Tensión expuesta en el oficialismo tras las elecciones primarias, un partido en juego. Caída de la participación, más votos en blanco y nulos en Santa Fe que expresan bronca y castigo. Los riesgos de transpolar comicios. El mensaje de las urnas y su respuesta.

Cuando esta nota sobre los resultados de las elecciones primarias estaba en proceso, la dinámica política post Paso se aceleró e intentó añejarla. Y, en cierta medida, lo logró. La crisis del oficialismo, expuesta a la luz pública a partir del miércoles pasado con la presentación de las renuncias de funcionarios y funcionarias fichados en el ala kirchnerista del Frente de Todos, desató la tormenta interna que continuaba al cierre de esta edición. Al tratarse de un partido en juego, sólo hay aquí algunas líneas sobre cómo se pararon los equipos, pues el match continúa. Y, después, sigue aquella nota que estaba en desarrollo.

Fractura expuesta

Lo más llamativo de lo ocurrido entre el miércoles y el jueves es, sin dudas, su exposición pública. Hay variadas interpretaciones sobre la reunión del martes por la noche en la residencia presidencial de Olivos, entre el presidente Alberto Fernández y su vice Cristina Fernández: que terminó a los gritos, que fue un diálogo civilizado entre dos aliados con matices.

La decisión del kirchnerismo de ofrecer las renuncias en masa de sus ministros al día siguiente y ventilarla en los medios, sin avisar antes al jefe del Ejecutivo, alienta como más verosímil la primera versión.

La cima de las desavenencias se habría alcanzado cuando el miércoles AF se mostró en público –en indubitable respaldo- con el ministro de Economía, el cuestionado Martín Guzmán, además del también marcado jefe de Gabinete, Santiago Cafiero (el viernes, desplazado de ese lugar, tras las modificaciones en el gabinete).

Ese habría sido el detonante para exponer en público la tensión interna mediante las renuncias de los funcionarios y funcionarias kirchneristas. La presión al presidente, de todos modos, no hizo más que obligarlo a –eso que se le cuestiona- abandonar su “tibieza” e indecisión y abroquelarse en su determinación de no producir cambios en el gabinete antes de las elecciones generales del 14 de noviembre. Lo contrario lo debilitaría pero, como se dijo, el partido está en juego.

Lo que también es indudable es que la movida de CFK sacudió la modorra oficialista –que alcanzó incluso a la CGT, movimientos sociales, gobernadores e intendente– que tuvo el domingo un resonante traspié electoral y no pareció, durante los primeros días de la semana, haberlo digerido y ahora elabora, en consecuencia, una respuesta rápida para detener la sangría. Que, en términos muy generales, sería adoptar medidas en favor de “la gente”.

El llamado de Cristina a Guzmán, el miércoles a la tardecita, en el que le aclaró que no promovía su salida del elenco de gobierno, procuró reducir las tensiones, mientras la oposición política y mediática se relamía por lo que parecía un acto de autoflagelación.

Noticia en desarrollo

Dicho lo anterior, volvamos a la nota original sobre lo ocurrido, sobre todo en Santa Fe, el domingo de las elecciones primarias.

La ubicación como cuarta y quinta “fuerzas políticas” del voto nulo y el sufragio en blanco en las Paso de la provincia son un dato singular de los comicios, que por lo demás resultaron muy parecidos a los de 2017. La caída de 10 puntos en la participación del electorado entre una y otra también es otro elemento a tener en cuenta –pandemia mediante- porque puede ser útil para la interpretación de los resultados, eso que por pereza intelectual suele denominarse “el mensaje de las urnas”, convirtiéndolo en uno y monolítico.

No tuvieron el mismo peso esos tres elementos si se toma el mapa total del país (la participación fue más alta y los votos en blanco dos puntos menos), en el que Juntos por el Cambio (JxC) consiguió triunfos en provincias que le habían sido adversas y el oficialismo, en cambio, sólo retuvo los distritos del Noroeste Argentina (NOA) y perdió, al igual que en 2017 cuando Cambiemos parecía imbatible, la nodal provincia de Buenos Aires. En términos simbólicos, aquella derrota fue más estruendosa porque Unidad Ciudadana jugó a Cristina Fernández, mientras que en esta ocasión la cara larga se le dibujó a la menos significativa –en términos políticos-electorales- Victoria Tolosa Paz. En términos reales esta caída, en cambio, no fue prevista por consultores ni por los propios contendientes, tanto el vencedor como el vencido.

¿Hubo un voto bronca en las Paso del domingo 12 en Santa Fe? Es una posibilidad a analizar en términos numéricos, si se considera que los sufragios nulos alcanzaron al 5,48 por ciento del total de los emitidos y que el voto en blanco trepó al 4,53, según el escrutinio provisorio. Es decir, cuarta y quinta expresiones más votadas. Entre ambas suman 176.027 voluntades, casi lo mismo que obtuvieron las dos listas internas a senadores nacionales del Frente Amplio Progresista (FAP), que cosecharon 183.975.

En las Paso de 2017 hubo un 1,8 por ciento de votos en blanco en Santa Fe y los nulos fueron del 2,9, mientras que la asistencia se ubicó en los niveles históricos: 75,3. El último domingo, en cambio, la participación llegó al 64,08 por ciento. La diferencia es equivalente a casi 300 mil sufragios.

Menos votos, más porcentaje

Eso permite comprender que aún con 80 mil votos menos que en 2017, las cuatro listas de Juntos por el Cambio hayan aumentado un dos por ciento su porción del total en los sufragios afirmativos santafesinos (del 37 al 39%) y el Frente de Todos, que perdió 15 mil adhesiones entre una votación y otra, haya incrementado el porcentaje del 25,9 al 29,8 por ciento.

El Frente Amplio Progresista (FAP), que quedó en tercer lugar en cuanto a coaliciones políticas en las categorías senadores y diputados, perdió 3 puntos en cuatro años en la provincia que dejó de gobernar en 2019. Por eso cayó del 14 al 11 por ciento en su participación.

Si las elecciones generales del 14 de noviembre repitieran los resultados del domingo 12 de septiembre, la representación partidaria de Santa Fe en la Cámara de Diputados se mantendría sin modificaciones, atento a que JxC renueva 5 bancas, el FdT 3 y el FAP 1.

En cambio, en el Senado el justicialismo deja dos bancas (las que actualmente ocupan Roberto Mirabella en reemplazo de Omar Perotti y la de María de los Ángeles Sacnun)y JxC una, la de Carlos Reutemann que, tras su fallecimiento, es ocupada por Alejandra Vucasovich, peronista aliada al macrismo.

De acuerdo al escrutinio provisorio, JxC alcanzó en las Paso para cargos nacionales el 39,91 por ciento (662.344 votos); el FdT el 29,80 (494.576 sufragios) y el FAP el 11,8 (equivalente a 183.975 votos).

En las primarias de 2017 Cambiemos consiguió el 37,8 por ciento con una lista única a Diputados, el FdT (que no se llamaba así sino Frente Justicialista) el 25,9 de la sumatoria de las nóminas internas encabezadas por Agustín Rossi y Alejandra Rodenas y el FAP 25,9 por ciento con Luis Contigiani.

Las Paso del domingo permitieron “ordenar” las listas, tanto en el oficialismo como en las oposiciones locales.

El gobernador Perotti ganó su pulseada, lo cual le da aire para continuar los dos años de gestión por venir, pero lo obliga también a interpretar el resultado de modo de intentar reducir los 10 puntos con los que la suma de las listas de JxC aventajó a las del FdT.

El FAP tuvo una mala elección, no sólo por el tercer lugar, sino por la magra cosecha de votos, apenas superior a 10 puntos.

JxC vio caer al elegido del macrismo, Federico Angelini, y crecer a los precandidatos radicales, Carolina Losada y Maximiliano Pullaro, que aún cuentan votos.

Bronca y castigo

Los datos ya se conocen. JxC ganó las primarias nacionales en 14 provincias y CABA, en otras dos se impusieron partidos distritales (Neuquén y Río Negro)y las restantes fueron favorables al oficialismo. En términos generales, la alianza del macrismo con la UCR consiguió el 38 por ciento de los votos y el FdT el 29.

La diferencia fue amplia, difícil de remontar en 60 días. Al Gobierno le pasó lo mismo que a varios de los oficialismos del mundo, que pagaron con pérdida de votos los efectos negativos de la gestión de la pandemia. Alberto Fernández gobernó 99 días sin ella, el resto atravesados por el virus.

Trasladar el resultado de una primaria legislativa de medio término al escenario de elecciones presidenciales dos años más tarde es, cuanto menos, temerario. El kirchnerismo perdió en 2009 en la provincia de Buenos Aires con su creador a la cabeza, Néstor Kirchner, contra el supermercadista Francisco De Narváez. Desde entonces, la prensa comercial enfrentada al Gobierno de CFK comenzó a instalar su deseo acerca del “fin del kirchnerismo”, que en las presidenciales de dos años después obtuvo su triunfo más amplio con un 54 por ciento de votos, que consagraron la reelección de Cristina.

La propia CFK perdió con Esteban Bullrich las legislativas bonaerenses de 2017, pero dos años después Mauricio Macri tuvo que dejar la Casa Rosada a manos del entramado construido por Cristina, llamado Frente de Todos, y que reunió al conjunto del peronismo.

Así estamos

El país que castigó con su voto al FdT tiene casi la mitad de su población bajo la línea estadística de la pobreza. El desempleo –que mide las personas que buscan y no consiguen conchabo- bajó dos décimas pero su ubica en un 10 por ciento, la informalidad alcanza al 35% de los que laboran, el salario de los informales –es decir, su poder de compra- cayó un 33 por ciento desde 2018, cuando Mauricio Macri se autoinfligió la crisis de deuda que, generosamente, nos trasladó a todes.

La cuarentena por la pandemia restringió severamente las changas y otras tareas de la economía popular como los cuidados de personas, el cirujeo y el trabajo doméstico, que afecta a los que menos tienen, ya golpeados por niveles de inflación que no ceden desde hace una década. Fenómeno que también afecta –aunque con menos crueldad, pero eso a quién le importa- a los sectores medios asalariados, jubilados y otros sectores de ingresos fijos.

La gestión de Fernández había comenzado, con tibieza, a remendar los agujeros que provocaron las políticas neoliberales de Cambiemos, hasta que sobrevino la pandemia de coronavirus. De todos modos, ni la IFE ni los Repro ni los ATP –que atemperaron ciertamente la debacle- parecen haber sido sopesados positivamente por parte del electorado en las Paso.

Aquella fracción de votantes que no se ata a dogmatismos ideológicos ni le “interesa la política”, y por cuyos vaivenes en las urnas dieron la espalda a Macri hace dos años por el daño que les produjo, responden igualmente ahora a AF, a quien habían elegido para repararlo.

Como el partido se juega entre dos equipos, A y B, pasan de una camiseta a la otra sin solución de continuidad. No es síndrome de Estocolmo, es como una advertencia o amenaza con el cuco, que siempre es el otro. Eso supone para el Gobierno afinar las capacidades e incrementar los recursos interpretativos para decodificar el “mensaje de las urnas”, que no necesariamente es uno.

Las consecuencias del affaire de Olivos en plena cuarentena, con la foto y el video del festejo del cumple de la compañera sentimental del presidente, así como el “vacunatorio” para allegados cuando las dosis de inoculación contra el coronavirus escaseaban, también deberían incluirse en el análisis del resultado de las primarias, porque no sólo de pan viven el hombre y la mujer.

Las idas y vueltas adjudicadas al presidente en algunos temas importantes, expresadas en decisiones que se anuncian y luego no se toman, tampoco contribuyen a construir la imagen de un jefe de Estado que posee claridad sobre el camino al que pretende dirigir el país.

Salir por arriba

Tras los resultados electorales, el debate se centró en cómo debe actuar el Gobierno para reducir la diferencia en noviembre. Y, lo que luce como más importante, cómo transitar los dos años que de gestión que le restan.

Cuando Macri sufrió en las Paso de 2019 una situación parecida, reaccionó haciendo “kirchnerismo”, todo aquello que en su discurso detestaba y venía a “erradicar”. Con medidas pro pueblo y campaña del miedo logró achicar la distancia que le había sacado AF.

¿Eso significa que AF debe hacer, ahora, políticas pro mercado, las que le reclaman por derecha? Obviamente no porque, si bien esa presión existe y quedó expuesta en la caída del dólar blue durante el lunes y el martes como expresión de la “satisfacción” de los mercados con el resultado de las Paso, la que vota cada dos años es “la gente”. Aquella a la que el Gobierno habría descuidado a pesar de sus esfuerzos por surfear la pandemia con la menor cantidad de dañados posibles.

El debate sobre cómo responder al “mensaje de las urnas”, su intensidad, dosis y modos de aplicación en un contexto híper complejo –negociación con el FMI mediante- es el que desató la tormenta al interior del FdT.

La respuesta que luce más simple y práctica es que la Casa Rosada haga “peronismo”, si por ese sustantivo se entiende la capacidad de ese movimiento histórico de transformar en realizaciones concretas las demandas populares, cuya postergación en el  tiempo parece ser el más claro “mensaje” de una buena parte de los votantes.

Néstor Kirchner asumió el 25 de mayo de 2003 con “más pobres que votos” y logró invertir esa ecuación. El camino de la construcción de una relación de fuerzas que lo permita no es lineal ni simple. Tiene contradicciones, zigzagueos y está minado de vallas móviles, interpuestas por quienes anteponen sus intereses personales o particulares a la consecución del bien común.

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