Oscar Ramírez, guardaparque de San Nicolás

 

Oscar Ramírez tiene 69 años, lleva casi 47 oficiando de guardaparque voluntario en el Parque Rafael de Aguiar de San Nicolás, un área natural protegida de más de 1.500 hectáreas sobre el espinal, pampa, y delta e islas del Paraná; y una y otra vez violentada con proyectos que avanzan sobre el humedal y los bosques. Oscar eligió la docencia como forma de cuidar, de militar por el ambiente, por eso amorosamente dice: “La reserva es mi patio, mi casa, mi pizarrón”.

“Me crié en las islas frente a Ramallo, soy nativo de Ramallo”, recuerda Oscar para contar cómo se fue formando en lo suyo. Siempre hizo todo tipo de cursos vinculados con la problemática ambientales del lugar, pagados de su bolsillo. En 2010 fue becado por Parques Nacionales y Aves Argentinas para estudiar en la Escuela Argentina de Naturalistas (2010/2011). Esa formación le permitió organizar charlas, visitas guiadas y también vivir de esa tarea.

Desde 1974 oficia de guardaparque voluntario en la reserva nicoleña, que se recuesta sobre el arroyo Yaguarón, un brazo del Paraná en el que desemboca el Arroyo del Medio, límite natural entre las provincias de Santa Fe y Buenos Aires. Así de unida son la historia y la geografía regional. A fines de los 80 se cansó un poco de trabajar con los gobiernos de turno, y decidió volcar todo el esfuerzo en la comunidad y “a través de la docencia”.

Oscar Ramírez
Desde su tarea de guardaparque, Oscar hace también un trabajo educador sobre el ambiente.

Oscar vive a 50 metros de la reserva, en la zona norte, a unos 8 km del casco céntrico de la ciudad. “Es como mi patio, es como mi casa, es mi cable a tierra, pero principalmente este espacio es mi pizarrón”, define su lugar de vida. Y diferencia entre dar clases en un salón de clases de la riqueza que representa invitar a las y los docentes, con su grupo de estudiantes, a aprender en el parque.

Entiende su tarea de guardaparque y educador como una sola, integrada, igual que su relación con el ambiente. Por eso su casa siempre fue como un lugar de encuentro también para preparar carteles, germinar los árboles, hacer reuniones de ambientalistas.

“Siempre me he vinculado desde la docencia en su puesta en valor. Siempre participé desde ese lugar de toda la gestión de la reserva, y siempre tuve una estrecha relación con la población y los funcionarios, porque siempre es más fácil llevarse bien que pelear. Pero es una lucha de muchos años, y por lo general los funcionarios no la entienden”, repasa su trabajo cotidiano.

En ese recorrido destaca la aprobación en 2010 del Plan de Manejo del Parque, sobre todo porque luego de su aprobación se incorporan al área protegida de la reserva la zona de barrancas, que “es un yacimiento arqueológico y paleontológico”. La reserva es un área resguardada por una ordenanza municipal (8235) y fue definido como Parque Regional, Forestal y Botánico en 1959.

Oscar Ramírez
Oscar defiende la diversidad biológica y riqueza geológica de la reserva.

En 2020, Oscar se unió al trabajo de la Comunidad Nicoleña por el Ambiente (Cona): “Empezaron aquí por un reclamo puntual por los incendios, hicieron una marcha y yo me integré porque están comprometidos con lo que hacen”.

Son casi 50 años de trabajo en la reserva. Un tiempo más que valioso para hablar con autoridad sobre lo que pasa en este parque. “Siempre trabajamos para que esta sea una reserva natural, para frenar los proyectos inconsultos”, que cada tanto reaparecen. “El lugar está muy dañado por la falta de controles”, asegura Oscar, y además de esas “iniciativas” de infraestructura incluye a los cazadores furtivos y a los ganaderos que provocan los incendios.

Es inevitable que la charla con Redacción Rosario se traslade a lo que vive Rosario y los incendios en las islas. Aquí Oscar hace un paréntesis para destacar el bosque de chañares que subsiste frente a la costanera de la ciudad. “A pesar de que la mega ciudad ha destruido todo, quiere decir que aún el chañar está ahí”, valora.

En San Nicolás el panorama con las quemas en las islas no fue muy diferente, contabilizaron –apunta Oscar- más de 50 incendios durante la pandemia (2020). “Aunque yo he apagado incendios durante toda mi vida”, marca en la conversación.

La destrucción sistemática del área natural y su diversidad biológica no pasa inadvertida. “En el casco céntrico, en verano, siempre tienen 10 grados más de temperatura que en la reserva. Esto lo saben”, pone como ejemplo de esas consecuencias. Y refiere entonces a los actuales planes de “hacer una costanera de 6 o 7 kilómetros en un área natural protegida por ley municipal, amparada por ley provincial y protegida por la ley del bosque de la Nación”.

Protesta y represión

A principios de noviembre pasado, un grupo de jóvenes ambientalistas que participa en la Comunidad Nicoleña por el Ambiente (Cona) decidió acampar en forma permanente en el ingreso a la reserva para evitar que la Municipalidad de San Nicolás avance sobre el humedal. Con la excusa de reparar un camino que se llevó la bajante del Paraná, la comuna está rellenando lagunas de la reserva con toscas y todo tipo de basura.

Y a pesar de no contar con los estudios de suelo correspondientes, y que los trabajos fueron suspendidos varias veces por la Justicia, las intenciones del municipio local –a cargo de Manuel Passaglia (Juntos por el Cambio)- no cesan. Todo indica que la meta final es avanzar con obras públicas y privadas que atentan contra el área natural.

También desde noviembre Cona lleva adelante varias acciones para denunciar lo que está pasando, básicamente lo hacen con recolección de firmas entre quienes pasean o transitan en el lugar, campañas de difusión, actividades y talleres de educación ambiental.

Paralelamente realizan pedidos de informes, denuncias y presentaciones legales siempre a favor del cuidado de la reserva. Y siempre de manera pacífica.

Sin embargo, el martes 26 de enero recibieron una brutal represión de la policía local y de la bonaerense, cuando decidieron realizar una sentada para impedir el paso de los camiones que pretendían continuar con las tareas, sin mostrar el permiso para hacerlo. Lo que derivó de ese otro hecho de violencia institucional fueron personas insultadas, golpeadas y once detenidas. El viernes 29 en una conferencia de prensa denunciaron detalladamente lo ocurrido y lo compararon con las prácticas propias de la dictadura.

Protesta ambiental CONA
La sentada en defensa del área, que luego fue brutalmente reprimida.

“Vinieron, me arrastraron, me clavaron rodillas en la espalda, me retorcían los brazos y yo veía cómo los policías varones les pegaban a las mujeres. Cómo golpeaban a mis compañeras. Les pedí que por favor le levanten los pantalones que le habían bajado (a una compañera). Son cosas que pensé que habían quedado atrás, pero todavía están pasando y evidentemente como comunidad no hemos crecido”, se lo escuchó compartir su testimonio a Oscar Ramírez, profundamente conmovido por la impotencia y el dolor, en esa conferencia.

La solidaridad no tardó en llegar. Continúan con las denuncias ante la Justicia por lo ocurrido y para este martes 2, a las 9, convocan a una marcha contra la violencia institucional. Es desde la Municipalidad (Pellegrini y Rivadavia) hasta la Fiscalía (Colón 86).

Un maestro del humedal

Oscar Ramírez
«Defender los humedales es integrarnos a la defensa del mundo», expresa Oscar.

La charla con Oscar fue este domingo por la tarde, a poco de conmemorarse –este martes 2 de febrero- el Día Mundial de los Humedales. Se terminaba de despertar de una siesta reparadora. Después de los golpes que recibió de la policía, admite que los dolores no lo dejan dormir bien. “Pero esto no me quiebra”, expresa como un buen maestro.

¿Cómo ejerce su tarea docente en el parque?

Siempre la hice yendo a las escuelas, y después las escuelas venían a la reserva, las desafiaba a venir. Entonces elaboraban trabajos con pautas que les ponían los docentes o yo les proponía. La gran mayoría lo hacía. Los chicos las compartían en un diario escolar, por ejemplo, o en otros trabajos. Apenas arrancamos (con la tarea docente) nos dimos cuenta que si los chicos tenían que hacer un trabajo ambiental hablaban de los problemas del tráfico del marfil o de los colmillos de los elefantes de Africa. Fue cambiarles la cabeza, para que supieran que si se integraban, si conocían y defendían lo de acá era una manera de integrarse al planeta. Esa fue mi postura siempre. Una invitación a que presentaran trabajos sobre la caza furtiva, los incendios, la deforestación de los ganaderos en la reserva, del exceso de pesca, de las mallas que eran cada vez más chicas. Siempre enfocando y fortaleciendo la mirada en las problemáticas cercanas.

¿Por qué defender hoy los humedales? ¿Qué mensaje dejaría en este aniversario como educador?

Defender los humedales es integrarnos a la defensa del mundo. El mensaje entonces es fortalecernos a través de un compromiso cierto, porque esto es responsabilidad de todos. Y falta ese compromiso. A veces la gente dice: “Defendé vos que sos quilombero”. A lo que respondo: “No, yo no soy quilombero. Vos sos padre de familia y tenés que respaldarme en esto”. Es un compromiso de todos defender el ambiente, el humedal. Tenemos que ser responsables con la basura y en todos los aspectos. Es responsabilidad civil, de eso dependen nuestras generaciones futuras.

Si no nos vamos a quedar sin nada…

O a lo mejor no y es una arrogancia nuestra, porque el planeta se va a defender solo. Por ahí es una arrogancia de nuestra mal llamada civilización. Yo creo que el planeta tiene una patogénesis como para defenderse del daño que nosotros le hacemos, y él se va a volver a recuperar sin nosotros, alguna vez.

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