Yo no sé, no. Pedro se acuerda que teniendo 6 años estaba entusiasmado porque si bien eran mediados de septiembre, hacía un calorcito que invitaba a encarar una visita a los lugares más lindos de la ciudad. La madre le había permitido ir con su hermana y sus primas a La Florida y cuando le preguntó a su padrino qué colectivos lo llevaban, éste le contestó: “El dos diez”. Al otro día, antes de subir a dicho colectivo, leyó que al lado de el número decía: “Hasta el control”. La otra opción era el trole la Q (la Qu). Mientras su tía, su hermana y sus primas acomodaban los bolsos que contenían sánguches de milanesas, cremas para protegerse del sol, tomates, un kilo de pan y un botellón con agua, Pedro preguntó qué era “El control”. “La policía, la caminera, donde está el límite”, le respondieron. Ese año, en el mundo, JFK ordenaba el bloqueo total a Cuba, seguían las pruebas nucleares bajo tierra y Ringo se incorporaba como baterista en los Beatles. En Argentina,   los milicos echaban a Frondizi, había elecciones provinciales y el peronismo ganaba en 5, empezando por la de Buenos Aires. Las 62 organizaciones peronistas (eran otros tiempos), en un congreso, daban a conocer el Programa de Huerta Grande: “Control estatal sobre el comercio exterior, nacionalización de todos los bancos, expropiación de los latifundios de la oligarquía terrateniente, control obrero sobre la producción, desconocer los  compromisos financieros que ahogan el desarrollo nacional”. Boca salía campeón y Central terminaba entre los 6 mejores. Pasaron unos años y, también en septiembre, en el balneario Los Ángeles, de Puente Gallegos, pintó un fulbito. No sé si era la proximidad de la primavera, dice Pedro, pero el medio campo del nuestro estaba re inspirado, parecía que por momentos se jugaba con dos diez, dos creadores, dos que arriesgaban saliendo siempre para adelante. Eran los primeros años de la década del 70 y la creación con talento y audacia se hacía presente no sólo en el medio campo del fútbol. Volviendo al “dos díez” que llegaba hasta el control, una de las últimas veces que con Pedro lo tomamos fue en septiembre del 74, cuando nos reunimos con compañeras y compañeros del Superior. Las ideas y la voluntad de la militancia de la UES funcionaban como “dos díez” en nuestras cabezas: la salida siempre para adelante, con mucha audacia y compañerismo, era la conclusión a la que se llegaba.

Ayer, viendo un fulbito de unos chiquilines en la placita del fondo, Pedro me dice mirá esos dos que juegan ahí en el medio cómo la piden y cómo la juegan, qué osados que son. Si se ponen de acuerdo entre los dos, al equipo de ellos le irá bien. Hace un silencio y me dice: eso hay que hacer, si te da el cuero como para creerte un diez y en tu equipo hay otra u otro con audacia y talento de un diez, hay que ponerse de acuerdo. El tiempo de jugarla con doble cinco ya fue, de aquí para adelante seguir con un dos díez es posible y necesario. Levanta la voz, como para que lo escuchen los pibes, y remata: “La patria necesita audacia, necesita”. Y en voz baja, agrega: “¡Entre otras cosas!”.

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