En su flamante libro, De América, Alejandro Droznes recorre el continente usando como excusa a la Copa Libertadores. Los estadios y sus periferias, la cultura de cada sede y una final ¡en Madrid!

Alejandro Droznes saltó a la cancha de los escritores con su primer libro, De América, en el que usa a la Copa Libertadores para relatar, no sus partidos, sino la historia y cultura de las distintas sedes que la albergan. La tan mentada frase de usar al fútbol como excusa para contar otros aspectos de la vida misma es un fiel resumen de esta flamante publicación, en la que la pelota y los futbolistas son sólo espectadores, mientras que sí juegan un papel fuerte los estadios y sus alrededores. La frutilla del postre a este trabajo futbolero-histórico-cultural fue la final más importante de todas, disputada ¡en España! otrora enemiga de quienes le dan el nombre el trofeo máximo de la Patria Grande. 

La Copa se mira y no se toca

El escritor y periodista nacido en 1980 siguió de cerca los pasos de la Libertadores para guiarse por distintas ciudades de latinoamérica, como Guayaquil, San Pablo, Tucumán, Caracas, Asunción, entre otras. Allí posó sus ojos (y luego su pluma) en las inmediaciones de los estadios, en su gente y en las diversidades culturales que pintan de cuerpo y alma la parte sur del continente. “Todo surgió viendo la Copa, pero más que los partidos en sí, viendo las transmisiones, porque lo que me gustaba era ver el principio, en el que muchas veces se muestra la geografía americana, dependiendo del estadio, porque si son muy grandes como el de River mucho no se muestra, pero en los más más chicos se pueden ver montañas, una ciudad, edificios”.

Tras ese puntapié inicial y antes del resultado final, este Licenciado en Letras hizo un árduo trabajo de campo, y no de juego precisamente: “Hice viajes como exploratorios en los que el eje no era ver partidos de fútbol, aunque iba a alguno si podía. Después empecé a hacer viajes mucho más planificados alrededor de un hecho futbolístico”. El autor aclara incluso que fue “a ver muchos más partidos de los que aparecen en el libro, es decir que viajaba y después me fijaba si había algo interesante de la cultura del lugar, sino no lo desarrollaba. Siempre me fijaba si había un trasfondo cultural o histórico, que me permitiese hablar del continente. Y muchas veces, esa idea aparecía después del viaje”.

Lamento boliviano

En su trabajo, Alejandro también hace sentir el fervor de los simpatizantes, aunque no sean los mayores protagonistas en las páginas de América. “Las hinchadas aparecen un poco”, reconoce este bostero “light”, y cuenta una de las historias que más llamaron su atención: “Relaté parte de la idiosincrasia de la hinchada boliviana. Cuando casi hacen un gol: ellos no gritan «uhhhh», sino que gritan algo así como «ayyy». El grito no es el mismo, claramente”.

Sobre los espectadores del fútbol jugado a muchos metros sobre el nivel del mar destaca que “son mucho más respetuosos que la hinchada argentina típica”, e indica también que “los hinchas venezolanos son siempre muy pocos”, ya que al parecer, en suelo vinotinto, la mayor popularidad deportiva se ve en el béisbol.

Otra sorpresa se llevó en Tucumán, a la que conocía sólo a través del libro que escribió a fines del siglo XIX el historiador Paul Groussac, quien en palabras de Droznes “estaba muy enamorado de la provincia y pintaba el lugar como medio paradisíaco, un paraíso rural”. Pero cuando pisó aquella provincia norteña “era un descontrol total –relata entre risas–, todos tomando vino, me miraban mucho porque sin que abra la boca se daban cuenta que no era tucumano. Todo muy distinto a lo que yo sabía”.

Final para los realistas

El colmo máximo de la Copa Libertadores de América ocurrió en diciembre de 2018, cuando la final más importante de su historia se jugó en tierras de quien supo ser La Madre Patria. “Fue muy loco eso, yo sentía que estaba soñando, que no era real”, admite sobre la sede del duelo decisivo entre Boca y River.

El escritor recuerda que cuando la Conmebol optó por el emblemático Santiago Bernabeu para dirimir esa finalísima entre los dos grandes de la Argentina, “en las redes sociales hubo mucha gente que empezó a hablar con una perspectiva histórica, señalando la paradoja de que los libertadores habían liberado el continente justamente de España. Y eso, de hablar de la Copa desde una perspectiva histórica, nunca sucede, y fue justamente lo que yo estaba escribiendo”.

Así que su recorrido por el continente tuvo un desvío importante, hacia el otro lado del Atlántico. “Tuve que viajar a España, y más allá de que pueda parecer lindo y tentador, fue muy estresante, porque se decidió de una semana para la otra, y organizar un viaje así es muy estresante. Además, no lo podías pensar mucho porque te quedabas sin lugar, sin vuelo”. Y agrega: “Tenía la obligación de ir, porque venía escribiendo un libro sobre eso, y si no está el capítulo de Madrid es como que faltó algo, está mal. Estuvo bueno para el libro que eso sucediera, pero si yo no iba no es que me perdía de ese plus, es que era una resta”.

Antes de despedirse, Alejandro confiesa que siempre jugó al fútbol “por hobbie, nunca en las inferiores de algún club ni nada que se le parezca”, y concluye: “Tengo una simpatía por Boca, pero muy light. Y se podría decir que soy hincha transitorio de equipos (no cuando le va bien, eso es muy miserable) cuando siento que adquieren una identidad. Por ejemplo, el Vélez de Gareca, el Newell’s de Martino, el River de Gallardo. Me interesan esos tramos de los equipos”.

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