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En el oeste rosarino está el agite, con mujeres que dos días a la semana producen y venden productos de panificación, y que apuntan a formar una cooperativa. Piden donaciones para sumar herramientas de trabajo, que van comprando con lo que les queda de las ventas.

Griselda Sánchez vive en barrio Bonano y todos los martes y jueves abre las puertas de su casa para que un grupo de pibas, palos de amasar en mano, fabriquen pan y sus derivados. Andrea Saravia tiene la misma actitud en su vivienda, los mismos días y con iguales objetivos, pero en Villa Banana.

Y ambas mujeres conducen los hornos y las cocinas en sus respectivas barriadas bajo la misma camiseta: la de Nuevo Balón Sur, una asociación civil de fuerte presencia en barriadas populares de la ciudad, que en 2017 recibió la personería, pero que labura así desde 1991.

El espacio de panificación ubicado en Lima al 2700 lleva el simpático nombre de BVB Producciones, que Andrea, su referente, explica entre risas: “Bella Villa Banana, porque estamos en el límite de Bella Vista y Villa Banana”. El lugar de Garzón 4116 se denomina simplemente Panificación Bonano, aunque aún no es definitivo, está en construcción. “Todavía no definimos un nombre más lindo, lo estamos buscando”, aclara Griselda, también entre risas.

Al pan pan

“Estamos en barrio Bonano, con un espacio de panificación al que vamos dos veces a la semana. En agosto del año pasado arrancamos con esto, yo puse mi casa y tenemos 14 chicas a cargo, la mayoría de 18 a 24. Muchas estudian, algunas ingresaron a la facu”. Así presenta a las suyas Griselda Sánchez, que se mudó a ese barrio en el marco de la urbanización de Banana.

Más reciente es lo de BVB Producciones. “Arrancamos hace un mes y medio. Somos alrededor de 20 chicas, que nos autofinanciamos, para así comprar el horno y otros elementos básicos. Todo eso lo compramos con la plata de las ventas de nuestra producción. Cada chica vendía por su lado”, cuenta Andrea Saravia, que repasa la carta de productos de la casa: “Hacemos pan, facturas, bizcochos, bizcochuelos, prepizzas”.

En Panificación Bonano “hacemos de todo un poco –comenta su responsable– tanto dulce como salado: para participar de la feria hacemos pizzas, pizzetas, hicimos rosca de pascua, pastelería también hacemos. Pastafrola, torta tofi, la Municipalidad nos puso un profesor, que si bien nosotras ya sabemos un poco, esto nos permite tener más conocimientos”. Pero Sánchez aclara: “Nuestro espacio no sólo es para la producción, sino también el de  acompañamiento para las chicas, en la vida, en la escuela. Tratamos de estar ahí, de acompañar. Son chicas de bajos recursos que siempre tratan de salir adelante”. 

En Villa Banana tampoco todo es harina y agua, según resalta Saravia: “Son todas chicas del barrio que están cobrando el Santa Fe Más, y como tienen que hacer una contraprestación, hacemos esto en mi casa. Ahí tenemos un espacio amplio y trabajamos acá. Son chicas humildes, la mayoría son madres solteras, que ponen todo para salir adelante. Esto es como una salida laboral porque ellas están aprendiendo y el día de mañana les va a servir para trabajar”.

Además, sostiene que el equipo apunta a una mejor organización de cara a lo que viene: “El día de mañana tenemos pensado hacer una cooperativa, porque empezamos esto de cero y vamos re bien. Estamos todos los martes y jueves. Se vendía en el barrio, con el boca a boca. Intentamos en una feria, pero sin éxito. Pero acá en el barrio nos fue re bien”.

“La Municipalidad –aporta Griselda– nos ayuda con algunos recursos con la producción, tenemos un lugar en las ferias para vender lo que hacemos, y la Provincia nos ayuda a través del Santa Fe Más, ya que ahora tenemos capacitadoras y acompañantes, y a las chicas les viene bien porque muchas están solas, la pelean en el día a día, y no cuentan con un sueldo de papá, mamá o marido, y con lo que sacamos en una feria capaz les alcanza para hacer fotocopias en la facultad o cosas así”. Y sigue: “En la feria vendemos una vez al mes, y como hacemos dos veces por semana de producción: el martes nos vamos organizando, nos van encargado y ahí recibimos y cerramos pedidos. Y el jueves cocinamos y repartimos”.

Donaciones. “Estamos necesitando sillas, mesas y cualquier elemento que nos sirva para la cocina, porque esto lo arrancamos sin nada, de cero y es todo a pulmón”, dice Andrea Saravia, que deja su número por si alguien quiere dar una mano: 155117663. Misma campaña iniciaron las del Bonano, por lo que Griselda Sánchez también deja su contacto: 153634932.

Que 20 años es un montón

“Balón Sur surge en 1991 y en 2017 nos sale la personería como Nuevo Balón Sur”, se presenta Daniel Chaile, presidente de la asociación civil, en diálogo con Redacción Rosario. “Tenemos trabajo territorial en Rosario y esto de empezar a plantar semillitas en diferentes territorios. Entendemos que las problemáticas en los barrios son por falta de oportunidades, falta de trabajo, inseguridad, y con esto tratamos de contener a las y los jóvenes y acompañarlos en esto de generar herramientas productivas, para que tengan una visión individual y colectiva. Darles herramientas para salir adelante influye en lo colectivo”, agrega.

A la charla con este medio se suma también Iván Moreyra, otro de los referentes del espacio, que lleva militando en los barrios un poco más de la mitad de su vida. “El oeste viene golpeado últimamente, y estas pibas son el ejemplo de que una sociedad diferente y barrio diferente es posible”, afirma el joven de 31 años, que destaca el trabajo que vienen realizando en ambos barrios (más el Godoy) junto con el Servicio Público de la Vivienda, con la Secretaría de Desarrollo Humano y Hábitat, y a nivel provincial con el Santa Fe Más.

“Las pibas –sigue–, en tiempos de pandemia, en tiempos de crisis, nunca han bajado los brazos. Esto se trata de generar autonomía, la idea es que las jóvenes en un futuro cercano se organicen en cooperativa. Acá hay todo un proceso de articulación con las familias, porque mientras las pibas van a los cursos le dejan sus hijos a madres o hermanas. Por eso vemos la importancia de abrir jardines maternales para que en horarios de trabajo, estudios o capacitación puedan dejar a sus hijos en lugares seguros”.

Por último, Moreyra se refiere a las distintas problemáticas que atraviesa la zona oeste de la ciudad: “La violencia es otro de los problemas que hay en el oeste, así y todo nosotros tratamos de convertir el dolor y la angustia en trabajo colectivo, cooperativo. El feminismo en el territorio se labura así, en el día a día. Nosotros tenemos que desnaturalizar la violencia diaria, y eso se combate con organización. Además, acá hay un problema estructural de la pobreza y también se lo combate así”.

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