La bajante del Paraná y la seca reinante, hay que mirarlas en el cielo. La cinta de humedad que circula en altura desde la Amazonía, y que mantenía el régimen de lluvias, se dañó, explica el ambientalista Daniel Verzeñassi. Y tardará 500 años en recuperarse.

El contexto de la bajante extrema del río Paraná, la sequía en la región y los incendios forestales se explican por el daño en la cinta transportadora de humedad que viaja en alturas desde la Amazonia, provocado por la constante deforestación. En el mejor de los casos, ese ciclo se restablecerá recién en 500 años, asegura el bioquímico y ambientalista Sergio Daniel Verzeñassi, quien plantea un panorama desolador que se viene para la ciudades argentinas: falta de agua potable y olas de calor extremas.

Los activistas en defensa del río Paraná y los humedales salieron este miércoles pasado en caravana náutica a remo desde La Florida rumbo al Congreso de la Nación para visibilizar el cajoneo de la ley de humedales. Las embarcaciones surcaron un cauce mermado casi a la mitad de su caudal, que ha dejado en el delta brazos y arroyos secos como casi ningún mortal vio alguna vez. Mientras tanto, hacia el sur provincial ya se comenzaron a registrar incendios. Desde la propia empresa de Aguas Santafesinas avisan a la población que debe cuidarse el recurso y plantean acciones para profundizar las tomas de agua por la histórica bajante, a la vez que advierten que el proceso de potabilización requiere más trabajo por la concentración de elementos a filtrar en menos cantidad de agua. Por otro lado, los pescadores, afectados por el parate de la actividad como medida preventiva sobre la fauna ictícola, realizaron un “pescadazo” en la plaza del Congreso para visibilizar lo que ocurre con la gran bajante del río Paraná y cómo afecta a la pesca artesanal.

Foto: Ernesto Ávila

El complejo panorama climático local no es ajeno al regional, en donde las lluvias escasean y quedan cursos de agua al desnudo. Hasta el segundo lago más grande de Bolivia después del Titicaca, el Poopó, situado en el departamento de Oruro, se terminó de secar y parece un desierto. Pero también sufren acontecimientos catastróficos en el hemisferio norte, en donde siguen prendidos miles de focos de incendios forestales en California, como en Europa, en Grecia y Turquía, mientras que en el sudeste asiatico se registran inundaciones jamás vistas, o como las que sufrió recientemente Europa, en especial Alemania. “Ya no hay países, ni centrales ni periféricos, hay un mundo que nos dice que el equilibrio se rompió”, sentencia Sergio Daniel Verzeñassi, bioquímico, integrante del Foro Ecologista de Paraná –Red Nacional de Acción Ecologista (Renace)–, y participante activo  de “Una provincia sin agrotóxicos, sin venenos”.

—Suena catastrófico que se haya roto el sistema de los ríos del cielo. ¿Qué son y qué efectos tienen sobre nosotros?

—Los “ríos voladores” es un término que se acuña desde hace más de 20 años, a partir de una investigación en la que comenzaron a hacerse vuelos de seguimiento de la humedad atmosférica, a partir de la humedad del trópico que ingresa al continente a la altura de la Amazonía y que desde allí es empujada por los vientos alisios hasta chocar con la cordillera de los Andes, a la altura de Perú, de Ecuador, en el lado oriental de la cordillera. Antes, ese proceso de invasión, por decirlo de alguna manera, de las masas húmedas del Atlántico a la zona de la Amazonía hace una descarga y una recarga por evapotranspiración de la selva Amazónica, con lo cual llega a la costa oriental de la cordillera con una carga de humedad suficiente para ir precipitando, según la altura de la masa húmeda, o depositándose por temperatura en las altas cumbres de la cordillera de los Andes que va encontrando. Ese flujo, esa cinta transportadora de la humedad, acompaña hacia al sur a la cordillera hasta encontrarse con el giro que hace a la altura de Bolivia y allí ingresa al corazón del continente, precipitando en la zona del mato grosso paraguayo- brasileño y el norte de Argentina. Todo esto está referido a las cuencas hidrográficas que después se trasuntan en ríos, y los ríos son lluvias, los ríos nacen de las lluvias y de los deshielos de las cumbres, por eso Jaime Dávalos en El Paraná en una zamba dice “hijo de las cumbres y de las selvas…”, porque las selvas son las que alimentan las lluvias y las lluvias son las que generan los ríos, y los deshielos de las altas cumbres también son parte de ese aporte de flujos a los ríos que después se conforman como ríos. 

Lo que ha pasado es que se rompió aproximadamente del 30 al 35 por ciento –hasta ahora– de la Amazonía, y eso es lo que ha modificado sustancialmente este flujo de humedales que llega con empobrecimientos muy notables a transformarse en lluvia y posteriormente en flujo o caudales del río. 

Hay un agregado, que son las selvas; en el encuentro con esa selva que van acompañando este flujo, hay también un mismo proceso de evapotranspiración que mencionamos en la Amazonía, por eso el pantanal matogrossense, la zona de los montes argentinos que han sido devastados, ya no contribuye a superar, como estábamos acostumbrados los ribereños, un proceso de inundaciones y posteriormente bajantes. Sino que este es un proceso que vino a transformar el territorio, porque ha sido transformado a partir de las deforestaciones. Y la única posibilidad de que esa bomba biótica que genera la Amazonía, de atrapar esa humedad del Atlántico, es por la selva prístina, selva que tiene diferentes estratos que generan este proceso de bajas presiones, atractivo de los humedales del Atlántico. 

¡Esto lo estamos mencionando porque lo hemos estudiado, lo hemos leído porque hay gente que lo ha escrito y lo ha difundido hace 20 años! 

Y de ahí nace el término que convoca a llamarse uno la atención: los ríos voladores, que son los ríos que transitan nuestro continente por todo este proceso único, realmente merecedor de asombro. 

Para quienes hemos sido acompañantes desde los comienzos de estas lecturas, ya sabíamos que la deforestaciones iban a traer tarde o temprano estas consecuencias, que no podíamos precisar cuáles, pero ya desde que se comenzó a estudiar el tema de los flujos humedad atmosféricos se sabía que en algún momento la ruptura de los que elevan la humedad del suelo a la atmósfera, a la parte baja de la atmósfera, iban a ser transformados en lo que estamos viendo ahora. 

Y esto solamente se recupera en 500 años, que son los que demanda la selva amazónica para recuperar lo que ha sido destruido, con el agravante de que esto no termina, porque si levantamos la mirada a lo que está ocurriendo en el cielo amazónico nos encontramos que siguen siendo alimentadas las quemas. Las tenemos a la vista de Rosario, todos los días estamos viendo las columnas de humo de ese resto, de ese final del transcurrir de esta masa húmeda que ya no descarga en los montes y selvas que teníamos. 

Como se sigue quemando territorio detrás de una producción que tampoco puede ser sacada porque también ha perdido profundidad el transporte fluvial, estamos en una situación que el propio gobierno nacional ha señalado como un escenario de catástrofe.

Foto: Manuel Costa

—A pesar de lo importante, de lo que implica este panorama, no parece estar en el centro del debate de la agenda política nacional.

—No, desgraciadamente no está en la agenda política. Pero las cosas han sido llevadas a un extremo tal que lo que hoy está en riesgo es la provisión de agua de consumo. Por eso, están hablando dentro del escenario de catástrofe para ir montando una logística que permita llegar con camiones cisterna con agua para poder asistir a las poblaciones alejadas de los cursos por los cuales se alimentaban y proveían de agua de consumo. Esto merece ser estudiado y señalar a los responsables, no para encarcelarlos y colgarlos en una plaza pública, pero sí para que se hagan cargo quienes lo provocaron, con el agravante de que esa provocación todavía no ha sido advertida, siguen sin darse por enterados. Por el contrario, están pidiendo subsidios por la sequía, están pidiendo mayor dragado para que los trenes y barcazas sigan sacando la producción a expensas de este daño. Esto es realmente una política de derrame, no se derraman las ganancias, se derraman los daños.

—Parece una política de negación cuando la realidad explota ante los ojos.

—Es inexplicable que nuestro país, junto a los otros países que están participando de esta misma problemática a partir de ser parte de esta cuenca de ríos del aire, no hayan tomado la decisión política de llevar adelante una discusión que genera a la vez un nuevo derecho internacional sobre lo que es la humedad atmosférica. Si la humedad atmosférica depende de la lozanía o de la integridad de una superficie de selvas, y de eso depende después la existencia o no de los ríos que proveen de agua de consumo, los ríos voladores, los ríos del cielo deben ser incorporados al derecho internacional, como un derecho que debemos compartir y defender los que vivimos en esa cinta de transportación húmeda, pero eso no ha ocurrido. No hemos incorporado esa mirada (internacional) necesaria, sistémica, holística de cómo funciona un sistema en una integralidad que, al desconocerla, cuando aparece el daño en un eslabón, se rompe el funcionamiento y la cadena desaparece. Y en ese escenario estamos. 

—Esto va más allá de una mera mirada ecologista, los grandes actores económicos de la mega producción agrícola, los emprendimientos inmobiliarios, todos los que en general han ignorado olímpicamente las advertencias, también se van a perjudicar.

—En realidad no podemos pretender que lo hagan o no lo hagan con conciencia. ¡Porque tenemos que establecer un derecho para que los territorios sigan siendo biohabitables! Acá el escenario que se aproxima es catastrófico. Lo ha anunciado el panel del cambio climático [El IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) órgano de apoyo científico y técnico creado por la Organización Meteorológica Mundial y el Programa Ambiental de Naciones Unidas, que el lunes pasado adelantó un informe en el que sostuvo que calentamiento global es peor y más rápido de lo temido, y que es “inequívoca” la responsabilidad humana]. Y si a eso le sumamos la continuidad de estas barbaries, estamos muy dañados. Y las ciudades deben prepararse también para eso, porque las ciudades en Argentina albergan al 90 por ciento de la población. Los próximos programas políticos de las ciudades, cuando se presenten los candidatos, tendrán que entender que los puntos principales son el agua de consumo, el tratamiento de las aguas cloacales, que se siguen tirando a un río vulnerable absolutamente, a partir de su menor caudal, y en donde no existen plantas de tratamiento. Y las ciudades con sombras, ya que el calor está produciendo muertes y enfermedades emergentes por el calor. La ciudad deberá tener también que morigerar parcialmente, hacer un proceso de adaptación a este tremendo descalabro a nivel planetario.

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