La multiprocesadora logró su cuota de uso después de tumbarse a la bartola por casi un año.

El mousse de chocolate todavía no se enfrió lo suficiente. Se nota que los tiempos no están medidos.

Rallar el chocolate. Ponerlo al fuego bajo, con dos cucharadas de agua, hasta lograr una suave crema oscura. Agregar la manteca y volver al fuego hasta que se integre. Batir el azúcar con las yemas y sumarlos a la mezcla ya sin fuego. Batir la crema con el licor y echarlos en la misma ollita. Batir las claras a punto nieve. Integrarlo todo con espátula. Volcar en un bol y llevarlos al freezer. El tiempo es un misterio.

La receta vino por imagen virtual vía red social. La fotografía de un cuaderno que escribió mamá copiando de la tele u otro cuaderno. Había otra receta alternativa pero no tenía la carga ancestral que daba el puño y letra materno.

El rollo de papeles está flaco y los papeles sucios acumulados sobre la mesa. Un tercio de la botella de gaseosa, ya sin gas.

El celular con poca batería intenta sonar y cada tanto destella de luz pero se mantiene silenciado como la noche.

El control remoto está muerto de cansancio, con las teclas gastadas y las puntas melladas. Las latas de la mesa están vacías hasta de aire. El aire está vacío.

Los vasos atraen moscas y los platos acumulados en la bacha se sacuden bajo el goteo continuo que compite con el reloj por el rol del metrónomo. Hoy no han sucedido una infinidad de cosas pero fueron suficientes, dicen los sonidos memorables.

Una mujer, lejos, se ha contagiado de una enfermedad por todos temida. Las complicaciones posibles se hicieron evidentes. Aguarda su traslado a un lugar donde haya lugar para estar cuando cueste más estar.

La receta enviada por redes sociales cuenta que se indica el traslado de la mujer por neumonía bilateral, covid y diabetes. No indica los ingredientes que hicieron a tal mujer ni cómo prepararla ni el tiempo que ha de dedicársele en los procesos al que deberá sometérsela. Quizás esos detalles se inscriban en otros papeles, en otros documentos públicos o indicaciones estudiables en las casas de altos estudios en que se forman los profesionales de la salud.

Cuando compré el chocolate para el mousse que lo venden de a medio kilo y tuvo que ser salvado varias veces de los ataques nocturnos de las fieras que conviven en el domicilio declarado en los documentos públicos había también un dulce especial para aquella mujer. También en la heladera estuvo ese otro dulce hasta ahora y hasta que se defina la suerte de la pariente. También debió ser salvado el dulce de esa mujer que no puede comer cualquier dulce.

El juego del sufrimiento es lo suyo, así que debe estar regodeándose en su malestar, orgullosa y temerosa al mismo tiempo. Algo cultural, nadie podría culparla. Agitada.

El resto sí se puede culpar. Por eso es momento de rezar, aún quienes en nada creen precisan sentirse útiles y orar al dios que no existe para no sentir la culpa de no haber hecho algo, lo que sea, para alejar la muerte, sus fantasmas y anunciadores.

Hay otro tiempo para dudar de todo, si todo sale bien ese tiempo ocurrirá.

 

Fuente: El Eslabón

 

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