En 1821, “Salta vivía atravesada por profundas contradicciones y pujas internas. Cómo se explica que una partida realista haya sorprendido a Güemes en el centro de la ciudad (7 de junio). Los sectores poderosos no estaban cómodos con el empoderamiento de gauchos y campesinos que representaba el líder. Como sucedía con Artigas en el Litoral y la Banda Oriental, en torno a su liderazgo popular en la guerra de Independencia, y el conflicto social surgido ante el orden colonial”, indica el historiador y profesor Oscar Daniel Cantero en Entre la gesta de la independencia y la revolución social.

Aquella herida en la emboscada lleva a Güemes a la muerte el 17 de junio, en su campamento de Chamical, rodeado del afecto de sus gauchos. Nacido el 8 de febrero de 1785, su familia –como la de Artigas– era de las tradicionales y prestigio. Pero también como el oriental, ya en su adolescencia se incorpora a las milicias.

Durante las invasiones inglesas bajó a Buenos Aires para colaborar en la resistencia. Del monte salteño, siempre de a caballo, los gauchos se metieron en las aguas de la costa rioplatense el 12 de agosto de 1806 donde el británico buque Justine había encallado al acercarse a la orilla, y el oficial salteño de 21 años mandó el inusual mando de “caballería al abordaje”. El gaucherío revoleó el hacha, chuzo o sable, y tomaron la nave.

“El carácter tempestuoso de Güemes y su vida personal desordenada –agrega Cantero– hicieron que Manuel Belgrano, comandante del Ejército del Norte, lo sacara del escenario salteño enviándolo a Buenos Aires, por considerarlo inadecuado para cumplir tareas de mando”. Pero el sucesor de Belgrano, José de San Martín, consideró que “alguien con los atributos de Güemes” era la persona indicada “para contener los embates realistas en la frontera norte, por lo que lo nombró, en 1814, Comandante de Avanzada en Salta”.

“En el Plan Continental que se iba gestando, los gauchos salteños cumplirían un papel crucial: contener los avances enemigos desde el Alto Perú y permitir a San Martín llevar adelante una campaña ofensiva dirigida a Lima a través de Chile”, explica el historiador misionero. En tanto, Artigas frenaba los portugueses al este.

“Güemes pasó a ser el referente ineludible de la revolución en Salta. Organizó un eficiente sistema de milicias, entre ellas la famosa división de Gauchos de Línea Infernales, que le permitió aprovechar al máximo las características geográficas de la región para derrotar una y otra vez a ejércitos más numerosos y mejor pertrechados”, señala.

También advierte que “Güemes no sólo fue un líder militar: en 1815 fue elegido gobernador de la Provincia de Salta. Lo cual constituía un desafío al gobierno de Buenos Aires. Hasta ese momento, y desde la época colonial, los gobernadores no eran elegidos localmente, sino designados desde la capital. Sin embargo, la necesidad de garantizar el apoyo salteño llevó al reconocimiento de Güemes como gobernador por parte del Directorio”.

“Su poder no emanaba de una designación foránea, sino del apoyo popular, especialmente de los sectores subalternos de la sociedad salteña. No se trataba de peones que seguían ciegamente a su patrón. Los Infernales eran, en gran medida, campesinos, pequeños propietarios, arrendatarios y agregados del Valle de Lerma y Cachi. Tenían objetivos concretos: consolidar la posesión de las parcelas que ocupaban, dejar de pagar arrendamientos y evitar el avance de los grandes hacendados sobre las tierras que consideraban suyas”, explica Canteros. Y agrega que era un “movimiento social de base agraria”, en el que la posesión de la tierra era tanta o más importante que la emancipación de España. 

Por su parte, Sara Emilia Mata (profesora salteña, doctora en Historia e investigadora del Conicet), sostiene: “Emerge claramente en este caso un conflicto central de la historia no sólo argentina sino latinoamericana: la puja entre campesinos y hacendados en torno a la posesión de la tierra. La patria que se estaba construyendo, ¿estaría formada por enormes haciendas latifundistas o por un conjunto de medianas propiedades? ¿Revolución política o Revolución social?”.

La Guerra de Independencia fue una guerra civil. Ambos sectores en pugna tenían en sus filas criollos y peninsulares, también indios, mestizos y afrodescendientes esclavizados que hallaron en la guerra un camino hacia la libertad. 

“Una reconstrucción historiográfica todavía está en gestación, ya que aún queda mucho camino para poder lograr una historia argentina más federal e inclusiva”, sostiene Canteros.

En tanto, el historiador Pablo Camogli, señala que “Artigas y Belgrano vivieron en un mismo contexto. Pero el oriental, como Andrés Guacurarí, vivía entre ellos y los sumaron a las tropas. Y respondían al autonomismo, no a la centralización porteña.

Belgrano fue pionero en el cuidado del ambiente y los bosques, remarcaba la importancia de la educación de mujeres y escuelas técnicas. Pero fracasó en lo militar, al ir a Asunción para invitarlos a dejar el amo español, para depender de los porteños. 

También redactó el Reglamento para los Naturales de Misiones, donde insiste en que “todos los naturales de Misiones son libres, gozarán de sus propiedades y podrán disponer de ellas como mejor les acomode”. Además impulsaba el reparto de tierras en propiedad, la libertad plena para el comercio e impulsaba el afincamiento de población blanca en los pueblos. Suprimía el pago de tributos, eximiendo por diez años todo impuesto a los habitantes de Misiones. Y afirmaba: “No está en mi ánimo desterrar el idioma nativo”, pero estimulaba el bilingüismo en los pueblos originarios. No entendió esa filosofía guaraní sobre el sentido de la comunidad, algo que fue eje del artiguismo.

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