Patricia Escudero

 

“Gestionar es hacer que las cosas sucedan”, dice el educador Bernardo Blejmar. La sensación en estos tiempos en el quehacer docente es que se hace mucho, pero los logros parecieran no ser tantos. Ya sea por culpa de las ausencias o los espacios delimitados. Y, como si esto fuera poco, si de repente un estornudo irrumpe en el salón, automáticamente es el preludio de algún nuevo clima de desasosiego. Es entonces cuando procuramos rápidamente acercar las distancias con las miradas, encontrando los gestos de expresión que, a veces, parecen uniformados debajo de los coloridos tapabocas.

Mis alumnas y alumnos cursan séptimo grado. Me quedo con la sensación de sabor a poco porque no podemos hacer un viaje ni jornadas recreativas o campamentos en donde puedan compartir, desde otro lugar, otra experiencia. O hacer un cierre de ciclo primario tan merecido. Lucen orgullosos sus remeras de egresados 2021 con sus nombres bordados y el emblema de la escuela que los representa. Pareciera que es suficiente y se sienten satisfechos, hinchando su pecho al pasar por los pasillos yendo hacia adelante.

Cuando miran hacia atrás, recuerdan las pérdidas, el duelo y la incertidumbre de otros tiempos cercanos. La angustia de la no conectividad, por diferentes motivos. Para varios de ellos marcó un antes y un después de lo que no quieren para su futuro. Les fue tangible la no protección de la escuela que los abrazaba a diario, de su espacio físico, su sonido, su gente, sus aromas en la cocina, la rutina deseada de los horarios de las materias y el recreo listo para salir eyectados al patio y al encuentro con el otro: sus compañeros, su familia en otros grados.

Algo tan impensado sucedió. Un lugar que nunca cierra, ni en vacaciones, porque también está el comedor, ese refugio contenedor dejó por unos meses de ser lugar de encuentro. Ganó la virtualidad, el silencio, la oscuridad. Eso que les decíamos a diario sus docentes: lean, escriban, pregunten, cuestionen, aprendan y sean la mejor versión de lo que desean ser, se les vino encima como un pesado adoquín en el pecho. Toda esta situación nos hizo reflexionar.

“Prioricen contenidos”, dicen que dicen los de arriba tratando de acortar la brecha digital. Y eso es lo que hacemos todo el tiempo, adentro y afuera de las aulas, con la vulnerabilidad por delante y la escasez por detrás.

Con mis chicos y chicas, pequeños grandes resilientes, somos felices por rearmar los vínculos en este impasse. Queda mucho camino aún por recorrer pero sabiendo que convirtieron todo ese dolor en hermosas perlas que hoy lucen orgullosos junto al logo de la 114, su escuela.

 

*Docente de 7° grado de la Escuela N° 114 de barrio Tablada.

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