las noticias falsas (fake news) producen efectos en el mundo real. Y que no sólo apuntan a difundir datos falsos, sino que además se busca que el lector o lectora haga algo, que pase a la acción en función de esa falsedad viralizada y repetida infinitamente.

El “Pizzagate” (nombre con que se conoce a esta serie de hechos en EEUU) es un ejemplo paradigmático.
Las noticias falsas construyen relatos, teorías, realidades paralelas a partir de “hechos alternativos”, para configurar un mundo en el que no importa la verdad. Se trata de la denominada “era de la posverdad”. Se disuelven los criterios de validación de un hecho, se rompen consensos básicos del orden simbólico, se borran los límites entre lo cierto y lo falaz, y todo puede ser posible.

Apelando a sentimientos como el odio, el resentimiento, el racismo y la ira de ciertas porciones de la sociedad, pasa a ser “verdad” aquello que valida, confirma y refuerza esas emociones, que preparan el terreno para que alguien crea lo inverosímil.

Estudiosos, gobiernos, y hasta organismos como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y la Unión Europea (UE) están haciendo esfuerzos desesperados para frenar este fenómeno, al que consideran “una seria amenaza a la democracia”.

Mundo Fake

Según informó el sitio Hipertextual, en marzo de 2015, la UE creó un grupo de trabajo para tratar el problema. Tras un informe preliminar publicado ese año, entre noviembre de 2017 y febrero de 2018 se realizó una consulta pública para que tanto ciudadanos europeos como periodistas, abogados y juristas compartan sus experiencias con las noticias falsas. La campaña se publicitó en redes sociales e internet e incluso contó con su propia etiqueta o hashtag, #TackleFakeNews.

“El 83 por ciento de los encuestados consideró que las noticias falsas son un peligro para la democracia”, señaló el sondeo.

“Mejorar la transparencia en cuanto a cómo se produce y patrocina la información, que haya diversidad de información, que la información sea creíble y proponer soluciones inclusivas con una amplia participación de las partes interesadas”, recomendó la UE.

Pero más allá de las buenas intenciones (que no mencionan el tema de la propiedad de los medios), el hecho es que detrás de la manipulación están, como partícipes necesarios que embolsan ganancias obscenas, las grandes empresas tecnológicas.

“Ese faro mundial, histórico y contemporáneo de la alta tecnología concentra más de seis mil empresas del sector, entre las cuales un gran número gozan de un prestigio planetario: Apple, Google, Cisco, Facebook, Oracle, Netflix, Hewlett-Packard, Tesla, Instagram, Twitter, Intel, Snapchat”, señala el filósofo francés Éric Sadin en su libro La silicolonización del mundo, en el que hace referencia al monopolio y la posición dominante de estos gigantes, que representan la vanguardia de los poderes fácticos, más poderosos que los Estados, los organismos multilaterales y la verdad.

 

Fuente: El Eslabón

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