El edificio de la ex compañía Hey Latam está siendo transformado. Después de varios meses de lucha, los trabajadores despedidos lograron un fallo favorable y montaron en ese mismo espacio un call center, ahora bajo gestión obrera.

“Cooperativa telefónica compañerxs unidxs fundada en 2021”, dice uno de los carteles colgados en una de las extensas paredes del edificio ubicado en Buenos Aires al 1400. En ellas, bocetos de teléfonos, mensajes y voces, remiten a la vieja y rosada empresa privada que quedó atrás en febrero de este año.

El conflicto fue largo y tendido: desde marzo de 2020, apenas iniciada la cuarentena, la empresa Hey Latam empezó a discontinuar el pago de salarios y suspender a parte de su personal. Para noviembre de ese mismo año, luego de una serie de pugnas entre las que se encuentra un paro de 301 empleados, la compañía presentó una quiebra. 

Ante este evento, los empleados de la empresa iniciaron un acampe que duró varios meses. Incluso pasaron navidad y año nuevo frente al monstruoso edificio de 2.200 metros cuadrados. “Siempre nuestra intención era resguardar los bienes de la empresa, primero para que no se lleven todo y quedarnos sin nada, pero aparte para poder seguir laburando”, cuenta Lucía, integrante de la cooperativa, mientras invita al equipo de El Eslabón a entrar en una de las tantas habitaciones de la empresa en donde se encuentran los servidores, el artilugio más costoso de toda la arquitectura del call center.

Foto: Manuel Costa

“Los servidores son los que nos permiten poder trabajar, poder tener un sistema operativo, una red unificada. Son como las computadoras madres, donde están todas las bases de datos y todo el sistema operativo que mantiene funcionando el call center. Eso es lo que permite, por ejemplo, crear una red entre todas las computadoras, gestionar los datos, y te habilita un montón de cosas para que funcione una estructura tan grande. Estaban acá adentro y sabíamos que se lo querían llevar, porque era lo único relativamente valioso”, explica. 

En ese sentido, la joven de 32 años se encarga de hacer una cronología de los hechos: “Ya a partir de diciembre no nos dio más tareas, no nos pagó el aguinaldo ni el sueldo de diciembre, ni de enero, ni de febrero. Y ahí, que es cuando se decreta la quiebra, empezamos el acampe”.

Hace poco menos de un mes, a través de un fallo, el Juzgado Laboral Nº10 de Rosario ordenó reincorporar a los trabajadores de Contact Center a la firma Key Market, ambas pertenecientes a la empresa Hey Latam. También ordenó abonar los salarios que se adeudan desde antes del concurso preventivo.

La razón del fallo favorable fue expresada por los propios trabajadores y trabajadoras a través de un comunicado: “La justicia con este fallo nos dio la razón: como denunciamos desde el primer día los trabajadores, existió un fraude. La empresa, con dos firmas, quebró una de ellas de manera fraudulenta para poder despedir trabajadores a pesar de estar prohibido por ley. Por otro lado, la otra firma, con los mismos dueños, domicilio y actividad, continuó haciendo negocios. Son dos firmas solidarias de una misma empresa que el empresario manipuló a su antojo para hacer negocios, al punto de vaciar una para ganar más y atacar a los trabajadores sorteando de manera fraudulenta el decreto de prohibición de despidos”.

Foto: Manuel Costa

“Se trata de un fallo muy importante porque reconoce que en el contexto en que están prohibidos los despidos, se trata de una quiebra trucha porque hay solidaridad entre las dos empresas, y que el empresario se tiene que hacer cargo de los puestos de trabajo”, valora Lucía.

Lucía repasa las instancias del problema e indica que la intención de romper con la lucha nunca estuvo contemplada. Además, insiste en valorar los momentos superados: “Las cosas que logramos en retrospectiva, si uno mira atrás, son impresionantes. Por lo menos tengo la tranquilidad de que si bien hay un montón de desafíos, se que cuando nos proponemos algo lo podemos hacer. Cuando nos ponemos a laburar todos juntos, es como que podemos sacar adelante cualquier cosa, entonces sabemos que esto lo vamos a sacar adelante y que le vamos a encontrar la vuelta”.

Cambio marketing por juegoteca

Lucía y Santiago recorren con paso seguro los tres pisos de la fábrica rosa. Sus descripciones son claras. Hablan de un antes y un después dentro de la compañía: en la planta baja, lo que eran oficinas de recursos humanos y de gestión administrativa, ahora se encuentran salas desocupadas. Una sola es la excepción: el despacho del dueño de Hey Latam, Martin Stauffer, que pasó a ser un espacio de juego para los hijos e hijas de los trabajadores y trabajadoras que conforman esta incipiente cooperativa de callcenter denominada RecTuel. Gestos de ruptura si los hay. 

La oficina de Stauffer, desconocida hasta antes del conflicto por sus trabajadores, cuenta con un televisor enorme. Lucía dice que entrar ahí fue “un mundo”, porque se encontraron con una biblioteca llena de libros de marketing, intercalados con material de autoría del periodista Jorge Lanata. Ahora, ese terreno es usado por los chicos que sobre todo se acercan para ver películas. Además, una pizarra blanca que anteriormente se usaba para detallar gastos y ganancias de la compañía quebrada, se encuentra disponible para ser pintada, y plasma en colores el dibujo de un niño. 

Foto: Manuel Costa

“La juegoteca surgió porque nosotros teníamos muchos compañeros que querían estar y participar activamente de la lucha, y de todo este proyecto, pero cuando tenés chicos tenés otra realidad, y otras necesidades. Entonces, empezamos a pensar en cómo sería poder conformar una cooperativa y que todos tengan realmente la posibilidad de realizar todo tipo de tareas, y de crecer y desarrollarse. Entonces surgió la necesidad de un espacio para que los chicos estén, así que estamos con el tema de la juegoteca, un espacio exclusivamente para ellos, donde tienen sus lockers, para pintar, para dibujar, y una biblioteca”, cuenta Lucía, mientras muestra la sala que se asemeja a una sala de jardín de infantes. 

“La idea es que también puedan tener acceso a Internet, para que puedan tener acá sus clases virtuales y todo eso. Que sea un espacio en el que puedan estar cuidados y obviamente disfruten”, relata. “¡Hoy la hija de una compañera estuvo todo el día acá! ¡Eso es un gran paso!”, dice emocionada. Para el equipo, la incorporación de una sala de juegos y entretenimiento para hijos e hijas de las y los trabajadores de la empresa, implica también involucrarse en los problemas de sus compañeros, y ofrecer a la par soluciones. 

Otra empresa es posible

En el tercer piso se encuentra el comedor, anteriormente llamado “sala de break”. Allí funciona una olla popular que brinda a los miembros de la cooperativa la posibilidad de acceder a un almuerzo y una cena. Además, un equipo de música armoniza el sonido del ambiente. Una de las paredes sostiene un cuadro con una foto en blanco y negro. En la imagen puede verse a ellos mismos, los trabajadores y trabajadoras del call center, en una de las tantas jornadas de lucha. “Esos cuadritos estaban en la oficina de Stauffer, con fotos de su familia, y nosotros la sacamos y pusimos una de nuestra familia”, aclara Santiago, mientras el resto de sus compañeros asienten. Ellos saben que el cooperativismo y la autogestión llegó a sus vidas para transformarlo todo, incluso también el nombre de la empresa que llevan adelante. Ahora, la vieja Hey Latam posee un título menos marketinero y más significativo: RecTuel. 

“Se empezó a pensar realmente la cuestión del nombre cuando entramos al edificio, porque a partir de ahí es que la idea de la cooperativa pasó de ser sólo una idea, a una realidad. Por el grupo que teníamos en WhatsApp se empezaron a tirar distintos nombres para después votar en asamblea, y los que más aceptación tuvieron fueron dos, casi por igual: Rec, que era una abreviación de recuperada, y Tuel, que era la abreviación de trabajadores unidos en lucha. Como ambos nombres tenían igual aceptación, la solución que más conformó al grupo fue unir las dos abreviaciones. Y así nació RecTuel”, detalla Santiago. 

Foto: Manuel Costa

Entre los (falsos) valores de la vieja Hey Latam, se encontraban la ética, la transparencia, la confiabilidad, la credibilidad y la calidad. Todo esto basado, claro está, en una empresa vertical sustentada por dos cuestiones: un insistente incentivo a la competencia entre compañeros, y un exhaustivo control a sus empleados. Por el momento, Rectuel pretende llevar adelante un call center con una lógica diferente a la habitual: “La idea es salir un poco de eso que nos inculcan tanto cuando estamos en este tipo de empresas, que es vender a toda costa, sin importar si el cliente tiene plata o no, vos se lo tenés que encajar. Toda esa lógica del mercado en la que si vos vendes más, sos mejor que tu compañero. Y lo que queremos es tratar de romper con todo eso”, explica Lucía. 

Además, la empresa cooperativa pretende incorporar un nuevo tipo de gestión, apostando sobre todo a la cooperación con los distintos gobiernos (municipal, provincial y nacional) en sus distintas líneas telefónicas. “Nuestra idea es tener algún tipo de gestión con el Estado, en los diferentes niveles, para obtener alguna opción laboral que nos dé una estabilidad. Sabemos que si el Estado tiene la necesidad, porque sabemos que hay líneas que necesitan ser cubiertas, es un trabajo que nosotros podríamos brindar y que nos ayudaría a nosotros también a tener una estabilidad. En ese sentido tenemos reuniones pendientes”, indica Lucia. Y suma: “Estamos haciendo con la Universidad Nacional de Rosario una capacitación en la Ley Micaela para poder discutir algunas cosas de la cooperativa, pero también la idea es poder tener herramientas y recursos para que en algún momento, cuando estemos preparados, podamos gestionar también la línea 144 de atención a las víctimas de violencia de género”.

“Estando en la calle, nos encontramos con el apoyo de todos los sectores, desde centros de estudiantes a medios de comunicación que nos levantaban todas las notas, concejales, diputados, organismos de derechos humanos. En todos esos momentos nos acompañó un montón de gente. Entonces, así como nosotros solos no podíamos, pensamos también en eso, en devolver un poco a la comunidad que tanto nos acompañó y que permitió que logremos conquistar esto”, remarca. Y agrega que desde RecTuel reconocen a las comunicaciones como un servicio clave, sobre todo en el marco de la pandemia, por lo que como call center tienen “un rol para cumplir ahí”, remarca.

Foto: Manuel Costa

Entre las organizaciones y partidos políticos que se acercaron a colaborar, se encuentran Ciudad Futura, La Garganta Poderosa, La Cámpora y Patria Grande. Además, contaron con el apoyo de los concejales Eduardo Toniolli y Norma Lopez; y los diputados provinciales Carlos del Frade y Lucila de Ponti.

Por su parte, Santiago dice que “después de todo lo que pasó y de tantos meses de estar en la calle, creemos que tenemos que brindar un rol social, ya sea bajo la línea del 0800, u ocuparnos de la atención al público saliendo del rol de la venta, porque básicamente era lo que marcaba cuando entras a un call center. Abordarlo desde otro lado, y no sólo desde la línea telefónica sino también abriendo espacios a la comunidad, como el de la juegoteca”.

Unidad de los trabajadores

La cooperativa está conformada por 76 miembros, en su mayoría son jóvenes. Hay estudiantes que se sumaron a trabajar en el call para pagar sus estudios. También jefas de hogar, que llegaron a Hey Latam con la intención de sostener a sus familias. A pesar de las diferentes situaciones que los atraviesan, reconocen que el acompañamiento y el trabajo conjunto funcionó como salvavidas para muchos. Incluso hubo algunos que se conocieron en el mismo acampe. Entre todos, intentaron resolver los problemas de sus compañeros en conjunto: comida, techo, alquileres, deudas. “Hubo una solidaridad desde el primer día, porque era también lo que necesitábamos. Quedarse sin laburo es un golpe muy fuerte para cualquier persona. Algunos estaban bajoneados, así que el acampe fue un sustento para todos, un lugar en el que nos encontrábamos y nos apoyábamos unos con otros”, dice Santiago. 

Foto: Manuel Costa

Por su parte, Eva, mamá divorciada, cuenta que “cuando pasó lo del quiebre de la empresa, mi vida se vino abajo ya que también, fuera de lo que era la paga, me permitía poder criar a mi hija, tener tiempo para ella, para educarla y para ser madre”. “Cuando pasó todo esto se desmoronó todo. Y, sin embargo, hoy por hoy, que la cooperativa esté funcionando, apostar a esto, es todo un desafío y estoy muy orgullosa de mis compañeros y de todo lo que pudimos lograr”, remarca, e insiste en que se siente feliz, porque considera que “la unión hace la fuerza y que este equipo está muy unido. Hay mucho compañerismo, y se nota la diferencia”.

Para ella, pensar en un espacio de trabajo que cuente con un lugar que funcione como guardería de niños, es sustancial. “Estar en una cooperativa en donde tenemos un espacio para nuestros hijos, es importante. Como la juegoteca y el comedor que se formó acá, que hace que se te alivien un montón de cosas, más cuando sos madre soltera”, dice esperanzada. “A lo que voy, es que esto te permite volver a creer, a confiar, la unión, la lucha. En que se puede ganar, por más que nos hagan creer que no es así”, subraya. 

Paliar la crisis

Como otros sectores económicos y sociales, la cooperativa de trabajo RecTuel afronta la coyuntura y surfea la segunda ola en medio de una compleja situación. Por esto, desde la organización invitan a la comunidad en general a realizar donaciones de alimentos que serán destinadas al comedor comunitario que funciona en el edificio de Buenos Aires al 1400. Además, solicitan juegos, juguetes y artículos de librería para hacer crecer la juegoteca.

Quienes deseen colaborar, pueden hacerlo acercando donaciones a la sede de la empresa, o a partir de transferencias de dinero a la cuenta CBU: 0000003100085083577254 Alias: COMPASHEYLATAM.

Foto: Manuel Costa

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