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En el noroeste de la ciudad hay un espacio que invita a practicar deportes, a disfrutar de las frescas aguas de su pileta olímpica, y a bailar en febrero: el club Residentes Parquefield. 

 

El barrio Parque Field comenzó a erigirse en 1961, bajo la presidencia de Arturo Frondizi y gracias a los créditos otorgados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). La concesión cayó en manos de la empresa constructora yanqui Field, a través de su filial argentina, y se basó en los diseños de estilo californiano, tanto para las viviendas como para el trazado de calles, pasajes peatonales, iluminación, parquización y servicios. Allí, en el corazón de ese populoso caserío del noroeste de la ciudad, y por iniciativa de un grupo de vecinos, cuyos hijos se juntaban a correr detrás de una pelota de fútbol en unos terrenos baldíos ubicados en Del Blanqui al 2100, el 12 de agosto de 1968 se fundó el club Residentes Parquefield.

Foto: Manuel Costa

En el nombre del barrio

Ese fue el puntapié inicial de esta entidad que hoy goza de dos canchas –que se usan para fútbol, básquet y patín–, una enorme pileta de natación, un espacio para judo y otras disciplinas, bufet, un salón para eventos y quinchos con parrilleros. “Esto era todo campo, y cuando los padres veían que los chicos se juntaban acá, pusieron dos arcos y de esa manera arrancó todo”, dice Marco Ettorre, vocal de la actual Comisión Directiva. Después llegó la hora de construir el bufet y las demás instalaciones. “Y todo financiado entre los mismos socios”, según resalta la presidenta Lorena Vitiello, quien se suma a la charla que se desarrolla al borde de la coqueta piscina. Marco, viendo la fascinación de estos cronistas por las cristalinas aguas, apunta orgulloso que “la pileta está hace 50 años y fue una de las primeras de la zona. Se juntó un grupo de vecinos y se pagó con un bono contribución”.

“El club lleva el nombre del barrio”, acota Lorena, y sobre los colores que lo identifican, revela: “Es porque cuando se hizo el barrio, todas las casas tenían un árbol con flores verdes y amarillas”.

El también referente de la Subcomisión de Futsal, remarca que todo ese tipo de avances en el club que linda con el Barrio Rucci –separado por la Avenida Kennedy al Norte y la Avenida de Circunvalación al oeste– fue “a iniciativa de la gente del barrio y eso lamentablemente se perdió un poco, porque se desligó del club y recién ahora se está metiendo de nuevo”.

Foto: Manuel Costa

“Además tenemos un anexo del club que está por el Camino de los Granaderos”, agrega y recuerda que allí “hace unos años funcionó fuerte una escuela de fútbol que estamos intentando reactivarla. Son terrenos cedidos por la Municipalidad y queremos trabajar para no tener que renovar la cesión al término de cada década”.

Si bien el futsal es la pata más fuerte de la entidad, también cuenta con patín, básquet, gimnasia deportiva, artes marciales y boxeo.

Presidenta… ta…ta

Lorena nació y se crió en el vecino barrio Rucci, pero hace 17 años que camina el club. “Estuve en 5 comisiones”, aclara sobre su trayectoria dirigencial. “En todas las que estuve, estaba de vocal a lo sumo, nunca tesorera o alguna posición más decisiva”, señala quien en esta gestión recibió el título de ser la primera mujer en el cargo mayor en la historia de la entidad. “Cuando se retiraba la comisión anterior, con los chicos que jugaban al futsal nos pusimos a charlar sobre la continuidad y pasó algo histórico, porque nunca hubo dos listas que se sometan a votación. Siempre se iba una y agarraba otra. Fue la primera vez que el socio tuvo que venir a votar”, destaca.

Lore tuvo que gestionar en medio de la pandemia, y su objetivo fue y es recuperar asociados perdidos tras el freno por el coronavirus. “Recuperamos un montón de socios cuando se volvieron a habilitar los deportes. En una semana hicimos 80 socios nuevos. Eso nos re sirve, porque vienen por un deporte pero ven el club, les encanta y se hacen socios. Además, los padres estuvieron varios meses con los chicos encerrados, así que ni bien se habilitaron las disciplinas, se asociaron. Ahora tenemos unos 600 socios activos”, señala.

Producto de la pandemia “sólo tuvimos un 25 por ciento de los socios que siguió pagando la cuota, implementamos el pago online, así que también nos tuvimos que modernizar un poco con ese sistema”, cuenta Marco, y pone en número las dificultades: “Las tarifas eran impresionantes y todavía las tenemos en plan de pago. Nos llegaban 80 lucas de gas, una locura”.

Foto: Manuel Costa

¡Qué fantástica esta fiesta!

En Residentes Parquefield no sólo hay chapuzones y pelotazos. También hay lugar para la música, el baile y la joda, en Carnaval y en Primavera. “La idea de las fiestas la arrancamos los de futsal, con el objetivo de juntar plata para el deporte”, aporta Mauro Lamagni, integrante de la Subcomisión de Fútbol de Salón. “Como la idea estaba buena –sigue relatando– cuando fuimos Comisión lo implementamos para el club en general, porque a la gente le gustaba mucho y era algo que esperaban. Y quedaron fijos”.

Tal era la diversión que en su última edición, los más jóvenes decidieron hacer caso omiso de su finalización, para seguir de fiesta. “Nunca nos puteó tanto como esa vez”, dice entre risas Ettorre sobre la presidenta, quien da su versión de los hechos: “Es que para organizar eso nos lleva un mes entero de laburo. Ellos son jóvenes y yo soy más grande, el cuerpo ya no me daba más pero ellos querían seguir. Así que agarré el bolso, les apagué la luz y me fui. Tenía a mi nene dormido en un banco. Así que les corté la térmica y quedaron a oscuras”.

Pero el Covid-19 le puso fin –temporalmente, como a tantas otras actividades– a ese tipo de fiestas. Y los directivos lo lamentan. “Nos veníamos financiando bien con esos eventos, porque es una fuente de ingresos importantes menos”, apunta Lamagni.

Pero como para un club no hay nada mejor que otro club, desde la entidad Verdeamarela que integra la Red de Clubes, destacan la colaboración de sus buenos vecinos ante la malaria que trajo el coronavirus: “Nos propusimos también laburar con todos los clubes de la zona, estamos en contacto permanente con 1º de Mayo, Amistad y Progreso, que están cerca nuestro, con la vecinal del barrio, la escuela, por si necesitan una mano”.

 

Fuente: El Eslabón

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