El maestro rural de izquierda le ganó a la derechista Keiko Fujimori por 50,12 por ciento a 49,87 por ciento. Pero la candidata (con un pie en la cárcel) sigue con las infundadas denuncias de fraude.

Nueve días después de la segunda vuelta electoral del 6 de junio, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) finalizó el conteo: Pedro Castillo, candidato por Perú Libre, le ganó a Keiko Fujimori por 50,12 por ciento a 49,87 por ciento sobre 17,6 millones de votos válidos. El maestro rural triunfó por 44 mil votos.

O sea que Castillo es el presidente electo del Perú, pese a las maniobras fraudulentas de la derecha encabezada por el clan Fujimori, la gritería histérica de Mario Vargas Llosa y el acompañamiento de los medios hegemónicos que se niegan a titular como lo harían con un candidato de derecha.

Las cifras están confirmadas. Se trata del escrutinio definitivo de la ONPE. Pero falta la proclamación por parte del Jurado Nacional Electoral (JNE).

Keiko sigue apostando a las noticias falsas, las denuncias sin sustento, la movilización de sus partidarios y todos los recursos simbólicos y materiales que les ofrecen los poderes fácticos. Pero ve la presidencia cada vez más lejos. Y el retorno a la cárcel, cada vez más cerca. La Justicia peruana evaluará el lunes 21 de junio la solicitud de la Fiscalía para que la candidata regrese a prisión preventiva, a la espera de que se decida si se le abre juicio por presunto lavado de dinero en sus anteriores campañas electorales, informó el sitio de noticias de la cadena alemana Deutsche Welle (DW)

El cuarto Juzgado de Investigación Preparatoria Nacional Permanente Especializado en Crimen Organizado atenderá la solicitud del fiscal anticorrupción, José Domingo Pérez, a cargo de investigar el caso, señala la nota de DW. El pedido del fiscal se produjo después de comprobar que Fujimori tuvo contacto durante la campaña electoral con testigos de la investigación, una de las prohibiciones impuestas dentro de la libertad condicional que se le otorgó hace un año.

La hija del ex presidente y dictador (preso por delitos de lesa humanidad) Alberto Fujimori  ya pasó quince meses en prisión provisional entre 2018 y 2020. Por eso, una derrota en la carrera presidencial (sería la tercera vez que pierde en segunda vuelta) desactivaría dos maniobras que Keiko tiene preparadas. Y ambas tienen que ver con la impunidad. La primera, indultar a su padre. La segunda, que se suspenda el juicio contra ella.

Se le imputa presunto lavado de dinero en la financiación irregular de sus anteriores campañas electorales, donde ocultó millonarias donaciones de grandes empresas mediante una contabilidad ficticia. Entre las donaciones recibidas se mencionan 3,6 millones de dólares de Credicorp, la corporación financiera más grande Perú, y un millón de dólares de la constructora brasileña Odebrecht.

Pero la candidata continúa haciendo denuncias de fraude electoral para evitar la proclamación de Castillo. Y hasta pretende una nueva convocatoria a elecciones, aunque esta posibilidad sólo funcione en su mente, lastrada por el miedo al calabozo: la enorme mayoría de especialistas, juristas y dirigentes (excepto los voceros de la derecha) rechazan esa posibilidad.

La candidata a la cárcel insiste con que hubo supuestas irregularidades en 802 actas de mesas de las zonas rurales, donde Castillo ganó por amplio margen, y pretende anular 200 mil votos, lo que le permitiría cambiar el resultado de la elección.

Los jurados electorales locales que vienen analizando estas denuncias ya rechazaron varias de ellas por falta de argumentos. Las demandas presentadas son débiles: en algunos casos plantean, por ejemplo, que familiares de Castillo habrían sido miembros de algunas mesas electorales; en otros, se señalan alteraciones en las firmas de las actas.

Keiko repite el mantra “fraude sistemático”, pese a que las misiones de observaciones electorales de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de la Unión Interamericana de Organismos Electorales (Uniore) destacaron que el proceso electoral fue correcto y exitoso, sin incidentes graves.

Carlos Noriega, en su nota publicada el 15 de junio en Página 12, hace una síntesis precisa de la situación en Perú: “Cerró el conteo de votos y se confirma el triunfo de la izquierda, pero la derecha maniobra para torcer el resultado y habla de golpe. La derecha usa su poder económico y mediático, se moviliza, presiona, amenaza, desestabiliza, llama a desconocer el resultado electoral, trata de boicotear la proclamación del nuevo presidente, pide un golpe, divide al país y lo pone al borde de un estallido violento y del abismo, todo en su afán de evitar que asuma el gobierno de izquierda elegido en elecciones que los observadores internacionales califican como limpias”.

Castillo: “Quieren tumbarse la elección”

“Un nuevo tiempo se ha iniciado. Millones de peruanos y peruanas se han alzado en defensa de su dignidad y justicia. Gracias a los pueblos de todo el Perú que desde su diversidad y fuerza histórica me han brindado su confianza. Mi gobierno se deberá a toda la ciudadanía”, escribió Castillo en Twitter, una vez finalizado el conteo de votos.

Luego afirmó que esperará “con paciencia” la proclamación, y denunció que la derecha quiere “tumbarse la elección” no respetando la voluntad popular  y con provocaciones y agresiones. “Somos respetuosos de la voluntad popular y por nuestra parte no van a encontrar ninguna agresión, pero tampoco vamos a permitir que se siga discriminando al pueblo oprimido por más años. Democráticamente las cosas se han puesto en la mesa y democráticamente tiene que haber una salida. Otros espacios quieren tumbarse la elección. Nosotros estamos pacientemente esperando los resultados, pero hay voces, que vienen incluso de personalidades que han tenido experiencia política, de querer judicializar la voluntad popular. Saludamos al pueblo peruano y también al pueblo de América Latina”, señaló el maestro rural y presidente electo.

Por su parte, la vicepresidenta electa, Dina Boluarte, destacó lo que significa ganarle al complejo y poderoso entramado que defiende el statu quo: “Hemos ganado con todo en contra. Con artimañas, argumentos legales forzados, Keiko Fujimori está buscando bloquear el resultado electoral, pero el triunfo del profesor Castillo es irreversible. No hay ninguna posibilidad de que este resultado se revierta. A nuestros militantes, simpatizantes y a la sociedad, les decimos que se mantengan en paz, calmados, pero a la vez firmes defendiendo los votos”, señaló.

Frente a la paciente espera de los ganadores, los malos perdedores juegan con fuego, alientan enfrentamientos en las calles y hasta hablan de golpe de Estado.

“Si no logran cambiar el resultado, el fujimorismo y sus aliados de derecha apostarían a dilatar con sus reclamos y apelaciones lo más posible una decisión final para buscar llegar al 28 de julio, día de cambio del mando presidencial, sin una decisión y crear un vacío de poder. En ese caso, la presidencia la asumiría, temporalmente, hasta que haya una definición, el presidente del nuevo Congreso, donde los grupos de derecha sumados tendrán mayoría. Con la presidencia en sus manos, la derecha buscaría anular el proceso electoral. Políticos de ese sector ya se han pronunciado en ese sentido. Sería un golpe desde el nuevo Congreso”, escribió Noriega.

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