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En su décimo libro, Corazón futbolero, Eduardo Quintana vuelve a narrar historias que giran en torno al mundo de la redonda. Fana de Racing y de Excursionistas, homenajea en sus nuevos textos a Central y a Newell’s.

“Escribo hace muchos años, este es el décimo libro”, suelta de entrada Eduardo Quintana, oriundo del porteño barrio de Caballito, y se explaya: “Los primeros libros fueron de barrio, de amigos, de juegos. Y en un momento determinado le di paso a la escritura de fútbol, pero a través de ficciones que hacían conocidos a clubes del ascenso que son ignotos en las grandes ligas”.

“Ahí me alejé un poquito de la literatura fontanarrosesca, que para mí ser seguidor de Fontanarrosa es como un título personal que uno tiene”, continúa el autor. “Tenía muchos cuentos sueltos, cuentos que habían quedado olvidados en libros que se agotaron hace mucho tiempo, o por problemas particulares de la editorial, más algunos nuevos. A todos los junté en esto que di en llamar Corazón futbolero y otros cuentos, de editorial Libro Fútbol, que tiene el prólogo de Ariel Scher y contratapa de un prestigioso periodista sanjuanino que se llama Federico Funes”.

El libro, según detalla Eduardo, consta de “26 cuentos inéditos y 11 textos olvidados”, y se puede conseguir por internet escribiendo a libreriaimaginaria@hotmail.com. “El dueño de la editorial con la que empecé murió en Cromañón y se perdió todo el material”, recuerda acongojado, y agrega: “Se llamaba De fútbol y barrio y tenía el prólogo de Alejandro Apo. Así que decidí, en lugar de sacar una nueva edición, elegir los cuentos que más me gustaban de ese y de otro que se llama Pasiones de pibes y ponerlos en un bonus tracks”.

Pasiones encontradas

“El día en que la partera me sacó, salió primero la camiseta, la pelota y después salí yo. Y cuando dijo «es varón», dijo «es varón hincha de Racing»”, sentencia orgulloso Quintana, para referir a su romance con la Academia de Avellaneda. Pero aclara que ese amor es compartido: “Por mi abuelo iba mucho a ver a Excursionistas, y lo empecé a seguir por todos lados. Así que puedo decir que desde que nací soy hincha de Racing, desde muy chiquito hincha de Excursio, y de más grande, a raíz de la literatura, surgió un nuevo amor futbolero, que se llama Club Sportivo Federico Picón, que es de San Juan”. Para explicar ese nuevo idilio que se le cruzó en los caminos de la vida, relata: “Me contactó un lector que es hincha de ese club y relator de fútbol, Lorenzo Palacios, me contó la historia del club, y le escribí un cuento, pero sin conocerlo. Y era como si toda la vida hubiera vivido ahí, porque cuando fui, era exactamente igual a como yo lo describí: la gente, el barrio. El pueblo se llama Pocito, en las afueras de San Juan, y encima me declararon Huésped de Honor. Yo no entendía nada. Y como muestra de gratitud, el club puso la tapa del libro en la manga de la camiseta, ¡y ascendió con esa camiseta! Todo el mundo ahí tenía la camiseta con la tapa del libro en la manga. Fue algo impensado. Después me hice hincha, socio, lo voy a ver una vez al año”.

Siempre estuvo cerca

Para hablar de sus referentes en la cancha de la literatura, Quintana no duda en tirarle la cinta de capitán a Fontanarrosa. “Mi primer referente fue Mario Benedetti, debe ser una de las mejores plumas del habla hispana y tuve la suerte de conocerlo y charlar con él. Fue como haber ido a la Iglesia y que se me haya presentado Dios”, rememora, y aclara: “También soy amante del portugués Saramago y después de los clásicos, García Márquez, Cortázar. Hasta que un día escuché Todo con afecto, el programa de Apo, y ahí me dediqué a escribir sobre fútbol”.

Pero cuando habla del creador de Inodoro Pereyra, la emoción le brota de los poros. “Al Negro tuve la suerte de conocerlo también. Le escribí una carta una vez explicándole que yo era su admirador, pero no le llegó. Después le dejé otra una vez que fui a Rosario, no en El Cairo, porque se había incendiado, sino al otro que iba, a La Sede. Y tampoco le llegó. Entonces, le escribí la carta en el libro, como un cuento. Así que fui directamente y le dije «mirá, ahora no lo vas a perder, acá está la carta dentro del libro» y el cuento se llama Me permito escribirte”.

Entre los 37 cuentos que componen su nuevo y décimo libro, hay varios dedicados al fútbol rosarino. “El primero, que se llama Composición tema: La leyenda, está dedicado al Trinche Carlovich”, señala el autor. “Es lindo porque acá en Buenos Aires es como un mito Carlovich, todo el mundo lo vio jugar cuando en realidad son contados con los dedos de las manos lo que pudieron verlo. Es como el debut de Maradona, todos los futboleros dicen que estuvieron en ese partido”.

“El otro es un homenaje al Negro, que se llama El nieto del Cabezón. Es de una historia en la provincia de Salta, con el nieto del viejo Casale (protagonista de 19 de diciembre de 1971, uno de los grandes cuentos de Fontanarrosa). Y el otro se llama La incurable enfermedad de Omar, que está dedicado a un periodista, Omar Cuello, del programa Mundo Ascenso, de La Red, fanático de la Lepra. Este es un cuento sólo para los hinchas de Newell’s”.

Además, tiene tres cuentos dedicados a clubes grandes de Buenos Aires: “El de River se llama La herencia del millonario; Una vida azul y oro, para Boca, y El abuelo Pepe de Boedo, para San Lorenzo”, apunta el escritor.”.

Antes de despedirse, Eduardo destaca: “He ido a las canchas de Central y Newell’s, estuve en el famoso partido Argentino de Rosario – Racing, donde teníamos a toda la ciudad en contra. Rosario tiene muchos grandes de la cultura: el Negro, Fito, el Che, Olmedo, Baglietto. Tengo muchos amigos y anduve por allá cuando fue la Feria del Libro y por supuesto que fui a El Cairo y me saqué una foto con el Negro que está ahí en el buzón. Rosario es como era Buenos Aires cuando yo nací, por eso me gusta tanto”.

Fuente: El Eslabón

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