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María Elena Hechen es fotógrafa, docente y psicóloga. Autora del fotolibro Escuela pública, una obra que registra en imágenes cómo transcurre lo cotidiano de las clases despojado de la presencia humana. Las fotos fueron tomadas entre 2015 y 2018, todas en el histórico Normal 1. Hoy, resignificadas en la pandemia. El trabajo de Hechen está disponible, en forma libre y gratuita, en la Pequeña Biblioteca (pequeñabiblioteca.com), un espacio que reúne fotografías de Rosario.

Además de ser profesora en el Iset 18, María Elena Hechen enseñó en el profesorado de nivel inicial del Normal 1 (Entre Ríos al 1100). Cuando terminaba sus clases o antes de empezarlas registraba con su cámara los espacios físicos y escenas que hablaban de la escuela. Siempre sin presencia humana.

De las muchas imágenes que tomó, 33 se reunieron en Escuela pública, editado por Francisco Medail y con prólogo de Cora Gamarnik. En diciembre pasado este medio publicó una extensa nota que da cuenta de este rico trabajo artístico y pedagógico. En el espacio de la Pequeña Biblioteca se presenta así: “Es un fotolibro que explora la Escuela Normal N°1 de Rosario a través de fotografías tomadas entre los años 2015/2018, observa los espacios áulicos y los objetos que los habitan en los intersticios de tiempo en que las presencias humanas desaparecen, brindando cierta teatralidad a la monotonía de la experiencia perceptiva cotidiana. Retrata a la institución escolar como un interesante espacio de construcción de subjetividad en el que es posible percibir la apariencia de las cosas y a su vez desarmarla para mostrar lo inquietante que puede resultar lo cotidiano”.

En el cuerpo de la escuela pública

Además de haber sido incorporado a ese espacio de difusión virtual, Escuela pública fue seleccionado para el festival y encuentro Miradas al Fotolibro, organizado -entre el 17 y el 21 de agosto-  en el Centro de las Artes Centenario de San Luis Potosí, de México. “Una experiencia hermosa en medio de este páramo”, celebra María Helena.

Relevancia y documento

En charla con El Eslabón, María Elena Hechen asegura que la pandemia pone en evidencia la necesidad de la escuela, que marca lo irremplazable que es.

Escuela pública muestra la ausencia después de una clase o porque la hora terminó. Pero ¿qué pasa ahora en la pandemia? ¿Cómo se ve ese trabajo?

—Para mí cobró más relevancia el trabajo, que sigo, no terminó. Porque la pandemia pone en evidencia la necesidad de la escuela. Con todo lo controvertido que tiene, se siente la necesidad de la escuela en las familias, no solo como el lugar a donde llevar a los niños mientras los padres trabajan sino como el lugar de socialización necesario, vital. Ese espacio no está cubierto por nada. No hay videollamada que logre acompañar esos momentos de los chicos, sobre todo de los más chiquitos. La pandemia lleva a la superficie todas las deficiencias, en cuanto a tecnología, a formación, de todo. La videollamada es la clase de este momento, todo lo demás lo hacen como pueden los padres, en general las madres. Esas interacciones que se daban en la clase de otra manera hoy no existen. Lo que veo es que la foto se resignifica. Puedo mirar cada una y cada una me dispara a nuevas cuestiones para pensar.

Mencionaste que seguís trabajando la idea del libro, ¿cómo?

—Venía trabajando sobre cómo está pensada y organizada la planta del aula. Mi idea era entrar al aula después de cada clase, mirar lo que queda y a partir de ahí reconstruir lo que pasó. A partir de los indicios, porque la fotografía es puro indicio. Mirar cómo las aulas hablan. Y ahora mucho más. Permite que pensemos los nuevos esquemas que se están planteando, como las “aulas burbuja”. Cómo ese docente –que antes estaba al frente- ahora aparecería en el centro del aula, con los estudiantes a los costados, con mucho menos de la mitad del grupo. Una cosa inviable por la cantidad; y, por otro lado, en los terciarios hay otra realidad y es que ha quedado un tercio de la población de estudiantes. Me quedo con la idea “docente anfitrión” de la que habla Daniel Brailovsky (educador), de que siempre somos anfitriones. En el aula una sabe lo que es, pero acá –en la virtualidad- no lo tenía tan claro. Medio que se me había desdibujado y la tranquilidad no la tenía. Pero seguimos siendo anfitrionas. El espacio físico que no tenemos se trasladó a ese momento virtual. Hoy hago videollamadas en el horario de mis clases, aunque igual y también respondo en otros horarios. Y cuando estás en una videollamada es más claro: sos la anfitriona, habilitás la clase, hasta te lo dice la misma tecnología.

¿Cuál es la palabra o sensación con que resumís el trabajo reunido en Escuela pública?

—Lo primero que me surge es la alegría de haberlo hecho. Sentía que tenía que hacerlo. Era una etapa que se iba terminando. Cuando lo miro digo qué suerte que lo pude hacer. Ahora, la irrupción de las tecnologías hace que no se pueda volver atrás. Es el momento para aprovechar y hacer cambios. ¿Cómo? No sé. Porque pasa en la vida, no sólo en la escuela. Cuando una mira fotos de recitales se dice que no sabe qué va a pasar con eso, igual que con los movimientos masivos. En este trabajo (Escuela pública) lo que ves es la arquitectura de la escuela palacio, en el Normal 1, que se hace presente. Queda como un documento.

Y como una valoración de la escuela pública, siempre en primer plano.

—Totalmente. Porque si bien el macrismo terminó (el libro comprende ese período), la escuela pública siempre tiene que estar reinventándose y luchando por la supervivencia. No es fácil esto. Habrá que repensarlo; y no pasa solo en lo público. Me parece súper interesante como momento. Los cambios en educación siempre vinieron de afuera, en el sentido de que algo social pasó, se generó un movimiento… Aquí pasa lo mismo: esa necesidad de comunicarnos con los estudiantes hizo que exploremos lo que podemos en la tecnología. Cuando pase la pandemia quedaremos posicionados en otro lugar, con una soltura hacia lo tecnológico que lo vamos a aprovechar. Es la gran oportunidad de la escuela pública también.

Desde muchos espacios se sostiene que la escuela presencial es irremplazable ¿Coincidís?

—Sí, totalmente. Es el lugar. En lo virtual, todavía no llegamos a construir un espacio como tal. Hace falta que nos encontremos, la presencia del cuerpo. En la videollamada una siente que se acerca un poco a eso. Pero falta el cuerpo. Lo vivencial. No estamos compartiendo la atmósfera, el clima, lo que se crea.

 

Fuente: El Eslabón

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