Mantené los 2 metros de distanciamiento - Provincia de Santa Fe

 

“¡Ah sí, la de las aguavivas!”, es la respuesta que suele escuchar el cronista cuando cuenta que –afortunado él– viene tomándose vacaciones de verano en Monte Hermoso, una de las playas más sureñas de la provincia de Buenos Aires, allá cerca de Bahía Blanca. “¡No hay más aguavivas, hace seis o siete veranos que ya no hay más!”, es el primer dato con que responde el cronista, con la firmeza propia de quien ha chequeado esa información fehacientemente. Es que ya van cuatro veranos seguidos de relevamiento in situ, en los que cronista e hijes comprobaron con piel propia que en Monte ya no están más esos bichos que pican fuerte y empañan la inmensa belleza del mar.

Despejado el fantasma de las aguavivas, vale compartir mucha más data chequeada en el territorio mismo, como por ejemplo la de la temperatura del agua salada de esas playas: es notoriamente más calentita que la del resto de las ciudades y pueblos turísticos atlánticos argentos que el cronista e hijes han conocido. “¡No vuelvo más a cagarme de frío en Villa Gesell!”, resumió extasiado, después de su chapuzón iniciático en Monte Hermoso, un bañista también proveniente de Rosario, así despojado definitivamente de otro reparo muy extendido: que junto a esas arenas de más al sur el agua es más gélida aún que la que se sufre en cualquier Santa Teresita o Necochea. 

Es todo lo contrario: las olitas del altamar que uno va a buscar no te reciben con un electroshock de congelamiento sino que te refrescan tibiamente, te invitan a quedarte un ratito más o, en todo caso, a volver pronto si te llaman desde la orilla a tomar un porrón o jugar el picadito de rigor contra los de las sombrillas de al lado, que son otros de los placeres que deben garantizar unas vacaciones por lo menos dignas.

Y hay más información para este boletín: en la localidad a la que se accede desde la Ruta Nacional 3, tal como lo dice uno de los slogan publicitarios de la gente del lugar, la algarada balnearia se vive “de sol a sol”. 

Y a ver… Porque la síntesis a la que obliga una consigna puede tapar un bosque y un Monte Hermoso también… Es “de sol a sol” porque desde la misma playa se puede ver sobre el horizontemar no solo el amanecer sino también el atardecer. O sea, por estar ubicada casi en la vagina de esa panza embarazada que traza el territorio bonaerense sobre el Mar Argentino, es como que Monte fuera una playa sobre el Atlántico y el Pacífico a la vez. Así, para disfrutar esos pictohistóricos instantes en que Febo se deja mirar fijo y se muestra bien redondo y naranja recostado sobre el agua infinita, no hace falta extender por demás la sobrecena o someterse a un madrugón fuera de época. Cada día despejado, tipo siete y media de la tarde, miles de veraneantes dejan de jugar al tejo, comer churros o regodearse con bellos cuerpos bronceados y se empiezan a acomodar en sus reposeras, o sobre la arena misma, para poner los ojos y todos los sentidos solamente en el atardecer sobre el mar, ese momento tan simple y cotidiano y tan mágico y único a la vez, sobre todo para quienes viven en las junglas de cemento.

Otro buen lugar para ver esos majestuosos atardeceres es alguna mesa de Guardalavaca, uno de los típicos paradores de playa que ofrece aristas tal vez no tan típicas, como la de contar entre sus elementos de “decoración” con un sí también típico bombo peronista. Sí sí, un bombo bien Tula, con escudo del PJ y la firma “Juventud Peronista Monte Hermoso” impresos en uno de sus parches. “Monte Hermoso, ciudad Peronista”, se lee además en los tickets que expende el comercio, capitaneado por el Pelado De Marchi, hombre bastante alto y muy buenazo pese a haber sido árbitro de básquet en la cercana y ManuGinobilera Bahía Blanca. 

La presencia del bombo en un lugar en el que suele haber una TV propalando TN y semejante inscripción en los habitualmente despojados comprobantes de pago tuvieron su repercusión mediática hace un par de años, y por supuesto provocaron algún perturbamiento manifestado vía redes en un par de esos señores supuestamente democráticos que también se pueden encontrar en la zona, a los que no les molestan otras reivindicaciones de adhesión identitaria pero no pueden digerir las de los y las peronistas como el Pelado. O como Matías Cappeletti, alias el Chimenea, que comanda el chiringuito de licuados, birras y caipirinhas emplazado a pocos metros al oeste de Guardalavaca, tuneado con imágenes del Diego ahora eterno, igual que Evita y Perón, que también se reivindican en otros ámbitos de Monte, como el recientemente inaugurado Ay Caramba, establecimiento donde se fabrican y expenden cerveza artesanal y la misma buena onda que en el parador del Pelado y el chiringuito del Chime.

Del Chime hay que decir además que no es de Bahía, pero si de otra ciudad cercana a Monte Hermoso, Pigüé, posta tan obligada como disfrutada por este cronista de Rosario e hijes. Porque fue desde Pigüé que allá por fines de 2017 les llegó la primera invitación a echarse unos días de en “la playa de las aguavivas” donde ya no hay aguavivas, el agua es calentita, se ve el atardecer sobre el mar y, como si todo esto fuera poco, se puede disfrutar con soltura la felicidad de ser peronista y estar de vacaciones en familia, que es para eso que uno se pasa todo el año laburando.

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