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El triunfo del MAS en Bolivia, las enormes movilizaciones populares del año pasado en Chile para cambiar la Constitución pinochetista, y los malos resultados para el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, en las elecciones municipales del domingo 15 de noviembre, son derrotas de la derecha regional, que ahora además cambió de jefe imperial.

Hay indicios de que es posible un cambio de rumbo en la región. Pero todavía es muy pronto para ir más allá: es apenas el comienzo de una puja que será larga y compleja, y que en cada país tendrá características particulares. En medio de estas esperanzas de cambio, el pueblo de Perú, que hace años viene soportando planes económicos neoliberales e inestabilidad política, ganó las calles.

El despertar de Perú se produce en un contexto muy particular. El 11 de abril de 2021 hay elecciones presidenciales en ese país. El 7 de febrero de 2021 en Ecuador. Y el 21 de noviembre de ese año en Chile, donde además está programado, para el primer semestre de 2022, el Plebiscito Nacional sobre la nueva Constitución.

Un posible cambio en América Latina se juega, además, no sólo en las urnas, sino también en la calle. Son cada vez más los pueblos que dicen “basta” a las desigualdades sociales, el hambre y la desocupación en el marco de una pandemia que hace estragos. En Colombia las elecciones presidenciales son el 29 de mayo de 2022, pero el presidente Iván Duque tiene cada vez más resistencia en las calles y más acusaciones por represión. En Ecuador, el presidente Lenin Moreno, con bajísimos niveles de aceptación, se aferra al poder con la ayuda del blindaje de los medios hegemónicos, el uso sistemático de la mentira, y la represión.

La calle pide una nueva constitución

El neoliberalismo viene desplegando en Perú sus aspectos más siniestros. Las ciudadanas y los ciudadanos pueden morir asesinados, como sucedió con Inti Sotelo Camargo, de 24 años, y Bryan Pintado Sánchez, de 22, durante la represión ordenada por Merino. O bien de sobre-explotación laboral y trabajo esclavo: Jovi Herrera Alania, de 21 años, y Jorge Luis Huamán Villalobos, de 19, murieron en un incendio en 2017. Su jefe los mantenía encerrado en un container. Alexandra Porras y Carlos Gabriel Campos, de 18 años ambos, fallecieron electrocutados el año pasado, trabajando en un local de McDonalds.

El martes 17 hubo en Lima una movilización con una exigencia muy puntual: que junto con las elecciones presidenciales se consulte a la ciudadanía si estaría de acuerdo con la elaboración de una Nueva Constitución que reemplace a la actual, que lleva la impronta de Alberto Fujimori. Si lo pensamos en el contexto de la posibilidad de un cambio regional, dos pueblos salieron a la calle a terminar con constituciones heredadas de dictadores y genocidas. Primero fue Chile, ahora Perú.

Francisco Sagasti, del Partido Morado (de derecha), es el cuarto mandatario de Perú en cuatro años. Fue elegido el lunes 17 por el Congreso, luego de que el país estuviera más de 24 horas acéfalo, tras la renuncia al mediodía del domingo de Manuel Merino, en medio de masivas protestas en las calles pidiendo que cese su efímera y sangrienta gestión.

El partido de Sagasti se opuso a la destitución por el Congreso del entonces mandatario Martín Vizcarra por supuesta “incapacidad moral permanente” a partir de cargos de haber recibido sobornos hace varios años cuando era gobernador y que todavía están en investigación, y rechazó la elección en su reemplazo del entonces titular del Parlamento, Manuel Merino.

Obtuvo la mayoría luego de que los legisladores rechazaran la candidatura de la congresista del Frente Amplio y militante feminista, Rocío Silva Santisteban. Para el cargo de vicepresidenta del Parlamento resultó elegida la congresista del Frente Amplio, Mirtha Vásquez.

El mandatario elegido, de 76 años, es ingeniero industrial, profesor en universidades del país y del exterior, y autor de varios libros. Se desempeñó en el Banco Mundial en planeamiento estratégico y evaluación de políticas, y fue asimismo asesor de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y de instituciones de investigación científica de su país.

Los que salieron a exigir la renuncia de Merino ven con buenos ojos, hasta ahora, la elección de Sagasti, fundamentalmente porque en su momento no apoyó la destitución de Vizcarra ni la candidatura de Merino.

Las mujeres y los hombres que se manifiestan en las calles de Perú lo hacen por una amplia gama de motivos. Desde el hambre, la desocupación y la represión neoliberal, hasta el rechazo indignado por toda la clase política, una suerte de “que se vayan todos”. La corrupción, los graves problemas institucionales también forman parte de los reclamos. La aceptación de Sagasti tiene que ver, también, con que algunos sectores lo consideran al margen de la “clase política tradicional”, una mala palabra para muchos. El tiempo dirá cómo funciona esa amalgama de aquí a las elecciones presidenciales del 11 de abril de 2021.

La Fiscalía de Perú inició una investigación a Merino y a dos de sus ministros por homicidio doloso, desaparición forzada, lesiones y abuso de autoridad, por la represión policial de la semana pasada.

“Un duro momento para el país ha sido superado. Las fuerzas autoritarias y sus aliados de clara factura corrupta en el Congreso han sufrido un revés. No duermen. Están ahí. En la hora decisiva intentaron competir por la dirección del Congreso, inclusive. La ciudadanía debe estar alerta porque la transición apenas ha empezado”, señala la nota editorial titulada “Una semana después”, publicada el 17 de noviembre por el diario La República.

La nota destaca “la rápida respuesta de la ciudadanía, que identificó el riesgo y se lanzó a las calles para impedir la sustracción de la democracia y el inicio de trámites corruptos”, en referencia a la destitución del presidente Vizcarra, lo que para amplios sectores fue un intento de golpe.

“Miles de peruanos, especialmente jóvenes, apoyados por familias y las comunidades con sonoras caceroladas, se ubicaron como el primer y más importante impulso democrático que frenó el golpe. La represión brutal de las protestas pacíficas agravaron la situación de los sediciosos e hicieron su presencia más insoportable”, señala La República.

El analista Aram Aharonian, también destaca la importancia de las movilizaciones en su nota publicada en el sitio Nodal, titulada “Perú ahogado en una crisis que lleva 30 años: ¿se hace camino al andar?”.

“Estas marchas son iguales o mayores que las que desembocaron en la de los Cuatro Suyos en el 2000; combinan la alegría y el desenfado con la indignación, donde jóvenes que no habían nacido o que eran muy niños entonces, marcharon como veteranos de esas jornadas, con la determinación de no parar hasta la salida del impuesto gobierno de Manuel Merino y Ántero Flóres-Aráoz. No es sólo en las ciudades: los pequeños pueblos más alejados de la Amazonía y del altiplano también se están movilizando. Y cuatro días después de haber asumido, Merino «el breve» tuvo que presentar su renuncia irrevocable al cargo, tras la dimisión de más de la mitad del gabinete de ministros y luego de una noche de manifestaciones que dejó al menos dos muertos y centenares de heridos. «Ha salido un dictadorzuelo del palacio», dijo el destituido Martín Vizcarra”.

Fuente: El Eslabón

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