Las mujeres de Afganistán se organizan contra la opresión, jugándose literalmente la vida. A través de la poesía, denuncian su situación y hablan de temas que son tabúes en esa sociedad.

Tras veinte años de ocupación militar, saqueo de los recursos naturales y masacres de civiles, EEUU abandona un Afganistán más destruido y caótico que cuando lo invadió en 2001 con la excusa de la “lucha contra el terrorismo”. Ahora el terrorismo es más fuerte y poderoso. EEUU pactó con los talibanes y les entregó el país y el gobierno, dejando a la población a su suerte. Las mujeres temen los peor con el retorno de los talibanes, quienes basan sus acciones en una particular interpretación del Islam que las considera “inferiores” y las sojuzga de las maneras más crueles y alevosas. Lo mismo ocurre en otros países musulmanes. Pero si son amigos de EEUU y la Unión Europea (UE), por ejemplo Arabia Saudita, los abusos son tolerados. Para “Occidente”, los buenos negocios están primero que los derechos humanos.

EEUU y la UE dejaron a las mujeres a merced de los talibanes. Pero pese al miedo y las amenazas, las afganas demuestran que siguen resistiendo, que continúan buscando espacios de libertad, de resistencia, de protesta, y sin creerse las mentiras del imperio. Tanto los talibanes como los invasores representan las formas más brutales del paternalismo y la dominación patriarcal. La poesía es una de las formas en que las afganas demuestran su valentía. Se organizan, en forma clandestina. Se reúnen, en total secreto y enfrentando peligros. Se conectan, y crean poemas militantes.

Ofrecen versos que denuncian la cruda realidad actual, recurriendo a una forma poética de larga tradición entre las mujeres de la etnia pastún: los landays.

Según la página del Círculo de poesía, los landays son una forma poética inserta en la tradición afgana, y en particular en las voces femeninas de la cultura pastún. Son poemas breves –generalmente de dos versos compuestos por 22 sílabas aleatoriamente distribuidas– que hoy en día se manifiestan como una forma propicia para dar seguimiento a temas como la separación, el amor, el ingenio, el erotismo, la guerra, el llamado a las armas, el lamento, la pasión o el dolor por la tierra perdida.

Tradicionalmente se cantaban en voz alta y en la actualidad retratan la imagen femenina mediante su habilidad de sintetizar un dolor común con dos rasgos que los caracterizan: la precisión y la agudeza. La palabra landays se traduce literalmente como “serpiente venenosa de cortas dimensiones”. Cabe mencionar que la mera elocución de dichos poemas representa un tabú y hasta graves represalias –principalmente sociales pero también incluso legales– en contra de aquellas que los divulguen, aclara la página del Círculo de poesía.

El pueblo pastún es un complejo etnolingüístico, mayoritariamente integrado por hablantes de lenguas derivadas de la familia irania oriental. Las grandes comunidades pastunes se concentran en el este y sur de Afganistán y en el oeste de Pakistán. Es una de las sociedades tribales musulmanas más grandes del mundo, compuesta por al menos 30 grupos étnicos principales e innumerables sub-grupos y clanes. Su población se estima en al menos 40 millones de personas entre Pakistán y Afganistán.

Reunidas en bodegas secretas

Los pastunes, que habían sido la principal fuente de militancia para la yihad, vieron como la guerra santa, auspiciada y fomentada por los yankees, condenó a la muerte, a la pobreza, a la enfermedad y al exilio a muchos de sus hombres, mujeres, niños y ancianos. Fue el exilio, la añoranza al hogar y la guerra quien trajo de nuevo la poesía para los hombres, señala el sitio Elestado.net.

Sin embargo, agrega el portal de noticias, “tan pronto como los varones recobraron la poesía como arma, las mujeres pastún hicieron lo propio, aunque desde el lado opuesto”.

Las mujeres comenzaron a cantarlos, a crearlos, memorizarlos y transmitirlos de forma oral. Ya no giraban en torno a la pasión marital o el hogar y la espera al hombre-soldado, sino en torno a los amantes, la huida, la revolución y el odio al hombre obligado a través de matrimonios arreglados, al que suelen referirse líricamente como “pequeño horrible”.

Las poetas se reúnen en lugares secretos jugándose la vida. “Nadia tiene 20 años y forma parte de Mirman Bahir (“La Tendencia de las damas”), un grupo de poetas que se reúnen en un lugar secreto de Kandahar”, señala la crónica publicada por La Gaceta Mercantil y firmada por Anuj Chopra.

Kandahar es un bastión de los talibanes, quienes gobernaron el país con mano dura y principios misóginos entre 1996 y 2001. Y ahora volvieron al gobierno de la mano de sus socios de EEUU y sus aliados.

El amor, la vida de pareja, las desilusiones amorosas o el sexo también tienen cabida en estos versos, que son auténticas hazañas en una sociedad en la que los hombres y las mujeres evolucionan por separado, asegura La Gaceta Mercantil.

Con sólo mencionar estos tabúes, Nadia se condena a una especie de muerte social. “¿Quién se va a querer casar con una mujer que escribe poemas?”, dice, citando las palabras de su madre. “En general, la gente piensa: «si escribe sobre el amor, debe ser una mujer de pocas virtudes»”

“Pena, amor e ira”. El público de la secreta bodega de Kandahar en la que se reúnen las poetas es heterogéneo. Hay estudiantes, madres y solteras envueltas en chales de colores chillones. Algunas concurren jugándose la vida. Para blindar su coartada llevan a sus hermanas pequeñas, señala la crónica, que aclara que las poetas se reúnen sólo cuando todas pueden asistir. La cita se fija por teléfono.

“Las mujeres que se atreven a cantar o a recitar poemas en público se exponen a ser tratadas de prostitutas”, explica el poeta afgano Wahid Warasta. “La verdadera prostitución está en la cabeza de quienes las llaman así”, agrega en declaraciones reproducidas en La Gaceta Mercantil.

En 2010 una joven poetisa apodada Zarmina se prendió fuego después de un altercado con sus hermanos. La habían sorprendido leyendo un poema por teléfono y creyeron que sus palabras iban destinadas a un hombre, al otro lado de la línea.

A continuación, una muestra de landays recolectados por Eliza Griswold y Seamus Murphy en la región afgana. Los poemas aparecen como artículo foto-periodístico-poético en la edición de junio de 2013 de la revista Poetry y son reproducidos por la página del Círculo de Poesía.

Me vendiste a un hombre viejo, padre,

que Dios destruya tu casa, yo era tu hija.

Hacer el amor con un hombre viejo

es como cogerse un arrugado tallo de maíz ennegrecido por el moho.

Cuando hermanas se sientan juntas, siempre alaban a sus hermanos.

Cuando hermanos se sientan juntos, venden a sus hermanas a otros.

Desafortunado tú que no me visitaste anoche,

Confundí el duro poste de madera de la cama con un hombre.

Abrázame con tu chaleco de suicida

pero no digas que no te daré un beso.

¿No hay acaso aquí un hombre tan valiente como para ver

cómo mis muslos vírgenes mis ropas han puesto a arder?

Ven, unamos muslo con muslo

Si te montas, no lloraré.

¡Ay! No me aprietes tan fuerte:

Mis senos arden por convertirme en mujer anoche.

Tus ojos no son ojos. Son abejas.

No puedo encontrar cura para su picadura.

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