Mantené los 2 metros de distanciamiento - Provincia de Santa Fe

 

Yo no sé, no. Pedro se acuerda que desde muy pibe pensaba cuando tenga 12… Cuando tenga 12 terminaría la primaria, cuando tenga 12 podría ir a buscar a esa piba para ir al matiné al Rose Marie a ver una peli argentina, casi seguro, y se iría de viaje de fin de curso a descubrir Buenos Aires. Y cuando tenga 12 jugaría en cancha grande, de 11.

Mientras tanto en la familia se susurraba el 17, desde la abuela, el tío Mario, el tío Pedro. A este último, aunque era medio marxista, lo entusiasmaban los 17 populares.

Los 12 lo agarraron a Pedro despidiéndose de esa piba de barrio Acindar. Lo agarraron practicando lo de los 12 pasos en los penales, porque escuchaba por la radio que el Bocha Bielli era el encargado de patearlos en Central y los había convertido a casi todos. Lo agarraron en un 68 que se presentaba como un año víspera de algo groso.

Cuando el 73 hacía historia, a Pedro lo agarró con 17. Y él, como tantos, abrazamos aquel 17, el que se susurraba en la familia, el que se incorporaba a ese presente de sueños colectivos. La historia, la de las luchas con gran participación popular, empezaba a pertenecer a nuestra propia historia.

Durante casi toda su educación, a Pedro en octubre le hacían descubrir y redescubrir el 12 de ese mes. Con el tiempo lo resignificó.

Y con el tiempo, aquellos 17 susurrados pasaron a ser un canto de alegría.

Pedro me dice: Mirá, estamos a horas del 12 y ¿sabes qué? Lo mejor es redescubrir los 12 de cada uno y, como si estuviéramos frente a la redonda, retroceder sólo para tomar carrera.

Y como estamos a días de otro 17, lo mejor es volver a aquel, al histórico. Y a los 17 personales, aquellos que nos agarraron abrazando todos los 17.
Nuestros 12 y nuestros 17 quizás sean las dosis de una vacuna que nos proteja de tanto colonialismo miserable.

Pedro relojea el almanaque, cuando pasa por el 12 respira hondo, como tomando carrera, y cuando su mirada se queda en ese 17 que caerá sábado, va largando el aire que lentamente se va transformando en una marchita, La Nuestra.

Fuente: El Eslabón

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