Camino a las Paso y al celebrar San Cayetano, organizaciones sociales reclaman salario básico universal que mejore ingresos de las mayorías populares corroídos por la inflación, condición para revertir la crisis económica en contexto de pandemia.

Desde 2016, con Cambiemos en la Casa Rosada, cada 7 de agosto, Día de San Cayetano, organizaciones sociales protagonizan una marcha de alcance nacional bajo las “banderas sagradas” que levanta el papa Francisco de tierra, techo y trabajo. En busca de una puerta de salida a la crisis socioeconómica que dejó a su paso el macrismo y que profundizó la inédita pandemia de coronavirus que no termina, este año trabajadores y trabajadoras de la economía popular antepusieron en la calle el reclamo por un salario básico universal que permita a “descartados y descartadas” revertir la creciente desigualdad y recomponer el poder adquisitivo que socava la inflación.

“El contexto social y económico es complicado y preocupante. La pandemia profundizó problemas que advertimos en los barrios desde hace tiempo. No hay margen para especular y menos en época de elecciones”, advirtió Victoria Clérici, del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) de Rosario.

El MTE es una las agrupaciones que conforman la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (Utep), junto a la Corriente Clasista y Combativa (CCC), el Movimiento Evita y Somos Barrios de Pie, y promotores de la movilización en el Día de San Cayetano, santo patrono del pan y del trabajo según la liturgia de la Iglesia católica, peregrinación de la que también toman lugar históricamente organizaciones sindicales.  

Los cayetanos, que caminan las barriadas populares y ven carencias económicas por todos lados, tienen un acompañamiento crítico para con el gobierno de Alberto Fernández, quien pondrá a prueba de votos su medio mandato atravesado por la peste, acciones sanitarias y respuestas estatales para amortiguar la crisis de impacto mundial.

Pendiente del ritmo de vacunación y atento a la curva de contagios y la amenaza de la variante Delta, el Frente de Todos encaró la campaña electoral con el foco puesto en la recuperación de la actividad económica, por el momento pausada y despareja, y también del salario, en caída libre desde la era macrista, recortado por el continuo aumento de precios, sobre todo en el rubro alimentos.

“La campaña hacia las elecciones legislativas debe tener en cuenta las demandas gremiales de la economía popular, donde el Estado tiene una enorme responsabilidad. Tenemos reclamos concretos como el salario básico universal para dignificar el trabajo y el fortalecimiento de la economía popular para salir mejor de la pandemia”, contó Clérici, la referente del MTE.

En otro año de anormalidades pandémicas, de cita con las urnas y a dos décadas del convulsionado 2001, la referente del MTE ve “algunas líneas de comparación” con la crisis de principio de siglo que terminó con el gobierno de Fernando De la Rúa.

“Si bien la situación social no es la misma, es complicada, hay muchas necesidades. Nos acercamos al 50 por ciento de la población argentina en la pobreza, por eso la urgencia de planificar y profundizar políticas para la pospandemia que contemplen a la economía popular. Se hicieron muchas cosas positivas pero no alcanzan para mejorar las condiciones de vida de los más vulnerables”, concluyó la militante social.    

Ingresos y consumo

El gobierno de Alberto Fernández sabe que para impulsar el consumo interno, motor de la economía, no basta con ampliar y extender el programa Ahora 12, sino que se necesita una inyección salarial y de ingresos populares que permita reanimar la capacidad de compra de millones de familias argentinas. Y también contener la inflación que pese a su merma sigue en un nivel alto, alrededor del 50 por ciento interanual, y todavía debe sortear las presiones cambiarias preelectorales.  

El visto bueno que el oficialismo le dio a las renegociaciones paritarias tiene esa orientación: fijar incrementos salariales en el sector privado formal en torno al 45 por ciento, puntos más puntos menos, como los recientes acuerdos complementarios en el gremio de la sanidad, albañiles de la Uocra o Empleados de Comercio, a los efectos de no perderle el ritmo a la inflación.

No obstante, el salario mínimo, vital y móvil, que tuvo una suba del 35 por ciento en siete tramos pautados hasta comienzos de 2022 y del que depende, entre otras asistencias, el salario social complementario que cobran desempleadxs, trabajadorxs informales y del mundo cooperativo, quedó muy rezagado.

En la antesala de las Paso, el gobierno del FdT adelantó que estudia reabrir la mesa de negociación entre gremialistas y empresarios para actualizar el sueldo mínimo, que ronda los 30 mil pesos, y que actúa de referencia para otros sectores. Las revisiones al alza de salarios públicos, la ampliación del alcance de la Tarjeta Alimentar y el bono compensador para jubilados y jubiladas, insuficientes ante el encarecimiento de la canasta básica, van en esa misma dirección. Igual que el incentivo estatal a la contratación de jóvenes en su primer empleo.

En el último informe de coyuntura, el Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (Mate) analizó la complejidad del escenario económico actual. “Desde que comenzó el gobierno de Alberto Fernández, los precios acumulan un aumento de 72 por ciento, en tanto que los salarios crecieron 68 por ciento”, se comparó, y siguió: “El crecimiento del salario real (que los ingresos les ganen a los precios) es condición necesaria para la reversión de la crisis económica iniciada durante el gobierno de Macri y profundizada por la pandemia”.

En cuanto a la situación del mercado laboral nacional, “se recuperaron 3,5 millones del total de 3,8 millones de puestos de trabajo perdidos en la pandemia. La mayor pérdida se dio en actividades informales”, advirtió el informe de Mate.

Desde el centro Cifra, dependiente de la CTA de los Trabajadores, señalaron: “El ingreso de los trabajadores perdió gran parte de su poder adquisitivo en los últimos años, en especial hacia el final del gobierno de Cambiemos. En el año más reciente, en el marco de la pandemia y sus efectos económicos, esa caída no se revirtió sino que, por el contrario, el ingreso laboral medio tuvo una reducción de 1,4 por ciento interanual en el primer trimestre de 2021”.

“En este escenario, la tan postergada recuperación salarial se volvió un tema urgente. Si bien los salarios comenzaron a recuperarse lenta e inestablemente desde fines del año pasado, la aceleración de la inflación de los primeros meses de 2021 amenaza con frenar esa incipiente y limitada mejoría”, explicaron.

A modo de síntesis, el informe de Cifra reflexionó: “La pelea entre salarios e inflación se dirime en los meses que restan del año, con una influencia decisiva también sobre el nivel de consumo y de actividad económica. No alcanza, sin embargo, con mantener el poder adquisitivo actual sino que el objetivo debe ser comenzar a recuperar lo perdido”.

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