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En 1896 la tumba de un “gigante patagón” tehuelche fue profanada por un francés y el esqueleto fue exhibido en un museo parisino. Pero también fue gigante la lucha de su comunidad, Liempichún Sakamata, para lograr traerlo de regreso a Alto Río Senguer.

La comunidad tehuelche Liempichún Sakamata, tras años de reclamos, investigaciones y acuerdos entre Francia y Argentina, recuperará los profanados restos de un antepasado exhibidos en el parisino Museo del Hombre.

Nunca se supo la causa de la muerte del llamado “gigante patagón”, por sus casi dos metros de alto. Era hijo del cacique Antonio Liempichún y sobrino del también cacique Juan Sacamata. Su tumba fue profanada en Choiquenilahue (paso del avestruz), valle que en 1890 era un asentamiento tehuelche y centro ceremonial.

Cristina Liempichún, werken (del mapudungun, «mensajero») de la comunidad Sakamata Liempichún, sostiene: “Nunca nos fuimos. Al repatriarlo podremos establecer el cume felón (equilibrio vital) en nuestros territorios. Su restitución es una reparación histórica, política, social, cultural y espiritual”. Y agrega: “Es reconocer que como tehuelches estamos vivos y presentes en el territorio”. 

En 2015 “iniciamos como Comunidad Tehuelche Mapuche el pedido de repatriación internacional de nuestro Kewkko-kuificheyem (ancestro), también conocido como «Gigante Liempichún». El reclamo se enmarcó en el proceso de reafirmación del territorio en Yas ayke (en su toponimia ancestral o paraje Payagniyeo), a 15 kilómetros de Alto Río Senguer, sudeste chubutense”, repasa Cristina.

“La comunidad conocía muchos relatos de las familias sobre la desaparición de los restos de un ancestro, hijo de Antonio Teutrif Liempichún y Ana Cochoquil, tenía 7 hermanos, entre ellos Constancio Liempichún, bisabuelo de nuestro actual lonco, de allí nuestro parentesco directo con él”, explica la mujer a El Eslabón

“Sabemos que falleció joven y fue enterrado, de acuerdo a nuestras costumbres antiguas, en la zona de Choiquenilahue”, recordó.

En una vitrina

La política colonialista en la vieja Francia tenía ya una herramienta cultural y genocida justificada por la ciencia. Miembro de esa rancia aristocracia, desde su castillo en Normandía, el conde aviador Henry de La Vaulx realizó una “misión antropológica” aprobada por el Ministerio de Educación francés. Entre 1896 y 1897 recorrió desde Río Negro a Tierra del Fuego, buscando vestigios de la “Edad de Piedra” e investigando la leyenda del “Gigante Patagón”. 

Pero el conde, de paso, se llevó unos 1.400 objetos entre minerales, metales, cerámicas, esqueletos de mamíferos y una “colección” de restos humanos de los originarios. Todo embalado en 29 cajas de unos 1.371 kilos.

Cocina macabra

En su libro Viaje a la Patagonia (1896), el conde contó cómo se apropió del esqueleto del tehuelche. Bajo el título “Cocina macabra”, escribió: “Examino el cadáver. Lo mido, tiene un metro noventa y ocho. No puedo llevarlo a mi carpa porque los indios me despedazarían. Tomo entonces una decisión heroica, y, con mi cuchillo, me pongo a desmenuzar al gigante”.

Aclara que llevará a Francia “un bello espécimen de la raza india” e ironiza: “Qué importa después de todo que este tehuelche duerma en un hoyo de la Patagonia o en una vitrina en París”.

También detalla cómo debió hervir por separado las partes del gigante, y resalta: “No les aconsejo a los señores asesinos hervir una cabeza en una marmita para borrar las huellas de su crimen. Serán traicionados por el olor de ese cocido macabro y la policía los habrá descubierto”.

También admite: “No se despedaza un hombre sin experimentar cierta emoción”. La Vaulx se ganó fama de “kalku” (brujo) entre las comunidades, y la condena a muerte por los tehuelches.

Como una vestimenta

En 2009, Julio Vezub, antropólogo del Instituto Patagónico de Ciencias Sociales y Humanas del Conicet de Puerto Madryn, estudió en museos franceses las colecciones y registros del conde. El investigador relata que el gigante era exhibido como parte de un conjunto de vestimentas indoamericanas del Museo del Quai Branly. “Uno de los cueros era el manto funerario del esqueleto. Estaba en una vitrina del Museo del Hombre, con el rótulo «Gigante patagón». Y, entre los cráneos, había uno que tenía una leyenda en francés que decía: «Hijo del cacique Liempichún y sobrino del cacique Sacamata»”. 

Tras el hallazgo, Ángel Ñanco Sacamata, lonko de la comunidad tehuelche-mapuche de Puerto Madryn y el grupo de antropólogos GUIAS, iniciaron gestiones para recuperarlo y sepultarlo en su Alto Río Senguer. 

Fraudes y desalojos

En 1908, la comunidad recibió del Estado 10 mil hectáreas en Alto Río Senguer. Con el poblamiento y fraudes, los quisieron correr. Pero en 2010 recuperaron el territorio, las familias se cruzaban y hablaban la lengua tehuelche y mapuche. “Mi viejo (el lonko Antonio Liempichún) nos criaba con los valores y la idea de recuperar lo nuestro”, dice Cristina.

Entre 2008 y 2010, se reagruparon como Lof Sacamata Liempichún. “Tomamos la decisión de hacer más visible nuestra lucha”, indica la werken. A la vez que remarca el aporte de Carlos Sacamata, autor de Linaje Sacamata, del lonko Mauro Millán, de una comisión de franceses, la abogada Sonia Ivanoff y hasta la película Gigantes, de Natalia Cano.

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