¿Probaron alejarse unos pasos de sus hogares para ver desde afuera la trama de sus propias familias? Ninguno puede, sería una empresa insoportable, a menos que uno se vaya muy, muy lejos. Por el contrario, si quisiéramos observarlas de muy cerca saldríamos corriendo. (Atenti con los efectos funestos de la cuarentena). Porque sí, porque en todas las familias ocurren cosas raras, más o menos incomprensibles, muchas veces inefables. Como la paradoja freudiana del Das Unheimlich, el punto donde lo familiar se vuelve extraño, ominoso, y lo que nos resulta conocido se nos aparece como siniestro. En esos terrenos sinuosos se mueven los personajes de los 21 cuentos breves de El árbol de botellas de whisky, de la escritora alemana Katharina Bendixen (Leipzig, 1981) que recientemente publicó la editorial Serapis. 

Como anticipa el texto de la contratapa, en este libro los entornos cotidianos devienen escenarios inquietantes, o mejor dicho, perturbadores. Todas las circunstancias conocidas que atraviesan las familias, como el nido vacío, la infertilidad, el matrimonio, el llanto estremecedor de un bebé, la vejez, la muerte de la abuela, de un niño, es decir, la irrupción de la tragedia o el ciclo natural de la vida tienen en estos relatos desencadenantes propios de la literatura fantástica, del terror y por supuesto, del absurdo. Sobre todo porque, en todos los desenlaces, los protagonistas continúan imperturbables e irreflexivos con el curso de sus pequeñas existencias, rurales o alejadas a una distancia prudente del otro loquero que es el mundo. 

Para darle más efecto dramático al asunto, en su brevedad y concisión, Bendixen recrea en estos relatos un clima de ensoñaciones, como si las historias ocurrieran dentro de una canción, con ritmo y cadencia. La reiteración de frases y otros elementos retóricos nos recuerdan que estamos en una ficción, pero también dentro de un poema loco y sombrío.  El árbol de botellas de Whisky está incluido en la serie Contemporánea del catálogo de Serapis. Bendixen no es la única extranjera de la colección, también fueron editados varios títulos de su compatriota Nina Jäckle y de la suiza Dorothee Elmiger, entre otros, y todos fueron traducidos por Carolina Previderé. La serie Contemporánea, según explicó la editora Julia Sabena, se creó con un criterio temporal, hasta convertirse en una colección de narrativa extranjera, dedicada a explorar literaturas de tierras lejanas. “Estamos viendo de incorporar otras narradoras extranjeras pero hispano parlantes”, adelantó Sabena, que está al frente del sello desde su creación, en 2006. 

Otra cosa para destacar de la propuesta es el criterio que adoptó el sello de apostar a una traducción rioplatense. “No fue una decisión fácil, porque tuvimos la oportunidad de ingresar al mercado español, españolizando las traducciones pero decidimos que no; políticamente nos interesa posicionarnos por fuera de las directivas o de lo que manda España o la Real Academia Española, que sigue siendo quien dice cómo se habla, cómo se escribe y cómo se traduce”, explicó Sabena. Respecto al trabajo de traducción, la editora aseguró que el sello apuesta a la visibilidad y reconocimiento de traductores y traductoras, desde lo económico hasta el nombre en tapa.

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