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Hace 10 años, cuando la masacre contra los militantes Jere, Mono y Patom seguía en el aire de ese barrio de la zona sur, vecinos y vecinas crearon –mientras insistían en el reclamo de justicia– un espacio dedicado a las y los más chicos.

En las primeras horas del año 2012, en la canchita de fútbol de la Agrupación Infantil Oroño, Jeremías Trasante, Claudio Suárez y Adrián Rodríguez, más conocidos como Jere, Mono y Patom, fueron acribillados por la banda que lideraba Sergio Quemado Rodríguez. En ese mismo espacio, marcado otrora por el horror y el dolor, hoy cientos de chicos y chicas le dan vida a una colonia de verano, que este viernes celebró sus 10 años.

Rosana Coronel, coordinadora de ese espacio que lleva adelante el Movimiento Territorios Saludables (MTS), y Jéssica Venturi, integrante, repasaron en diálogo con Redacción Rosario, el inicio de esta iniciativa surgida a los pocos meses del episodio que marcó a todo Villa Moreno, un lugar que suele frecuentar más las páginas policiales, en detrimento de espacios como éstos.

“Esto nació por una necesidad del barrio porque no había espacios para contener a las y los niños”, dice Rosana. “Desde enero, cuando fue lo del Triple Crimen, emprendimos una lucha que hizo que todos los meses estuviéramos preparando y desarrollando actividades, y siempre estábamos rodeados de niños y niñas. Y nos parecía tremendo que esas infancias estuvieran pintando murales, banderas, y que no tengan otros espacios que le permitieran jugar, en el que simplemente puedan ser lo que eran: niños y niñas”, aporta Jéssica.

Y así fue que “esa lucha y ese trabajo con las y los vecinos a la vez nos generó otras responsabilidades en el mismo territorio, en ver cómo transformábamos la bronca y el dolor en otras emergencias del barrio, donde había un montón de otras necesidades. Así que en ese momento se pensó en buscar algo para las infancias, y después vino el laburo con las juventudes”, según señala Venturi.

La coordinadora de la colonia recuerda que al principio “eran 20 o 30 chicos, pero año a año fue creciendo, fuimos rompiendo esas barreras que había por diferencia de los padres. Hoy tenemos 180 chicos y cerramos los cupos porque son muchos. La mayoría somos del barrio y no damos a basto”.

Coronel aclara que si bien “la colonia es sólo en verano, al vivir en el barrio, el contacto con los chicos y sus familias es todo el año, ante cualquier problema que surja o necesidades, hacemos nexo con las instituciones que sean necesarias”. Y da más detalles, respecto a las actividades que se realizan en el club Agrupación Infantil Oroño. “Se hacen en el club de fútbol infantil. Arreglamos con el Distrito Sur, así vamos una vez a la semana a las piletas municipales. Este año fue particular por el coronavirus, así que fuimos menos”.

Jéssica, aporta que además de las disciplinas deportivas y recreativas, “laburamos mucho la cuestión de lo vincular, de recuperar la palabra como modo de resolución y de expresión de diferentes sentires”. Y ejemplifica: “Hoy los chicos conocen las normas que hemos construido colectivamente, no hay violencia entre ellos en esos espacios, más allá de algún que otro enojo, que se laburan también. Con el tiempo se fue logrando eso”.

Un viernes de 10

La colonia de Villa Moreno del verano 2021 llegó a su fin, y este viernes lo celebraron como ocurre en cada final de ciclo, aunque –lamentaron– sin el habitual campamento. La despedida fue en la canchita de Pte. Quintana 1853, donde el MTS tiene su Central de Cuidados Colectivos. “Le mostramos a los padres lo que los chicos vivieron, con fotos y videos. Siempre terminamos con un campamento, pero este año no pudimos, por la pandemia”, le cuenta Rosana a este medio. 

“Otra cosa para destacar –se suma Jéssica– es que este año las juventudes estuvieron coordinando la colonia, eso es muy importante, es hermoso, estamos orgullosas y nos emociona, porque son jóvenes que podrían estar haciendo otras cosas y eligen apostar al laburo con las infancias, y además muchos de ellos son egresados de la colonia. Ellos se cruzan todo el tiempo con esos chicos y se transforman en una referencia para esas infancias. Eso nos muestra que es el camino”.

Dylan, de 17 años, es uno de esos casos. “En 2012 arrancó todo para mí, cuando empecé a acompañar a mi mamá y a mi tía a algo que no sabíamos que hoy sería un espacio hermoso. Año tras año empezó a crecer y a hacer que todos los que vivimos en el mismo barrio, empecemos a ser amigos, a conocernos más de cerca, a generar vínculos entre medio de juegos y actividades, a compartir meriendas y tardes que fueron especiales. Y yo hoy con 17 años ya ser un coordinador, me llena de orgullo, al ver que con tan poco podemos hacer mucho, y siempre pensando en los niños, porque yo fui uno; desde el territorio para el territorio”. 

Sin (Centro de) Acceso a la Justicia

En 2016, ya con el macrismo en la Rosada, el barrio sufrió otro duro golpe respecto a derechos: el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación le bajó la persiana al Centro de Acceso a la Justicia (CAJ) del barrio. “Eso fue terrible para nosotros, y desde ahí buscamos formarnos más para tener las herramientas para usar en distintas situaciones”. 

“Buscamos que el Estado reconozca este trabajo. Hay un montón de espacios muy buenos, el problema es que el Estado no los reconoce y no los fortalece, porque realmente se podrían hacer más iniciativas. Hoy, quienes tenemos otra mirada a lo que puede ser la vida a lo que planten las estructuras delictivas, somos las organizaciones sociales”.

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