Lisandro Cavatorta, conductor televisivo de Bótelos y precandidato a concejal, cuenta por qué se lanzó a la política, y cuestiona la parálisis municipal en contraste con la agenda provincial.

El periodista Lisandro Cavatorta, precandidato a edil por Hacemos Renovación Rosario, dice que siempre lo movilizaron las cuestiones sociales y que ahora, luego de que lo convenciera el propio gobernador Omar Perotti, tomó por fin la decisión de lanzarse al ruedo político. Lo considera como una oportunidad de continuar, con más herramientas, cerca de la gente de los barrios que viene recorriendo desde hace más de 20 años con su programa de TV Bótelos. Propone que el Concejo deje de mirarse el ombligo y salga a los territorios.

Fue una de las tantas sorpresas para las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (Paso). Cavatorta anunciaba en julio pasado que dejaba el histórico envío por Telefé Rosario, ex Canal 5, para dedicarse de lleno a la campaña, que lo tiene como cabeza de lista. Además, mencionaba que para sumarse a la arena política había tenido el convite tanto del gobernador Perotti como del diputado nacional Sergio Massa. Hoy, de lleno en el trabajo proselitista y en diálogo con El Eslabón, sostiene que la ciudad necesita una transformación profunda en su legislatura, con ediles más cerca de la gente y una agenda de productivismo y empleo.

Foto: Ayelén Machado | Sur Productora

—¿Cómo surgió este salto desde el periodismo a la candidatura política?

—Yo no lo siento tanto como un “salto”, sino más como una continuidad. En algún momento sentí que el periodismo denuncia, muestra, reclama, investiga y hasta puede, a veces, cambiar algo de la realidad, pero no soluciona los problemas de fondo. Entonces, lo siento como una continuidad desde otro lugar, con más herramientas para solucionar problemas concretos de la gente. Me venía pasando: vamos año tras año a los mismos lugares y vemos los mismos problemas. En la ciudad hace mucho tiempo que se discute siempre lo mismo, y eso es frustrante. Por eso, creo que la política es la mejor manera, en democracia, de cambiar la realidad, por más que estemos cansados y enojados en algún aspecto. 

—¿De dónde viene tu interés por la política?

—Yo soy hijo de la democracia, en mi familia se hablaba mucho de política, pero está bueno pensar que también lo político no sólo es lo partidario, es la militancia pero también el club, el comedor, en el barrio, en el edificio. Hay que volver a pensar en una política mucho más horizontal que partidaria tradicional. Me parece que uno puede militar en distintos lugares, pero si te gusta la política no hay buena o mala política, hay política. Lo demás es delito o es corrupción. La política es la forma de cambiar la realidad, entonces también hay que desdramatizar y desolemnizar la política.

—¿Cuál considerás tu ADN político?

—Por supuesto que el Justicialismo y el Peronismo son mi ADN político. Es la justicia social en una fuerza que pretende transformar la realidad concreta. Que, por supuesto, es amplio, que, por supuesto, es contradictorio, que tiene avances y retrocesos y que a uno lo que lo emparenta y acerca es poner el acento en la igualdad. En la historia de la política se discutió dónde ponemos el peso, si en la igualdad o en la libertad. Me parece que el peso está en la igualdad y me gustaría rediscutir lo que tantos, como el macrismo, ponen el acento en la libertad. Cuando un chico no tiene alimentos o alguien vive en una casilla sin ningún servicio, cuando los chicos no tienen futuro porque no eligen ni lo que comen en un comedor que van a buscar con un táper, cuando sus padres no tuvieron trabajo ni ellos tampoco, no sé si hay libertad de elegir lo que uno quiere ser.

—Tu programa de TV empezó en una época de gran crisis, finales de los 90 y principios del 2000, cuando resonaba el que “se vayan todos” e incluso el nombre “bótelos” tiene un poco de esa impronta.

—Nosotros empezamos en el 99, el nombre se lo pusimos en la facultad de Comunicación Social, en un momento en el que todos estaban enamorados de la Alianza (Fernando de la Rua- Carlos Chacho Álvarez), nosotros también decíamos ahí: tengamos recaudos, y así terminó. Pero pienso que la B larga (de Bótelos) sigue vigente por todo lo que hay que cambiar, todo lo que está mal. Hay que botar a la mala política y también a los malos sindicalistas, a los malos curas, a los malos empresarios, a los malos jueces.

—¿Y cuáles te parecen los ejes de la ciudad para tratar en el Concejo?

—Hay una distancia entre el Concejo, entre la política más tradicional, y la gente y sus problemas concretos, sobre todo desde los últimos años en los que la política se empezó a ver mucho a sí misma para adentro. Me parece que más allá de los proyectos y las ideas, –porque la gente está un poco cansada de que le digan proyectos y después nunca se cumplan o no se ejecuten–, el aporte más importante, para mí, es cambiar la forma de representatividad de un concejal. El concejal tiene que ser un legislador en seis, ocho o diez temas, presupuesto, transporte, seguridad, infraestructura, basura, servicios públicos, pero sobre todo tiene que ser un gestor de solucionar problemas, atender en los barrios una vez por semana. Somos 28 concejales, hay que dividir la ciudad en 28 zonas y que cada uno atienda una vez por semana en los territorios. Más territorio y menos escritorio.

—¿Cómo analizás las actuales gestiones en la ciudad y la provincia?

—Es inevitable analizar que ambas están atravesadas por la pandemia que sacudió todo, pero también me parece que necesitás tener resultados con pandemia o sin pandemia. Con respecto al gobernador, me pasó que empezaron a suceder cosas que yo venía reclamando hace muchos años. Y comenzaron a suceder en el último año y medio. Y tienen que ver con una agenda mucho más productivista y de generación de empleo que de obra pública “linda”, que ayuda pero no cambia la matriz productiva. Un gobernador productivista en el medio de la peor pandemia de la historia de la humanidad: sale el boleto educativo, y es real, el programa Santa Fe Más, Mi Primer Empleo, la Billetera Santa Fe existe, es concreto, son unos manguitos a fin de mes que va a cada uno de los bolsillos. Y también ocurrieron cosas en la Justicia en donde hay fiscales procesados y presos, eso no venía pasando. Yo venía reclamando desde hace años, ¿dónde está la punta del ovillo en los vínculos del delito? El juego clandestino investigado con procesados, y la política también, porque nunca llegaban los vínculos del delito con la política, y hasta hay senadores citados a indagatoria. Me gusta analizar las gestiones, no por las personas sino por los hechos. Y eso no venía pasando nunca. Había una madeja difícil de desenredar y son hechos muy concretos y reales más allá de las percepciones ideológicas que uno pueda tener. Y eso, es un cambio de impronta. 

Con respecto a Pablo (Javkin) –tanto Omar como Pablo son buenas personas muy bien intencionadas que trabajan y que quieren mucho a la ciudad y la provincia–, pero siento que a Pablo, a quien aprecio, la pandemia lo atravesó mucho más que a otros Ejecutivos, me parece que se esperaba un cambio de gestión en el Frente Progresista y yo escucho a la gente que no lo está notando, que es una continuidad y que falta un poco de coraje y creatividad para solucionar los problemas de fondo de esta ciudad, que tienen que ver con los de una ciudad con más industria que servicios, que debemos construir. Veo que la agenda se redujo, se hizo muy chiquita y todavía no ha cumplido con las expectativas que tenía la gente sobre un cambio con nuevas ideas, eso yo no lo estoy viendo en absoluto.

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