El Frente de Todos hizo anuncios en tono de relanzamiento y con eje en la economía: aumento adicional para el salario mínimo y suba del piso para Ganancias. Recursos, precios y proyecto de país.

Después de la tormentosa semana política vivida tras el efecto derrota en las elecciones primarias, con recambio ministerial entre heridas y equilibrios para mantener la unidad y con el hashtag “darla vuelta”, el gobierno del Frente de Todos se mostró revitalizado y empezó a activar medidas destinadas a apuntalar ingresos y salarios, en un contexto de crisis socioeconómica que la pandemia profundizó.

El proceso de recuperación de la economía, lento y desparejo, sigue sucediendo aunque la prolongada caída del poder adquisitivo limita la mejoría. Tal repunte no alcanza a las mayorías populares. La recomposición del salario real, carcomido por la inflación que multiplica pobres e indigentes, es una de las necesidades sociolaborales más urgentes para empezar a salir de la crisis, junto a un mayor impulso para la actividad, el empleo y la demanda en el mercado interno.

No obstante, la tardía expansión del gasto público (o, como se dice, “poner plata en el bolsillo”) corre riesgo de quedarse a mitad de camino si el gobierno nacional no logra moderar aún más la suba de precios de los alimentos y otros bienes de consumo básico, que, como la historia demuestra, se disparan sin control cada vez que se inyectan más recursos a la población. 

Además de la suba adicional para el mínimo vital y móvil convenida en el encuentro anticipado del Consejo del Salario para intentar empatar o ganarle con lo justo a la inflación, el gobierno de Alberto Fernández determinó un nuevo aumento del mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias que tributan asalariados en relación de dependencia, piso que se eleva de 150 mil a 175 mil pesos. La medida beneficia a más de 1.200.000 trabajadores formales, el 10 por ciento ubicado en la parte más alta de la escala salarial. El decreto, según el gobierno, se basa en mantener la relación entre Ganancias y la evolución de salarios en paritarias.   

En su etapa de reconstrucción pos Paso, con nuevas caras en el gabinete presidencial y flexibilizaciones en cuidados sanitarios, el oficialismo prepara otros anuncios económicos mientras negocia con el FMI (y también paga) la pesada deuda que dejó la administración macrista. Al cierre de esta nota estaban en gateras un bono jubilatorio (la jubilación mínima es de casi 26 mil pesos, por debajo de la línea de indigencia), créditos a la economía popular y también la posibilidad de un subsidio al estilo Ingreso Familiar de Emergencia o Ingreso Universal para trabajadores informales, desempleados y beneficiarios de prestaciones sociales. “Ojo con las medidas de corto plazo”, advirtió Máximo Kirchner en una entrevista radial.

Diga (en cuotas) treinta y tres mil

El gobierno convino con la CGT, las dos CTA y cámaras empresarias volver a elevar el salario mínimo, vital y móvil, que pasará de 29 a 33 mil pesos en tres tramos, algo así como media canasta básica de pobreza. “Falta, pero dimos un paso hacia la recuperación del salario mínimo”, tuiteó el diputado nacional y secretario general de la CTA de los Trabajadores Hugo Yasky. El mismo día del anuncio, organizaciones sociales opositoras al FdT se movilizaron en la ciudad de Buenos Aires en reclamo de un salario mínimo de 70 mil pesos. 

El aumento anualizado para este ingreso guía, que impacta en empleados registrados, en el mundo del trabajo informal y cooperativo, los sectores más castigados, totalizará en febrero del año que viene un 52,8 por ciento contra el 35 por ciento acordado en la primera revisión de este año, cuando el Ejecutivo estimaba una inflación del 29 por ciento, que quedó desactualizada con la aceleración de los precios y obligó a revisar acuerdos paritarios.  

El salario mínimo sube 9 por ciento y llega a 31 mil pesos este mes, aumentará otro 4 por ciento hasta 32 mil en octubre y otro 3 por ciento en febrero de 2022 para llegar a 33 mil pesos. La inflación proyectada para todo 2021 es de alrededor de 50 puntos, según mediciones del Indec. Tanto salarios como jubilaciones vienen sufriendo una poda en su capacidad de compra por la remarcación incesante de los precios desde la gestión macrista, que se fue con inflación récord.

Debate que no se gasta

Uno de los debates más calientes al interior del Frente de Todos se refiere al gasto público y su dirección. Otra cuestión, aunque con discusión más apagada, tiene que ver con atender urgencias pero, a la vez, con una agenda que haga eje en la economía y que trascienda el objetivo electoralista de cara al 14 de noviembre, al tiempo que asoman otros asuntos más estructurales, de proyectos de país, para afianzar una remozada impronta a la gestión hacia el lejano 2023 y más allá.

En uno de los párrafos de su meneada carta abierta, la vicepresidenta CFK habló de ajuste fiscal con impacto negativo en la actividad económica y en la sociedad, con consecuencias electorales, al tiempo que señaló que alrededor de la mitad del déficit calculado para este año, con pandemia y crisis, todavía no fue gastado. El ministro de Economía Martín Guzmán sostuvo que no hubo ajuste sino reducción del déficit vía crecimiento de la recaudación por el impacto de la recuperación económica y una política fiscal expansiva.

Según un análisis de la ejecución presupuestaria de 2021 elaborado por el  Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (Ceso), datos oficiales reflejan que a julio el déficit primario (es decir, excluyendo pagos por intereses de la deuda) era de 0,7 por ciento del producto bruto interno, lejos de la meta del 4,5 por ciento establecida para todo el año. Así, la discusión sobre el proyecto de Presupuesto 2022 que ingresó al Congreso se presume acalorada.

El economista Andrés Asiain, director del Ceso, consideró: “La economía, con un moderado programa para un período excepcional, influyó en las elecciones, pero no es el único factor. El debate profundo en el Frente de Todos debería ser no cuánto aumentar el gasto, sino cuál es su modelo de desarrollo viable para el siglo XXI. Poner plata para generar un boom de consumo y una reactivación económica puede ser una discusión sana pero limitada en un mundo que cambió. Las medidas desesperadas antes de las elecciones pueden derivar en el corto plazo en otros problemas, como falta de dólares y presiones devaluatorias. Hay que enfocar el gasto a sectores que generen empleo”.

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