Poco tiempo después del estreno de Dolor y Gloria, (la película más autobiográfica de su carrera) le preguntaron a Pedro Almodóvar qué importancia tiene el perdón en la historia de amor del film. “A mí me encanta la secuencia del reencuentro entre Leo (Sbaraglia) y Antonio (Banderas)”, dice Pedro. “Pero en la vida real, yo no lo habría resuelto así. Yo habría pedido más explicaciones. No soy tan buena gente como el Antonio que abre la puerta a su viejo amor y es tan cabal”. Aquella escena del reencuentro entre estos dos hombres ya mayores, que se amaron con la misma pasión que los había separado en su juventud, se me vino encima como una ola gigante mientras leía La casa frente al mar, la nouvelle de Cecilia Reviglio (Rosario, 1977) que a principios de este año publicó el sello UNR editora, dentro de la colección Confingere. 

Tuve que chequear algunos detalles con mi amigo Valentín, vimos la película juntos en un cine del centro un domingo frío de trasnoche cuando todavía se podía ir al cine. Valentín estaba convencido de que había sido ese encuentro lo que había puesto en marcha la trama que sostiene a toda la película: la enfermedad, el deseo y la pasión creativa. La casa frente al mar es, en efecto, la historia de un reencuentro y, más precisamente como señala Pablo Colacrai en el prólogo, el reencuentro de una pareja que se terminó antes que el amor. 

Con la frente marchita

Carola es profesional de la fotografía y el diseño gráfico, vive en Arroyito en una casa con jardín junto a Juan, su pareja, con quien formó una familia ensamblada.Tiene una vida apacible, satisfactoria, pero un buen día recibe un llamado misterioso desde Buenos Aires: alguien pide verla con cierta premura. Ya lo dice el tango, y no falla: “El viajero que huye tarde o temprano detiene su andar”. Del otro lado espera Rafael, el hombre que amó y al que no volvió a ver en 20 años, después de una ruptura drástica. Carola había dejado atrás esta historia mediante un esfuerzo extraordinario, y ahora tendrá que hacerle frente. 

Escrita en tercera persona, la nouvelle nos permite acercarnos a la realidad de los dos personajes, aunque el punto de vista que predomina y se bifurca, hasta casi escindirse, es el de Carola. De esta manera, en poco menos de cien páginas, y en una trama doble, Reviglio narra también el proceso de una mujer que, en su madurez, intenta conciliar el presente con su pasado que vuelve, a través de la escritura. “Va a escribir hasta el final. Con las vísceras, con las tripas, hasta la náusea, hasta el último nivel del umbral del dolor (…) porque, ahora lo sabe, no hay otra manera de dejar esa historia verdaderamente atrás. que duela lo que tenga que doler”. 

Con una prosa depurada, pulida, la nouvelle ofrece una lectura dinámica y veloz, alternando los dos planos de esta historia de amor, que también indaga sobre el paso del tiempo, el deterioro y la enfermedad, (además, Rafael, es 20 años mayor que la protagonista) y de cómo el deseo corre o fluye interminablemente como un río subterráneo debajo de un cuerpo que quiere pero que apenas puede. 

Uno de los interrogantes que deja esta ficción es la idea de que podemos dejar atrás una herida abierta, en algún rincón oscuro de la memoria y continuar, sin volver la vista atrás. 

Si acaso fuera posible, en la vida real (como decía Almodovar), cerrar una puerta tras de sí, y tirar la llave al fondo del mar. 

Esta es la primera novela de la autora, que ya ha publicado cuentos en revistas, diarios y antologías. En 2020 publicó Ojos de Galera, un libro de cuento infantil que integra la colección Cuenta Ciencia  también de la editorial UNR. De 2013 a 2016 fue miembro de la editorial cooperativa Río Ancho Ediciones, en la que cumplió, entre otras, tareas de editora.

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