Un cambio histórico en Perú, pese a las maniobras fraudulentas, las amenazas y la violencia de la derecha regional, por estos días abrumada y arrinconada por pruebas irrefutables que demuestran su carácter profundamente golpista, antidemocrático y violento. En momentos en que se investiga la actuación de Argentina, Ecuador, Brasil y Chile en el golpe de Estado contra Evo Morales, con la coordinación de EEUU, el Grupo de Lima y la Organización de Estados Americanos (OEA), en Perú ganó un candidato de izquierda que promete terminar con el neoliberalismo y la corrupción.

El presidente electo, Pedro Castillo, es un sindicalista y profesor rural de la empobrecida zona andina de ese país. Su sombrero blanco de ala ancha remite a los campesinos de Cajamarca, donde trabajó como docente y también cultivando su chacra.

Castillo es, además, un símbolo. Representa a un colectivo. Al amplio sector social de los excluidos, los ninguneados, los marginados, los invisibles, los descartables, los matables, los que son señalados por las miradas racistas y conservadoras de una derecha que combina neoliberalismo económico con los más recalcitrantes planteos retrógrados y filo-nazis.

El presidente electo resume todo lo que la derecha quiere destruir. Viene del “Perú profundo”, elegante eufemismo para designar las zonas rurales, los pueblos originarios y las regiones más devastadas por décadas de políticas de ajuste neoliberal, con un Estado al servicio del saqueo de los poderes fácticos.

El docente rural que se define como de izquierda, con todas las letras, cobra visibilidad en una época en la que tiene lugar una parodia del macartismo, y en la que el término “comunista” volvió a tener un significado despectivo, acusatorio, condenatorio.

No le será fácil gobernar. La derecha peruana, especialmente el fujimorismo, y también la derecha regional, harán todo lo posible para ponerle palos en la rueda. O algo peor. Todo dependerá de la correlación de fuerzas que se configure a partir de ahora, la unidad de los sectores populares, el apoyo del pueblo, y la integración con los gobiernos latinoamericanos que no responden a las órdenes de Washington.

Las alianzas parlamentarias serán clave. El partido de Castillo, Perú Libre, tendrá 37 bancas. La agrupación de Fujimori, Fuerza Popular, es la segunda más numerosa, con 24 escaños. El partido de centro-derecha Acción Popular obtuvo 16. Y la derechista Alianza para el Progreso, 15. Renovación Popular (derecha), tiene 13 parlamentarios; Avanza País, 7, y Podemos Perú, 5. El izquierdista Juntos por el Perú, 5; el centrista Somos Perú, también 5, y el liberal Partido Morado, 3 legisladores.

La desestabilización del nuevo gobierno ya comenzó

La amenaza de golpe es anterior a la proclamación. La insólita demora (se votó el 6 de junio y fue proclamado el 19 de julio) no fue más que una maniobra para ganar tiempo e intentar un golpe como el de Bolivia en 2019. Y una vez confirmada su victoria, las amenazas de golpe recrudecieron.

Castillo ganó con el 50,12 por ciento. Obtuvo 44 mil votos más que la derechista, que demoró la proclamación alegando un inexistente fraude en las zonas rurales. Todos sus reclamos fueron rechazados por falta de sustento.

La candidata de ultraderecha (que prometió instaurar una “demodura” para Perú), Keiko Fujimori, sufrió su tercera derrota consecutiva. Y no sólo perdió la presidencia, sino también la posibilidad de que se suspenda el juicio en el que es investigada por delitos que la podrían hacer regresar a la cárcel por treinta años. Ya estuvo dos veces con prisión preventiva, en 2018 y 2020.

El fiscal anticorrupción José Domingo Pérez, del Equipo Especial Lava Jato, pidió en marzo de 2021, tras dos años de investigación, 30 años y 10 meses de prisión para Keiko Fujimori y otras 40 personas, entre las que se encuentra su marido Mark Vito, acusadas del delito de lavado de activos. Entre otras corporaciones, los fondos procedían de la constructora brasileña Odebrecht, y fueron utilizados para financiar las campañas políticas de su partido, Fuerza Popular de 2011 y 2016.

Además, Keiko perdió la posibilidad de indultar a su padre, el ex dictador Alberto Fujimori. El 7 de abril de 2009 fue condenado a 25 años de prisión por su responsabilidad en los asesinatos de 25 personas entre 1991 y 1992. Debe cumplir condena hasta el 10 de febrero de 2032, cuando tenga 95 años

Fujimori padre fue elegido presidente en 1990 y dos años más tarde disolvió el Congreso en una suerte de autogolpe e intervino el Poder Judicial. Más tarde modificó la Constitución de 1979 para añadir la reelección presidencial inmediata, y fue acusado de fraude en las elecciones de 2000.

Keiko no reconoció la derrota de Castillo y reiteró su amenaza de golpe. Dijo que el gobierno era “ilegítimo” y llamó a sus seguidores a movilizarse contra el nuevo presidente. Tal como venía haciendo antes de la proclamación, produciendo enfrentamientos callejeros entre sus partidarios y los de Castillo. La desestabilización ya comenzó.

Castillo hizo un llamado a la unidad. “Llamo a la más amplia unidad para abrir las puertas del próximo Bicentenario. Traigo el corazón abierto para todos, aquí en este pecho no hay rencor. Compañeros y hermanos, primero está el Perú”, dijo Castillo.

“Invoco a los contendores políticos a acercarnos. Invoco a la lideresa de Fuerza Popular, a la señora Fujimori, que no pongamos más barreras en esta travesía, no pongamos más obstáculos para sacar adelante este país”, agregó el presidente electo.

“Fue una lucha de muchos años la que nos permitió esta victoria popular, va a ser un gobierno de todas las sangres, sin discriminación alguna, donde nadie se quede atrás”, señaló, al tiempo que se refirió específicamente a los pueblos originarios

“Así como nosotros confiamos en ustedes, pido la lealtad de este pueblo con nosotros, pido el esfuerzo y el sacrificio, que compartiremos juntos en este esfuerzo para hacer un Perú más justo, más digno y más unido”, dijo.

“Ustedes han hecho el esfuerzo de estar aquí, muchas gracias por esta gesta, por esta lucha. Gracias a todos los que han luchado las 24 horas del día, hombres y mujeres del último rincón de la patria, pueblos indígenas. Vamos a trabajar juntos”, dijo ante la multitud, que respondió con un: “Vamos pueblo, carajo, el pueblo no se rinde, carajo”.

“Rechazamos cualquier cosa que vaya en contra de la democracia. No vamos a permitir que se robe un centavo al pueblo peruano. Ratificamos nuestro compromiso, luchar contra la corrupción y los grandes males del país”, concluyó el presidente electo.

 

Fuente: El Eslabón

 

 

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