Mantené los 2 metros de distanciamiento - Provincia de Santa Fe

 

Mi cotidianidad como estudiante en pandemia empieza todos los días resolviendo todos los trabajos que semana a semana me piden, no tengo un horario en concreto, pero el tiempo lo tengo bastante organizado.

Si comienzo desde el principio, todo era un caos. Tenía miles de preguntas, sin saber cuánto tiempo me quedaba para conseguir respuestas. No sabía si la pandemia iba a durar días o semanas. Yo creía que esto iba a ser pasajero y no instaurarse en un nuevo estilo de vida. Me tuve que acostumbrar a que los días pasaran, a escuchar cada domingo al presidente extender la cuarentena y poco a poco me fui convenciendo de que esto iba a empeorar.

El Ministerio de Educación empezó a tomar cartas sobre el asunto y los docentes de mi colegio comenzaron la organización de la nueva etapa en la educación de ahora en más.

Me di cuenta que al pasar de los días, los mismos docentes tampoco sabían cómo manejar la situación; la cantidad de trabajos prácticos no me dejaban terminar otros, no sabía cómo avanzar ni cómo terminar. Cuando finalizaba uno, venía otro, me sentía estresada, cansada y triste.

Los días se volvieron todos iguales y al principio no era consciente de la pandemia global que se estaba expandiendo por cada rincón del mundo. Siempre pensé que el coronavirus nunca podría dar vuelta nuestra vida; me despertaba, desayunaba, tenía una clase de meet de alguna materia, luego trabajos y cuando me daba cuenta ya me estaba volviendo a despertar para desayunar. Los primeros días sentía una sensación de agobio por no poder salir de mi casa. A veces variaba, hacía ejercicios, miraba una serie o simplemente dejaba un día de descanso pero esos días no duraban ni un minuto. Lo peor es que era mi último año, lo es, quería estar con mis compañeros disfrutando de 5to pero al día de hoy me sigo sintiendo encerrada.

Aprendí a organizarme mejor, a aprovechar la cuarentena de otro modo, no solo hice recetas nuevas sino que descubrí que desde casa aún hay muchas cosas para aprender. A disfrutar la compañía con mi madre; yo creo que todo esto malo que está pasando nos puede llegar a servir para replantearnos muchas cosas en nuestra vida, que a lo mejor antes no lo hacíamos. Yo aprendí a valorar mucho lo que tengo al lado porque nadie sabe cuánto puede durarnos. Igual no sé hasta qué punto; yo creía que a muchas personas les iba a servir para trabajar la empatía y no fue así.

Por otro lado sé que nuestra vida no va a ser la de antes y que todavía queda un largo camino hasta que volvamos a la normalidad. El virus nos está poniendo a prueba y nos enseña que tuvimos que parar por un segundo el mundo para demostrarnos que no podíamos seguir de la manera en la que vivíamos. Lo que sí me pone muy feliz es la gente que verdaderamente toma consciencia y se cuida.

Por último, me gustaría verle un poco más el lado positivo a todo esto, por una parte la gente que fue solidaria y arriesga su vida para ayudarnos. O también los aplausos a las 20 horas, los vecinos que subían la compra a las casas de los más vulnerables, los sanitaristas que ofrecen servicio gratuito. Gente que ofrece sus donaciones, y de eso estoy agradecida porque es lindo mirar lo bueno en todo lo que está pasando.

* Tiene 19 años y es estudiante de la Escuela Bernardino Rivadavia N° 432, de Rosario.

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