En 2020 los incendios arrasaron el Delta del Paraná y a partir de la presión pública el proyecto de Ley de humedales tomó estado público. Sin embargo, no fue incluido en las sesiones extraordinarias.

Con tener una computadora y una conexión a internet moderadamente aceptable alcanza para poder mirar, al instante, el mapa de los focos de incendios que se producen actualmente en el Delta del Paraná. Es decir, que no hace falta que las columnas de humo intoxiquen a los habitantes de Rosario y de la región para advertir que la quema indiscriminada del vasto humedal continúa, prácticamente a diario, sin que exista ningún tipo de control ni mucho menos acción preventiva alguna, del Estado nacional, provincial o municipal.

Durante 2020, mientras los incendios intencionales devoraban hectáreas de un ecosistema de significativa importancia para el planeta, y por consiguiente para la humanidad, proliferaron los debates y las manifestaciones para conseguir el tratamiento del proyecto de la denominada Ley de Humedales, que obtuvo dictamen de mayoría en la Comisión de Recursos Naturales de la Cámara de Diputados.

Sin embargo, después de haber alcanzado ese rango, no se movió más. Ahora, en 2021, quedó fuera de la agenda trazada para las sesiones extraordinarias. La mayoría de las fuentes consultadas para la confección de esta nota, coinciden en que la potencia que tenía el proyecto fue mermando debido al incesante poder de lobby y al accionar de poderosos intereses que sólo ven al ecosistema como un terreno fértil para generar diferentes tipos de negocios, sin medir en absoluto su destrucción.

Crónica de un incendio anunciado

César Massi es ambientalista y un fervoroso militante por la conservación del humedal, y también trabaja por la concreción de la Ley de Humedales pero es sumamente consciente de todo lo que queda por trajinar para lograr ese anhelo.

En diálogo con El Eslabón, Massi retrotrae la memoria a enero de 2020 para ir, podríamos decir, al origen de la tristeza o de la desidia. “La principal falencia que tiene el Estado en general es el abandono del territorio. En esa época, al recorrer la isla observábamos la bajante del río y la cantidad de biomasa seca que había para quemar. Había mucha sequía y nadie trabajó activamente para evitar lo que pasó luego. El abandono del control de los humedales es el principal factor por el cual ocurrieron todos los desastres el año pasado y por el cual ocurren todos los desastres en la actualidad”, señaló el ambientalista.

Massi hace hincapié en la falta de personal para combatir incendios y sobre todo en la escasez de inversiones para la conservación del medio ambiente. Esa situación contrasta con los recursos que hay disponibles para la detección temprana. “Actualmente, hay imágenes digitales y drones que ayudan a identificar de manera rápida en qué lugares se producen los incendios. O sea, que te podés informar sobre la situación de los incendios con una computadora desde tu casa. Ahí te das cuenta de que el trabajo, con respecto a evitar los incendios, es nulo”.

Como si ese panorama no alcanzara, al cuadro de situación hay que sumarle “la apertura de canales clandestinos, el desarrollo de los feedlot que han tabicado medio río sin que nadie les diga nada. Por eso, pensar que van a poder controlar los incendios, es un quimera”, define el naturalista.

En el marco de la ley

Con respecto a la importancia que implica para unos y otros el tratamiento del proyecto de la Ley de Humedales, Massi sostiene que muchos “están apostando a que la ley muera a fin de año y pierda estado parlamentario en el cajón de la Comisión de Agricultura y Ganadería”, donde se encuentra actualmente. “Esta ley involucra y afecta a intereses muy pesados. Ahí están el lobby maderero, las arroceras, la de los grandes ganaderos, y también el de las urbanizaciones que están proliferando por el bajo Delta. Todo eso significa una presión muy fuerte para que el grueso de la Cámara de Diputados mire para otro costado, y sobre todo para que el Ejecutivo no baje la línea de la necesidad de aprobarla a pesar de que en 2020 hubo mucha presión social”, indicó el ambientalista, y añadió: “Nos dejaron contentos con el dictamen unificado y ahí quedó”.

Lógicamente, Massi no se ilusiona con que si la ley lograra sancionarse, los incendios cesarían automáticamente. “Los que impulsamos la ley estamos convencidos de que es una herramienta fundamental a largo plazo para que haya un ordenamiento de los humedales, que son sistemas complejos y vitales para todo el planeta y para nuestra vida. Y en el corto plazo, requiere que haya voluntad política en destinar recursos para el control preventivo de esos ecosistemas. Y también que exista voluntad por parte del Justicia para sancionar cuando se encuentran responsables de los incendios intencionales”. 

Como botón de muestra, el ambientalista concluyó que las sanciones son necesarias para que “esto no quede en la nada como ocurrió el año pasado; en el que no hubo un sola persona sancionada, multada o presa por los incendios intencionales de casi 1 millón de hectáreas en los 800 kilómetros del río Paraná”.

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