Vaya a saber en cuál de esos asados en la coope regados de entrañable compañerismo habrá sido que surgió, borracho y loco de felicidad militante, el primer “¡Viva Perón y la autogestión!”. Pero seguro fue después de 2008, cuando mediante la fundación de la Cooperativa La Masa una decena de trabajadores de prensa encuadró su incorporación a un movimiento al que varios de ellos venía honrando intuitivamente desde 1999, cuando se fundó este periódico que tenés frente a tus ojos.

“Autogestión” no era la palabra más usada en esos tiempos; y menos asociada a la prensa. En El Eslabón se hablaba de periodismo autónomo, término tal vez acorde a esos días de resistencia tan heroica como disgregada y huérfana de la construcción política necesaria para empardar los tantos y volver a apuntar hacia la victoria con mirada más certera.

Autogestión empezó a escucharse ya después del 2003, cuando tras la llegada de Néstor Kirchner a la Presidencia resurgió un cobijo para que revoltosos y revoltosas tengan al menos el poco de aire que hacía falta para reagrupar fuerzas en torno a la tradición identitaria de la clase trabajadora argentina, enraizada en el proyecto de Nación independiente y federal que fundó el primer gobierno patrio y sabe de hilos políticos y culturales tan imprevisibles como indestructibles, como el que va de Martín Fierro y los payadores a Wosito y Trueno.

El que intenta extender El Eslabón es el hilo que va de La Gaceta de Mariano Moreno a Rodolfo Walsh, que hoy se sigue tejiendo en todo el país desde decenas de medios sostenidos desde y por la autogestión.

A ese refugio de luchas y conquistas, de cantos y chinchulines arropados en el vino de siempre, es que refiere el “Perón” que abre la consigna que aquí se reseña y ofrece, con la pretensión de reafirmar el camino y el compromiso que aquí se reivindican ante cada nuevo Día del y la Periodista.

Una consigna que se retoca en el título de este editorial, porque junto con esa pretensión de reafirmar rumbos, hoy desde acá se agiganta nuestra necesidad de compartir con vos lectora, con vos lector, el dolor que nos genera ya no poder disfrutar en nuestros brindis terrenales de la sonrisa inolvidable del Juane, el mejor Perón de los nuestros, a quien seguimos rindiendo homenaje con las teclas en movimiento y las copas en alto. Y con esa sonrisa suya, fuente perenne de la alegría vital para cualquier mortal como nosotros y nosotras, que todos los días nos abrazamos desde la autogestión, el periodismo y el peronismo, para vivir de acuerdo con la ley primera.

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