Yo no sé, no. Una noche, cuenta Pedro, un sonido como un chillido seguido por una voz que iba y venía lo mantuvo despierto hasta el amanecer. En un momento pensó en los marcianos de una serie que pasaban por el 7. Al otro día se enteró de que su vecina, aprovechando que se quedaba sola cuando su marido se iba trabajar, se prendía a escuchar la radio por onda corta. Victoria era de origen afro y por las noches quería pescar alguna noticia de la tierra de sus abuelos. Esa mañana le mostró una enorme radio y Pedro quedó deslumbrado, y se quedó pensando en la onda corta. En los libros, a su gomera la llamaban onda pero con h, y cuanto más larga, más alcance tenía. La otra, la de la radio, siendo más corta, más lejos llegaría.

Por esos años, la onda era el flequillo en casi todas las pibas. Su hermana, sus primas y Gracielita, la de al lado, lo tendrían por décadas. Y en materia de motos, a la Puma le aparecía una competidora: la motoneta. La marca Honda llegaría años más tarde. Los soviéticos habían lanzado la primera sonda al espacio unos años atrás, y para Pedro era una onda, con h o sin h, la que andaba por el espacio.

Estando en otro barrio descubrió un lugar fantástico: la Vía Honda, a la altura del segundo puente. Era el lugar más profundo y cuando uno estaba ahí abajo las paredes parecían, además de darle fuerza al eco de sus gritos, capturarlos. Y de vez en cuando, soltar unas ondas sonoras de algún tren que pasó o de alguno que vendrá. Transcurrían los primeros años de los setenta, la onda era un 4-3-3 en los equipazos de ñuls y de Central.

Las dictaduras agonizaban y una onda triunfal recorría la Gran Patria. En la tele, la onda flequillo retomaba fuerza con el de la novia de Rolando Rivas, Mónica (Soledad Silveyra).

Después de años intensos, de nuevo por las noches trató de sintonizar bien la radio Colonia, como si fuera de onda corta.

Con Pedro ya sabíamos que la corta tiene largo alcance cuando es onda, y llega lejos cuando es honda y profunda. Y lo pienso como instalado ahí abajo a la altura del segundo puente de la Vía Honda, escuchando trenes, pasados ecos de ayer, y sonidos de trenes que se recuperan. Y también, esperando que desde la radio reaparezca una Onda Corta donde gambetiemos los condicionamientos de una Internet manejada en gran parte por el miserable poder económico del coloniaje. Entrando a la pieza veo una vieja radio que en su espalda (la parte de atrás) una pequeña perilla nos dice que carga con onda corta. Yo espero ese momento mágico en el que pasemos de escuchar llamados a la resistencia (como alguna vez hicieron los compañeros desde las instalaciones de alguna radio de Onda Corta) a los que anuncian victorias. Victoria de la vida sobre la muerte, victoria de los sueños colectivos sobre la soledad de la derrota. Victoria con onda y honda de la Patria sobre el coloniaje.

 

Fuente: El Eslabón

 

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