¿Qué pueden hacer las escuelas con lo que se aprende afuera? Con esa pregunta el antropólogo y profesor argentino radicado en México, Néstor García Canclini, abrió una conferencia convocada por la Universidad Pedagógica Nacional (Unipe) y la Internacional de la Educación para América Latina (Ieal), a fines de agosto. Puso en pregunta si era conveniente seguir hablando de una situación de pospandemia o era más ajustado llamarla de posvacuna, dadas las nuevas cepas que aparecen. Una apreciación que impacta de lleno en la escuela. “Encontramos que ciertas situaciones hacen difícil prever cómo vamos a enseñar y aprender el año próximo”, observó.

La presentación de Néstor García Canclini se dio en el marco de un ciclo de debates sobre Educación y Cultura Digital. Lo hizo de una manera tan sólida como llevadera, abriendo muchas ventanas para conocer más sobre los movimientos de estudiantes y jóvenes de América Latina, experiencias artísticas, pedagógicas y autores para seguir indagando. Pero sobre todo la invitación a cambiar las preguntas. La recomendación es acceder a la conferencia completa que está disponible en el Canal de YouTube de la Unipe. 

Néstor García Canclini es doctor en filosofía por las Universidades de La Plata y de París. Profesor Distinguido en la Universidad Autónoma Metropolitana de México e Investigador Emérito del Sistema Nacional de Investigadores de México. Ha sido profesor en las Universidades de Austin, Duke, New York, Stanford, Barcelona, Buenos Aires y Sao Paulo. Entre sus publicaciones más recientes están Hacia una antropología de los lectores y Ciudadanos reemplazados por algoritmos (Calas 2019).

Pospandemia o posvacuna

“Vivimos entre opciones difíciles. Si uno mira los periódicos de los distintos países, notamos que estamos un poco uniformados por ciertas preguntas no solo por el virus y las consecuencias sociales, sino por las preguntas con difícil respuesta que nos hacen coincidir. Estamos oscilando entre el colapso del sistema hospitalario o el colapso de la economía”, señaló al inicio de la presentación. 

“Podemos agregar una pregunta más: se habla con bastante frecuencia en distintos países de la pospandemia, que ya estamos próximos a que llegue”, dijo, y recordó los casos de Israel, Nueva Zelanda, China, que pensaron que ya habían salido de la emergencia, pero que “tuvieron que regresar al confinamiento o a medidas restrictivas porque aparecieron otras cepas, regresaron situaciones de emergencia no previstas. Estamos efectivamente en una situación que cuesta llamar de pospandemia. Me preguntaba, leyendo estas noticias, si quizás no sería más ajustado denominar de posvacunas”.

Y recordó cómo, más allá de que en la región se están recibiendo dosis crecientes de vacunas, “pese a todos esos esfuerzos, aún con dos vacunas hay personas contagiadas”. Una situación que no es sin consecuencias para los sistemas educativos. “Encontramos –dijo el educador– que ciertas situaciones hacen difícil prever cómo vamos a enseñar y aprender el año próximo”.

La educación del futuro

García Canclini citó a Umberto Eco para explayarse sobre los cambios socioculturales y comunicacionales anteriores a la pandemia, pero cuyos rasgos y dificultades se profundizaron ahora. Eco decía allá por 2013 –mencionó– que “dos características de nuestro tiempo son que ya no nos importa como antes la pérdida de privacidad y que lo que nos preocupa es la pérdida de visibilidad”.

“Ahí hay una clave que vale la pena tomar en cuenta y nos puede ayudar a reflexionar sobre qué significan las escuelas cerradas y las clases virtuales”, señaló, y recordó cómo la emergencia llevó a las y los educadores a hacerse cargo de otras culturas, que requieren de aprendizajes técnicos y salir del orden de “los pupitres en fila, todos los alumnos mirando al maestro y el pizarrón, para lanzarnos a redes digitales, plataformas, otros modos cotidianos de informarnos y comunicarnos”. 

“De pronto –continuó– tuvimos que pensar que así será la educación del futuro: de aprendizajes ubicuos, sin espacios escolares específicos y sin tiempo programado”. Y enseguida preguntó en voz alta: “Pero ¿no estaba esto ocurriendo ya? Para muchos maestros y profesores este es un escenario distópico que habría que tratar de cancelar. Y se tiende a imaginar, a veces, que el regreso a las aulas, en forma totalmente presencial, todos los días, con horarios completos, sería la cancelación o la puesta entre paréntesis de ese mundo ajeno a la escuela. ¿Realmente es tan ajeno?”.

García Cancilini no omitió señalar cómo la pandemia acentuó las desigualdades de todo tipo: “Las diferencias y desigualdades sociales, económicas y culturales se diluían, en otros tiempos, en el guardapolvo blanco o los uniformes. Hoy vemos que unos acceden a plataformas con mucha oferta y una posibilidad de ser acompañados en forma sostenida y otros tienen que arreglárselas con pocos textos impresos, o charlas por whatsapp, si es que pueden acceder, si es que pueden entender, si es que los maestros a veces comprendemos todo lo que se está movilizando en esta nueva ecología comunicacional”.

Institucionalidad performativa

El profesor trajo a la charla también una investigación actual que lleva adelante con la Universidad de Sao Paulo, sobre cómo las escuelas y las universidades son parte de la crisis general de las instituciones. “Algo que vuelve muy evidente esto es cuando nos preguntamos cómo se informan y cómo actúan los jóvenes”. “Diría –continuó– que pese al temor y hasta terror que nos produce a veces el control agresivo de las grandes corporaciones electrónicas, que nos sustraen información y la utilizan como quieren y la venden, nos venden a nosotros, nuestra intimidad, nuestra privacidad y nuestra visibilidad, hay fenómenos de los últimos tiempos que han sido muy significativos y que van en una dirección esperanzadora”.

A esa afirmación la nutrió de ejemplos de las manifestaciones dadas en los últimos años, aún en el confinamiento, en ciudades latinoamericanas y en otras regiones del mundo, protagonizadas por estudiantes y jóvenes, donde combinan las presencias en las calles con el uso de los celulares para grabar las marchas, pero también para saber cómo estar en el espacio público. 

Suma a lo anterior la constante que se suele anteponer cuando se discute sobre tecnologías y nuevas generaciones, que sostiene que éstas “estarían encapsuladas en el presente”. “No es difícil conseguir ejemplos que nos hagan pensar eso. Pero al mismo tiempo vemos que hay movimientos por los derechos humanos que enfrentan agravios acumulados en décadas pasadas. Hay nuevos sentidos de la institucionalidad cultural, social, escolar y un nuevo sentido de la normalidad, del uso del espacio urbano”, consideró, y puso como ejemplo al grupo de artistas de Chile Delight Lab. 

“Es un grupo de jóvenes que aprendieron, más allá de sus talleres de diseño, de experimentación artística, cómo en medio de la pandemia, en medio de la insurgencia, salir a la ciudad, ocupar el territorio de los altos de los edificios y decir algo de lo que están queriendo para el futuro: «No volveremos a la normalidad porque la normalidad era el problema»”. 

grupo de artistas de Chile Delight Lab.
Proyección del grupo de artistas chileno Delight Lab.

Para García Canclini, estos movimientos, marchas, agrupaciones feministas, de estudiantes, “nos están mostrando esta institucionalidad performativa, que se forma al actuar y que genera nuevas estructuras, combinaciones, articulaciones para organizarse”. 

Lecturas y saberes

Otra buena parte de la presentación Néstor García Canclini lo dedicó a analizar las preguntas en torno a la lectura, también como una posibilidad para pensar otros sentidos de hacer escuela.

Uds saben que una de las preguntas más difíciles de responder es qué es el arte. A una socióloga del arte francesa, Nathalie Heinich, se le ocurrió que lo que estaba mal planteado era la pregunta y quizás por eso era tan difícil de saber qué es el arte. Que lo que había que preguntar es cuándo hay arte, cómo se hace y cómo se comunica el arte. No qué es sino cuándo y cómo. Me parece que esto lo podemos trasladar a la lectura. No qué es leer, sino cuándo leemos, cómo y dónde leemos”. Las respuestas analizadas dan lugar a otras configuraciones diferentes a las conocidas y que reconocen el lugar de las pantallas en las prácticas lectoras.

Otra cuestión -marcó el investigador- que interesó es saber más por qué suele decirse “que ahora se lee menos, mientras tenemos estas largas horas diarias ante las pantallas”. Repasó entonces los comportamientos observados en las ferias del libro de Guadalajara que en 2020, en plena pandemia, recibió 20 millones de visitas virtuales o la de 2013 en Buenos Aires que recibió más de un millón 300 mil personas.

Según una encuesta realizada en la feria porteña, los principales motivos de la visita a la feria señalados son “el paseo y la recreación”. También que en altísimo número, en ciertos horarios, asisten adolescentes y jóvenes. Que en ese tiempo compran libros, los leen en fragmentos a veces sentados en el piso, se curiosean los stands, se hacen largas colas para escuchar a autores extranjeros. Con esos datos en mano varias ferias se han reestructurado como institución para darles un sentido lúdico a las visitas.

La invitación del investigador es a pensar que “no se va a la escuela o a la feria del libro solo a aprender sino a hacerse visibles: compartir saberes, encontrarnos con otros y hacer convivencia”.

“También en esas lecturas y escrituras fragmentarias aturdidas a veces por excesos de voces y de letras, los jóvenes nos sorprenden como líderes de opinión, instruyen a las editoriales sobre qué es lo que ahora engancha y da placer. Hoy esos estudiantes son decisivos para repensar y rehacer las escuelas”, propuso para pensar en el protagonismo que tienen la juventud en los cambios que requieren los sistemas escolares.

Ocio y recreación

Frente al modelo de educar para el uso, ¿en qué lugar queda la escuela como lugar de ocio, de educar porque sí? La pregunta llegó de una docente que asistía a la conferencia en vivo. El profesor Néstor García Canclini la celebró.

“Me gusta (la pregunta) porque entiende lo de la instrumentalización productiva que se le pide a la educación: sólo enseñen lo que después sirva para trabajar en una fábrica, en un call center o en una oficina. Es muy importante el ocio en la vida escolar, y no solo en el recreo. Es importante divertirse en el aula”, respondió el educador y rescató el “sentido creativo de la educación y del aprendizaje, el sentido útil de lo inútil, del dar espacio para jugar”.

 

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