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Yo no sé, no. Cuenta Pedro que comenzando septiembre, al salir de la escuela Ortiz de Ocampo (de avenida Perón y Constitución), estaba esperando el bondi y se acercó uno con flores, con un tocazo de flores, que a él le pareció que serviría como para hacer un ramo grande, digamos un Ramón. El chabón apareció varias veces por la parada del bondi, y lo que hizo Pedro fue tomar la mano de su hermana, como señal de ¡ni se te ocurra regalarle ese Ramón de flores a mi hermana! Pedro tenía 6 años por aquel entonces.

Cuando tenía 14, en el campito le empezaba a dar mayor importancia a los wines rápidos y precisos en los centros. Ya habíamos visto, entre otros, a Ramón César Bóveda, que llegaba hasta el fondo y mandaba el centro.

Fue tan así que cuando venía un nuevo 7, le poníamos Ramón. Y al otro Más, por el Pinino que jugaba en River. Así que cuando la salida era para un lado, el grito era: “Tirasela a Ramón”. Y para el otro: “Tirasela a Más”.

En el barrio, los más grandes se iban a milonguear al Rancho de Ramón, de Ramón Merlo.

Y ya estando en la secundaria, los septiembres aventuraban unas primaveras con más y más ramones de Flores, de ideas transformadoras, en unos de los picnic del Centro de Estudiantes, al ver que éramos muchos, Pedro dice: “Está como para hacer un gran Ramón”. Yo sólo lo entendí.

Pero aparecieron otros Ramones, como el asesino de Camps, como para que todas las primaveras venideras vengan mal heridas.

Hoy, septiembre nos agarra peleándola contra el covid, con algunas trincheras, como las de salud, que están al límite, más que nunca tenemos que cuidarnos. Ya saldrán las jugadas rápidas y los centros al nuestro.

Pedro, con un optimismo mayor al mío, dice: “Hay que reforzarse con Más Ramón”.

Y me cuenta que un pibe que está en una de esas trincheras de salud, en horas de descanso hizo un retrato de un Ramón, de Ramón Carrillo, y se lo llevó a una salita de salud al oeste de la ciudad. “Bueno –me dice Pedro–, si nos reforzamos con este Ramón, en las trincheras más bravas y en nuestros marotes, estaremos preparándonos para que los próximos septiembres sean con los mejores centros para las mayorías”. Y, como decía el gran sanitarista: “El hambre y sus consecuencias son peor que todos los agentes patógenos”. Tenemos que doblarle el brazo al poder económico del miserable coloniaje que desprecia la vida.

Volviendo del kiosco veo una ambulancia que rapidito pasa casi al límite. Me imagino que el que está al volante llegará justito, como un Ramón, para tirar un centro al medio y que aparezca un cabezazo que salve una vida, que nos es poco.

Asi que cuidemonos. Eso sí, con los Ramones (los nuestros) entre los dientes.

 

Fuente: El Eslabón

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