Juan Carlos Rodríguez, dirigente social surgido al calor de la crisis del 2001, se presenta como precandidato a concejal por el Frente Amplio Progresista (FAP) en la lista La Esperanza en Movimiento. El postulante recuerda justamente aquella crisis  –que muchos comparan con la debacle actual por el desastre que dejó el macrismo más la pandemia– y la consideró como “grave”, pero muy lejos de un posible estallido, en parte gracias a la asistencia de los mismos movimientos sociales. “Una vez más, fuimos los únicos que estuvimos presentes en los barrios en lo peor de la pandemia”, destacó.

Durante mucho tiempo estuvo al frente de la Federación de Tierra y Vivienda (FTV). Ahora es parte de una nueva organización nacional denominada Movimiento Federal Belgrano (MFB). “Desde que hace 20 años se fundó el Frente Progresista Cívico y Social –todos saben que fuimos parte y saben del aprecio que le teníamos al ex gobernador Miguel Lifschitz–, es la primera vez que se presenta una lista íntegra de movimientos sociales. Y esto es gracias al intendente Pablo Javkin que lo permitió, en un gesto que lo distingue”, destacó Rodríguez, quien encabeza la nómina “integrada por 120 organizaciones sociales”. “Queremos que el Estado vuelva a ser el motor de la obra pública dando trabajo a nuestra gente”, plantea.

—No debe ser fácil desde los movimientos sociales presentarse a unas elecciones primarias con tanta competencia.

—Para nosotros, es fundamental. Si tomamos la decisión de presentar una lista, primero es porque entendíamos que no estábamos representados por ninguna de las otras. En esto, además, hubo una situación muy importante que nos marcó: la pandemia. Los únicos que estuvimos en los barrios asistiendo en momentos difíciles –no sólo en la salud sino en lo económico–, fuimos los movimientos sociales, porque del resto no apareció nadie, absolutamente nadie. Ni diputados, ni senadores, ni concejales, ni siquiera el Estado, que llegaba mediante el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia), pero sin la presencialidad que tenían los compañeros y compañeras atendiendo merenderos, comedores y asistiendo a la gente cuando no tenía ni para llamar al 0800 para que vengan a atenderlos. Estos 18 meses marcaron claramente la ausencia de lo institucional, lo que nos hizo recordar a lo que fue el 2000 (la crisis social) donde las organizaciones sociales también se hicieron cargo de la problemática social de ese momento. En este caso fue mucho más complejo porque nuestros compañeros y compañeras arriesgaban su vida cada vez que tenían que dar de comer o de merendar a los chicos. Por eso armamos una lista íntegramente compuesta de referentes sociales, huerteros y huerteras, vecinalistas, clubes, merenderos, comedores, todos los que estamos en los barrios todos los días. Y participamos contentos porque también esto nos permite recorrer más barrios y charlar con otros vecinos. Y podemos caminar por todos los barrios, algo que muchos no pueden hacer. 

—¿Y cómo encontrás hoy los barrios de Rosario?

—Están complicadísimos. Entre tantas cosas, faltan grandes obras de infraestructura, hay barrios de la zona sur que no tienen ni luz ni agua y eso viene desde hace cinco o seis años, tienen que caminar 250 metros para ir a buscar agua. Hay una situación social muy precaria en muchos de los barrios periféricos y lo que vemos es que no hay respuestas, no hay soluciones a la vista. Mínimamente, si no va a llegar el acueducto, ¿qué hacemos?, por lo menos que Aguas Provinciales invierta como hacen los municipios de la Costa bonaerense y pongan perforaciones comunitarias, como para que la gente tenga al menos para lavar la ropa o para bañarse. ¡Pero ni siquiera se les cae una idea para ver cómo resuelven los grandes problemas! La luz, otro de los temas, porque falta una inversión pública de la EPE y es muy fácil decir “están enganchados” y no encontrar una solución. Si ponés medidores comunitarios con tarifa plana, con los que vos no tendrías más enganchados, le dejás a la gente un servicio. Tuvimos muchos compañeros y compañeras que en estos días de frío fallecieron por inhalar dióxido de carbono (que despiden improvisados braseros para calentarse) y esto, en el 2021, no tendría que estar pasando.

—Y la gestión en pandemia, ¿cómo la evaluás?

—Yo rescato tanto la gestión nacional –por lo que hoy nos estamos vacunando millones de argentinos, protegiendo la vida–, y también rescato la gestión provincial y municipal porque esta pandemia nos puso a prueba como sociedad. Y el Estado, en el marco de la salud, estuvo presente. Hubo contención en todos los centros de salud, en los hospitales, si bien creo que tanto la provincia como el municipio fallaron un poco en lo social, en cómo mejorar en medio de la pandemia la situación de los rosarinos y se deterioró la infraestructura. Es decir, estuvo presente en lo sanitario pero faltó en lo social. Recordemos que en algún momento se llegó a pensar que repartiendo cajas con el Ejército se iba a resolver lo social. Después, rápido de reflejos, el gobierno nacional instrumentó el IFE, se terminó de instrumentar la tarjeta Alimentar y con la AUH y los ATP para los que trabajaban, se ayudó –y esto hay que decirlo–, a que la situación no estallara.

—Hay algunos dirigentes sociales que dicen que aún puede suceder.

 —No creo, y eso lo venimos discutiendo con compañeros de otros movimientos sociales. La situación es grave pero hay que decirlo claro, porque si no nos mentimos a nosotros mismos para hacer campaña: hay una situación económica que está mejorando, por ejemplo los compañeros volvieron a tener cambios en la construcción que hace 15 meses que estaba paralizada. El problema es que la rueda se mueve pero muy lentamente. Pero no es como en el 2000.

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