El cordobés Marcelo Rey unió Rosario con su ciudad natal caminando durante 14 días por la vieja Ruta 9. Rescató la solidaridad, el apoyo y la alegría de los compañeros y compañeras con los que se cruzó.

En noviembre de 1974, la alemana Lote H Eisner residía en París, tenía 78 años y se encontraba enferma. Considerada una de las primeras mujeres críticas de cine, cofundadora de la Filmoteca Francesa y referencia para un vasto universo de cinéfilos, fue visitada en ese trance por un puñado de admiradores y admiradoras.

Entre ellos estaba el director, guionista y documentalista Werner Herzog, que en aquella época tenía 32 años y que, con el sólo objetivo de visitar a su amiga, caminó durante 22 días los 770 kilómetros que distancian a Munich de la capital francesa. “Tomé el camino más directo, firmemente convencido de que si iba a verla a pie, ella seguiría con vida”, sostuvo en su momento el autor alemán. De ese recorrido surgió el documental denominado Dear Werner.  

En días pandémicos, y 47 años después de la caminata del teutón, el cordobés Marcelo Rey, de 53 años, decidió caminar desde Rosario a Córdoba capital por la vieja y pintoresca Ruta 9, con el único condimento extra de “peregrinar al pago desde donde partí hace 34 años, a visitar a mi vieja, de 86 años, de una manera especial”.

Esta travesía, que unió a dos ciudades de la Región Centro no está  –al menos por ahora– en los planes que sea proyectada en la pantalla grande, pero tal vez sea igual o más trascendente que la caminata del famoso director alemán, porque además del objetivo de visitar a su madre y al resto de la parentela cordobesa, Marcelo Rey tuvo también la intención de reflejar, a través de las redes sociales, la solidaridad y el arraigo de los habitantes de los pueblos y ciudades que atravesó. 

Caminando fui lo que fui

Cuando cumplió 19 años, Marcelo Rey se fue de Córdoba y se instaló en Buenos Aires. Allí se enamoró y se casó con la madre de sus primeros dos hijos (tiene 5 en total). Es mecánico de subtes y actualmente vive en la localidad de San Miguel, en el noroeste del Gran Buenos Aires.

“Cuando vino la cuarentena, en mi trabajo armaron un diagrama para laburar día por medio”, relató a El Eslabón, y añadió: “Caminaba 8 ó 9 kilómetros diarios, y de golpe tuve ganas de caminar más. Era la primera vez en mi vida que tenía día por medio libre y cuando empezó la primavera pasé a caminar 20 ó 21 kilómetros diarios de promedio”.

Y así fue que, entre caminata y caminata, “siempre con barbijo y en lugares solitarios”, según aclaró Rey, comenzó a tomar forma la idea de realizar la travesía.

“Al ver el mapa, me di cuenta de que la Ruta 9 vieja, que atraviesa los pueblos y tiene menos tráfico por la existencia de la autopista, era el lugar más adecuado. Pensé que el  otoño era la época ideal por el clima y porque el verdor que deja el verano me evitaría posibles polvaredas molestas para caminar. Y además estaba la distancia entre cada localidad –entre 20 o 30 kilómetros– me permitiría cubrir cada día, durmiendo en el pueblo siguiente en algún hospedaje”.

En los 14 días que le llevó realizar la travesía, Marcelo Rey vivió de todo. Pero lo principal que destaca fue la solidaridad “del pueblo argentino”. “Durante el trayecto, un montón de compatriotas, que obviamente no me conocen, me pararon para ofrecerse a llevarme hasta el próximo pueblo. Y claro, yo quería caminar, entonces les decía que no, pero con cada uno hablaba un poco, y les agradecía reiteradamente por haber parado a ofrecerme ayuda. Incluso hubo un hombre muy humilde que andaba con su familia vendiendo pan con chicharrón en su auto destartalado. Me cruzaron, frenaron, se volvieron, y me regalaron un pan de los que ellos estaban vendiendo. ¿Te das cuenta lo que es eso? A mí se me cayeron las medias”.

La felicidad de la militancia

Leonardo Favio fue otro cineasta excepcional, único, y tal vez el mejor de Latinoamérica y que alguna vez sentenció: “Me hice peronista porque no se puede ser feliz en soledad”. Mucho de esto también tiene el recorrido que hizo Marcelo Rey por la vieja Ruta 9, pero también en su camino personal.

“Es conmovedor que alguien te diga que lo que estás haciendo le da optimismo. Tiene una relación directa con algo que descubrí a medida que me fui haciendo peronista: la riqueza que le aporta a la vida la dimensión de lo colectivo. Sentirse parte de un río en el cual uno va a la par de millones de hermanos con un objetivo en común”, remarca Rey, al momento que subraya: “Hasta los 35, fui antiperonista por herencia paterna. Salí de ese error gracias a Néstor, y recién pude reconocerme peronista hace unos cuatro años, ya cuando Macri era presidente”.

Con un dejo de humildad dice que su “militancia es bastante pobre” y que admira a los periodistas Gabriel Fernández y Julio Fernández Baraibar, a los que considera “dos enormes pensadores nacionales”. “Durante el 2018 y 2019, me sumé a Palabra Subterránea, que venía pregonando a los pasajeros de la Línea A de subte sobre el saqueo macrista que los medios hegemónicos ocultaban”, relató Marcelo, y a modo de conclusión expresó: “Yo venía del individualismo, de pensar que «nadie me regaló nada» y que «lo que tengo es mérito exclusivo mío». Y eso es desolador. Siendo peronista quiero mucho más a mi Patria, me quiero más a mí mismo y soy, por lo tanto, más feliz”.

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