Mantené los 2 metros de distanciamiento - Provincia de Santa Fe

 

Se presentó un libro sobre el frigorífico Swift y los barrios obreros en torno al Saladillo, que cuenta vivencias de cuatro obreros comunistas que alcanzaron la conducción sindical, en los 60.

Paulo Menotti (Santa Teresa, Santa Fe, 1974) lanzó su libro Un faro de luces y sombras. Historias de militancia en el Swift, a través del sello Último Reino, en el que narra las vivencias de cuatro dirigentes comunistas –Pedro Covalcid, Jaskel Shapiro, Santiago Simón y Ramón Zarza–, quienes luego de décadas de militancia alcanzan la conducción del poderoso Sindicato de la Carne, entre 1961 y 1962, con la Lista Marrón. Pero también nos pinta el frigorífico Swift y los barrios obreros que se construyeron en torno a esta factoría enclavada en el Saladillo; y, como no puede ser de otra manera, la cambiante y tirante relación entre el PC y el peronismo.

A la vez, por inscribirse en la tradición de la llamada “historia oral”, el libro nos muestra la atractiva perspectiva de esos dirigentes sobre su trabajo, sus compañeras y compañeros, y la militancia; lo que resulta para muchos –en especial las generaciones más jóvenes– una valiosa oportunidad para conocer de qué se trataba eso de grandes unidades productivas, trabajo asalariado formal y con intensas luchas, en estos días de call center, pedidosya, uber y esa especie sobrevaluada llamada emprendedurismo. “Recuperar la clase obrera como objeto de estudio” es una de las premisas de Menotti.

La búsqueda del lector

Como sucede con todo libro, hay una historia narrada, pero también hay otras, entre ellas la del propio autor, al que podemos considerar como alguien que se hizo bien de abajo: trabajos en el rubro gastronómico, un tránsito en el diario El Ciudadano, de administrativo a redactor; un paso universitario breve por Odontología y un título de licenciado en Historia en Humanidades, el ejercicio de la docencia y, ahora, un doctorado que avanza en la UBA.

Así, el estilo de Menotti es genuino como sus intereses de estudio. Despliega una prosa sencilla, propia de quien ya ha hecho su camino en la prensa escrita y de quien también recoge larecogela aceptación y el afecto de sus alumnos. “Profe, siempre lo recuerdo. Gracias a usted me gusta la historia”, suele escuchar Paulo por la calle, tal como le ocurrió en pleno trabajo de campo en el Saladillo. Se sabe que, para quienes tienen un compromiso con la educación pública, frases como esas suelen ser un sobresueldo.

Quise pasar de lo académico a los lectores no académicos. No reniego de la academia; pero quiero que lo lea la gente común, que lo lean todos; porque me parece que, si nos formamos con la plata de la gente, algo tenemos que devolver”, afirma Menotti y, de esta manera, nos muestra otro de sus logros: convertir su tesis de grado en la licenciatura en Historia (Facultad de Humanidades) en un libro y, así, exponerse ya no a sus circunstanciales evaluadores y a sus colegas, sino a toda aquel que se sienta atraído por seguir conociendo por ese universo mágico que es el sur rosarino y su épica obrera.

“Dije lo voy a publicar. Me senté y reorganicé lo escrito, le incorporé material, una nueva lectura y apareció el título. Le puse Un faro de luces y sombras, porque conocí a Rubén López, un práctico de barcos, quien me contó que cuando navegan hacia el sur toman como guía la vieja chimenea del Swift; y lo usé como metáfora”.

Tampoco es un dato menor el hecho de que el distanciamiento que forzó la pandemia le dio a Paulo algo de tiempo para estudiar, leer y escribir, prácticas recomendables para tanto cabeza de termo, que por estos días se siente privado de libertad, cuando no puede exhibir –sin tapabocas– su sudada humanidad en parques y bulevares.

La historia oral

Luces y sombras o, más precisamente, la tesis de grado que le dio origen representa el encuentro y la adhesión de Menotti a la vertiente de la “historia oral”, que –según cuenta– introdujo la docente e investigadora Silvia Viano en la Facultad. Paulo asume que su texto es deudor de la obra del italiano Alessandro Portelli, así como también reconoce la influencia de Doña María, el trabajo del británico Daniel James, basado en la historia de vida de una militante peronista de Ensenada.

A través de la palabra de los protagonistas, la historia oral nos permite conocer aspectos de la vida humana de los cuales no hay registro; y de ese instrumento –entrevistas con Simón, Covalcid, Zarza, Shapiro y unas cuantas fuentes orales más– se valió Menotti para contar el Swift, sus obreros y la militancia; más allá de que lo complementó un intenso análisis de artículos periodísticos de la época.

De todos modos, confesará que tuvo sus dificultades para acceder a testigos y protagonistas de hechos ocurridos varias décadas atrás, que dejaron no pocas cicatrices en la zona, en razón de la confrontación política de miradas diferentes sobre el sindicalismo y la clase obrera. No obstante, asume algunos rechazos o actitudes de indiferencias como “un gran aprendizaje”. Paulo empezó a encontrar el rumbo en su encuentro con Shapiro, quien le propuso hacer una historia sobre Zarza y la Lista Marrón; pero Menotti avanzó con un proyecto más abarcador y también se contactó con Covalcid y Simón; y empezó con su tesis de grado, que tiene puntos de contactos con otros estudios, en particular con “Género, memoria e identidad. Historia de las trabajadoras de la carne del Swift Rosario (1930-1944), de un conjunto de historiadoras locales.

Promover el estudio del pasado

Si algo caracteriza a los historiadores es esa pasión no solo por reconstruir hechos del pasado, sino también por contagiar ese espíritu de búsqueda, que de un tiempo a esta parte se ha rejuvenecido con un grabador en mano, andando geografías para escuchar las distintas versiones de los hechos.

Por eso, en la adhesión a la historia oral Menotti trasunta un reconocimiento de que esa propuesta –a la que no todos los académicos adhieren y no pocos critican–, es ideal para despertar el entusiasmo entre sus alumnos del secundario, mostrándoles que también es posible reconstruir la historia conversando con abuelas, abuelos, madres y padres.

Así, contará algunos casos de trabajo en las aulas, a partir de la elaboración de biografías familiares: “Todos los pibes a los que les doy clases quieren salir a laburar. El problema es que, por ejemplo, cuando hicimos ese trabajito, una chica me contó recién después de tres clases que su abuela había trabajado y siempre les dio vergüenza exponer su historia, porque creía que no valía para nada. Es como que hay dando vueltas un discurso que los hace verse como perdedores. No se reconocen como clase trabajadora; y, si no se piensan como trabajadores, ¿cómo van a salir a buscar trabajado?, ¿cómo van a defender sus derechos?”.

Luego, concluye: “No es para idealizar, pero mi intención es mostrar que nosotros también hacemos la historia, que lo que le pasó a tu antepasado también importa”.

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