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A la par de la segunda ola de Covid, creció la difusión de noticias falsas. “Se basan en el miedo y circulan diez veces más rápido que una noticia verdadera”, observó el becario del Conicet, Leonardo Gualano.

La información, honesta y confiable, es un derecho. La desinformación, por el contrario, es peligrosa y contagiosa, y hay que generar anticuerpos y estar prevenidxs. Con la crítica segunda ola de Covid 19 golpeando en la Argentina y la región, hubo una suerte de rebrote de noticias falsas (fake news, en inglés) y teorías conspirativas alrededor del coronavirus y, en especial, la campaña de vacunación, que se entremezclan con otra campaña, la electoral. Todes podemos ser víctimas de contenido pseudoperiodístico difundido a través de portales de noticias, prensa escrita, radio, televisión y redes sociales, y replicarlo sin examinar lo que compartimos.  

Un grupo de científicas y científicos ideó hace un año el proyecto autogestivo Ciencia Anti Fake News, poco después del comienzo de la pandemia, con el objetivo de chequear científicamente y desmentir información falsa relacionada al Covid. Este trabajo de “desintegrar mitos” es avalado por el Conicet y contribuye al contenido de la plataforma Confiar, de la agencia oficial de noticias Télam, donde además de contabilizar la evolución de los casos de coronavirus en la Argentina y en el mundo, se realiza un seguimiento de noticias sobre el tema y se ayuda a detectar fake news.

Leonardo Gualano es ingeniero en agrobiotecnología y becario doctoral del Conicet. Integra el espacio Ciencia Anti Fake News, donde trabaja en el equipo de prensa y se encarga de la búsqueda bibliográfica para comprobar si una noticia sobre el coronavirus es verdadera o falsa. “Desde que estalló la pandemia llevamos contabilizadas más de 200 fake news”, calculó.

Cultura de la posverdad

La confusión malintencionada y la tergiversación informativa volvieron a ponerse de manifiesto en los últimos días cuando la tapa de Clarín del lunes 12 de abril (el diario del lunes) y periodistas abiertamente enfrentados al gobierno nacional instalaron la duda y la mentira sincronizada sobre la supuesta baja efectividad protectora de la vacuna de origen chino, como ya lo habían hecho con la Sputnik fabricada en Rusia. Desde China, primero, acusaron a la prensa de mala interpretación. Después salieron a desmentir la información varixs funcionarixs locales, pero el daño ya estaba hecho: sembrar desconfianza hacia la vacuna oriental.

Argentina compró y aplica la vacuna de Sinopharm, que tiene mayor eficacia que Sinovac, la otra vacuna china a la que se hizo referencia en la nota periodística de Clarín, donde, de paso, también se defendió a las vacunas occidentales de Pfizer y Moderna. Luego hubo comentarios que siguieron replicando la noticia falsa inicial, con el claro objetivo de esparcir escepticismo hacia la campaña de inmunización en desarrollo. “Algunos medios tienen estrategias políticas a partir de fake news, que, en este caso, tienen impacto directo en la salud pública”, advirtió Gualano.         

—¿De qué se trata Ciencia Anti Fake News?

—El proyecto nace desde el inicio de la cuarentena a partir de un grupo de científicas y científicos con la inquietud de detectar las noticias falsas que circulaban. Es un voluntariado donde combatimos la infodemia, la sobreabundancia de información. Lo hacemos desde una mirada interdisciplinaria, ya que venimos de las ciencias naturales y de las ciencias sociales. Desde esta mirada interdisciplinaria nos podemos acercar a la sociedad. Disponemos de múltiples comisiones de trabajo. Hacemos un seguimiento de las distintas etapas por donde van pasando las fake news, hasta que llegan a publicarse en redes sociales, donde la información es muy usada. Las averiguaciones y la traducción bibliografía a un lenguaje coloquial, además de nuestras redes, se suben a la plataforma Confiar de Télam.

—¿Cómo identifican una fake news?

—Primero distinguimos: si uno traduce literalmente fake news piensa que es una información falsa, pero nosotros ampliamos el concepto a desinformación. Puede ser una información tergiversada, o malinterpretada, como por ejemplo la confusión sobre la vacuna china instalada por algunos medios, o directamente información falsa. En cualquier caso es nuestro blanco de acción. Tienen similares características: se basan en el miedo, son alarmistas, no citan fuentes. Cualquier persona debe preguntarse antes de compartir una información si puede ser verdadera o falsa a partir de estos patrones en común.

—¿Con qué fines se utiliza una noticia falsa y cómo impacta en el plano político, socioeconómico y en la estrategia de combate al virus?

—Muchas veces lo que más termina ahondando en el imaginario colectivo proviene de malas intenciones, que van en sentido de desprestigio del adversario político, como se ve en la manipulación de la opinión pública que hacen algunos medios de comunicación. Los medios de comunicación son muy buenos, pero algunos, sobre todo los más influyentes, tienen estrategias políticas de manipulación con impacto directo, en este caso, en la salud pública. Hay otro tipo de fake news, que son errores involuntarios o malas interpretaciones o exageraciones. El reciente ejemplo de la vacuna china tiene los dos componentes: por un lado el objetivo de desprestigiar la campaña de vacunación del Gobierno y, por otro, hay mucha gente que a partir de esta fake news se siente alarmada y comparte información falsa que cree cierta. 

—Como el viejo dilema del huevo o la gallina, ¿hay primero noticias falsas que formatean audiencias o hay audiencias predispuestas a consumir noticias falsas?

—Se da de manera simultánea. Se basa en el sesgo de confirmación, que es algo muy humano, muy típico nuestro. Esperamos escuchar lo que queremos escuchar. En ciencia tratamos de eliminar esto, pero es entendible que a cualquier persona se les escape, y esté escuchando o leyendo algo que ya previamente sabía o creía. Por un lado tenés el sesgo de confirmación de personas que van y buscan información falsa en lugares o medios que saben que les van a proveer ese tipo de información. Por otro lado, hay fake news dirigidas a públicos determinados. Esto es muy típico de nuestros tiempos, a partir del big data y el saber sobre gustos y necesidades de determinado público. Hay fake news que se apuntan a determinados círculos de población que se sabe van a consumir esa información.

—Junto a la segunda ola de coronavirus, ¿hay una segunda ola de fake news en medio de una sobrecarga informativa o hay un continuado de noticias falsas desde el estallido de la pandemia?

—Es una pregunta interesante que admite dos respuestas. A partir de la cantidad de fake news, se ve una continuidad. Con respecto a la pandemia, hubo una primera ola a mediados del año pasado y ahora estamos viviendo una segunda, mientras que en el medio de eso hubo una disminución de casos. Con el tema de la cantidad de fake news no podemos establecer ese nexo. Hubo un continuado en cuanto a cantidad de fake news. Pero, por otro lado, según el tipo de fake news, podríamos decir que sí estamos en una segunda ola. Porque las fake news que circulaban al principio de la pandemia giraban en torno de si la pandemia era real o si era una estrategia de los gobiernos para encerrarnos y controlarnos, si usar barbijo o no, había ese tipo de dudas y fake news asociadas a esas dudas. En cambio, hoy tenemos otro tipo de fake news, donde no se plantean si la pandemia existe o no, pero sí se preguntan si las vacunas son seguras, eficaces. De todas maneras siempre hay un remanente de gente que sigue creyendo que el 5G causa coronavirus, que el nuevo orden mundial quiere controlarnos por medio de la pandemia, quienes creen en remedios caseros pese a su peligrosidad, pero este tipo de fake news es como que, por así decirlo, pasó de moda. Ahora son fuertes otras fake news.

—¿Pensás que hubo una serie de episodios puntuales como, por ejemplo, el reparto geopolítico desigual de vacunas, las nuevas variantes del virus, la postergación de la segunda dosis y hasta el positivo del presidente Alberto Fernández, que dieron pie a grandes medios de comunicación a retomar cuestionamientos hacia las vacunas y hacia las medidas de restricción en pos de cuidar la salud de la población?

—Sin dudas. En este contexto de pandemia hay problemas reales que distintos actores sociales los abordan desde diferentes ángulos. Algunos medios de comunicación usan los problemas reales como palancas políticas y es lamentable que hagan circular fake news sobre la cuestión, porque esta vez es la salud pública la que está en juego, a diferencia de cuando utilizan la palanca política para desprestigiar a un candidato, sin justificar este tipo de acciones, pero que no tienen un impacto directo en la salud pública. Un claro ejemplo de esto es si, a partir de la confusión instalada en algunos medios sobre la vacuna china, una persona decide no inocularse porque la vacuna que le van a dar es de origen chino y por lo tanto habilita la duda y la desconfianza a partir de una desinformación.   

—¿Hay relación directa entre desinformación, noticias falsas sobre covid y sus consecuencias sanitarias, sociales, económicas con el aumento de contagios por coronavirus?

—Desde la evidencia científica no tenemos un claro vínculo entre la suba de casos y el aumento de fake news. Es cierto que las noticias falsas muchas veces terminan provocando en las personas hastío, cansancio, tristeza. O sea, a partir de una fake news, me relajo en las medidas sanitarias. Entonces esto puede impactar en la responsabilidad que tenemos y nos arriesgamos a contagiarnos. También existen fake news que pueden confundir en cuanto a curas o tratamientos que no están probados, como tomar algo caliente para combatir el virus, otras peligrosas como tomar dióxido de cloro o lavandina, y esto puede llevar a debilitar normas sanitarias y exponernos al contagio.

—Una vez que se instaló una fake news a la velocidad de las redes sociales pareciera que desinstalarla resulta muy cuesta arriba. Es más, la mayoría de las veces, pese a su falsedad, daría la impresión que igual queda flotando entre audiencias permeables. ¿Ustedes lo ven así? 

—Desmontar una fake news ya instalada es muy difícil. Las fake se basan en el miedo y circulan diez veces más rápido que una noticia verdadera. Más rápido y en mayor abundancia. Desmentirlas es muy complicado, sobreviven un tiempo larguísimo en el imaginario colectivo. Algunas están hechas con profesionalismo, sobre todo las malintencionadas que pueden aparecer en algunos medios de comunicación, porque traen familiaridad, como que pertenezco a algo que cree en esto mismo. Y una vez que uno se siente parte de un grupo que cree que el poder mundial nos controla a través del virus o de las vacunas, es muy difícil revertir eso porque las personas se sienten cómodas, como en un lugar de pertenencia. La noticia verdadera está en desventaja en comparación con la fake news. Ahí está nuestro trabajo de desmontar noticias falsas. Incluso, también alentamos a las personas a acercarse a la Defensoría del Público e iniciar acciones legales si el caso lo amerita.   

—El proyecto Ciencia Anti Fake News cumplió un año, ¿qué balance hacen?

—Es una tarea muy ardua, pero a la vez muy gratificante. A lo largo de este año pudimos chequear más de 200 fake news, la mayoría publicadas en la plataforma Confiar y en nuestras redes sociales, que nos permiten tener un ida y vuelta, la gente nos agradece, nos llaman para dar charlas o talleres. Es muy gratificante y es una hermosa forma de vivir la ciencia con la sociedad.

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