Mantené los 2 metros de distanciamiento - Provincia de Santa Fe

 

Yo no sé, no. Cuando empecé a hacer mandados, me acuerdo que mi vieja a último momento me decía: “Esperá que veo la reserva de yerba”, y se fijaba en una lata que había en el medio de la alacena. Y yo llegaba a la granja y pedía “reyerba”, como sonaban parecido, yo hacía de reserva y yerba una sola palabra.

En la casa de mi tío, en el patio siempre había alguno que –diario en mano– decía: “Este pibe que juega en la Reserva, la rompe”, así fuera de Central Córdoba, Ñuls o Rosario Central, y yo me creía que los mejores jugadores estaban en la Reserva. Pasó un tiempo y ya con casi 12 años, en un partido contra los del fondo, cerca de la vía de Acindar, había que tener reserva pero en los pulmones, porque algunos corrían como si tuvieran tres fuelles cada uno. Para colmo estaban las pibas mirando. Pedro, ese día, sacó reservas de donde pudo y se corrió todo. Yo llegué justo cuando arrancó el partido y me quedé para el reemplazo, haciendo banco,  y pensaba mientras miraba a las pibas: ojalá que crean que los mejores están en la Reserva, que en ese caso era yo.

Por ese tiempo, se iba temprano los domingos a la cancha para ver el partido de Reserva. Por el 67, maso, el primo de Pedro contaba que en las prácticas del club de Arroyito había uno al que le gritaban: “Dale, corré, chango, corré”. Y él decía: “¿Para qué, si después no me ponen?”. Y la verdad, no sé si pisó la Reserva, o muy poco, pero cuando lo vi en Primera tenía tanta reserva de talento como fuerza y pique, aquel 11 de Central.

Por entonces, la reserva moral de la nación, como se autodefinía a la dictadura de Onganía, se llevaría puesta a la materia gris más calificada. Y con los planes económicos de Krieger Vasena, que comenzaban con devaluación, congelamiento de salarios, lo de siempre, bah, como para que tiemblen en las clases populares hasta los tarros de reserva de la yerba.

Al tiempo, el Torino, en una notable performance en Nürburgring, dejó boquiabiertos a propios y extraños. Escuchando la hazaña por radio, hasta los que no éramos fierreros pensábamos que había una reserva en esos autos para rato. Mientras tanto, por aquel 69, la reserva de las fuerzas populares hacían temblar al régimen. Régimen que antes de irse, después de varios recambios, fusiló en Trelew a los compañeros, la reserva armada de la resistencia.

Hoy no hay partidos, y menos de Reserva. Y lo que el poder económico miserable quiere, con sus aliados y/o socios mediáticos, lo único que les interesa, son las reservas del Banco Central, para manotearlas y así, imponiendo sus planes de ajuste, sus privilegios seguirán y la dependencia económica, como le gusta al coloniaje, se profundizará.

Con marchas de protestas ponen en riesgo la salud de todos. Pedro me dice: “Yo creo que quieren que todo se vaya a la mierda ya, porque le tienen miedo a nuestras reservas”. “¿De qué hablás?”, le pregunto. “Mirá –me dice, y me indica a unos pibitos con su madre, con barbijos y tomando distancia sanitaria. Uno de ellos tiene el buzo de arquero con la 12 en la espalda, frente a la verdulería–. Hay que cuidarnos y cuidarlos. Ninguno de los nuestros fue a esas marchas, aunque estén a medio frasco los tarros de yerba y el de galletitas. En algún momento los más chicos saldrán a jugar en Primera. Por ahora, son la reserva de la Patria”,  concluye.

Fuente: El Eslabón

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