Yo no sé, no. Pedro, con 6 años, se acordaba cuando por la mañana en la esquina de Pellegrini y Callao subía al 102 para ir a la Ortíz y Ocampo –dónde hizo primer grado– y le mostraba al chofer el pase escolar, un carnet que tenía su foto y con el que se había pagado los boletos del mes de antemano. Si bien en la foto no estaba serio ni contento, la sonrisa le aparecía en la cara cuando el chofer lo miraba para confirmar su identidad. Ese carnecito era su primer documento personal.

Empezaban los primeros calorcitos y su hermana y sus primas pensaban ya en la pileta de Ñuls, en la que habría que hacerse socios. Pedro estaba un poco inquieto: su padrino lo había hecho de Central, así que al final lo llevaron como invitado.

Ese año, Argelia se independizaba de Francia, se incrementaban los atentados terroristas de EEUU en Cuba, y los responsables tenían el carnet de la CIA. En el cine aparecía el primer 007 y Pedro esperaba que la pasaran en algún cine cercano, ya que con su amigo Josecito tenían pensado entrar mostrando, con caras de serios, el carnet pase del 102.

Teniendo ya 12 años, no veía la hora de tener la Cédula de Identidad para inscribirse con los pibes del barrio a cuanto torneo de 12 para arriba pintara. Cuando por fin lo tuvo, se lo mostraba a su abuela, sólo para oírla decir: “¡Qué lindo hombrecito salió en la foto el nene!”. Pedro pensaba: ojalá esas pibas de séptimo piensen lo mismo.

Cuando cumplió 14, ante el fotógrafo tenía que poner cara como para documento, no se podía reír ni salir con cara de amargado. Tenía que poner cara de alguien que está a punto de sonreír: era para el carnet de Central, con el que podría disfrutar desde la popular a aquellos jugadores del Canaya, y también ganaría la playita de Avellaneda y el río.

Cuatro años después, lo esperaba el DNI. Para ese documento necesitaba otra foto y el mismo requisito: serio. Y de nuevo Pedro pensaba: ojalá que salga con una cara a punto de sonreír porque, aunque eran años convulsionados, los sueños estaban intactos, siempre a punto de sonreír.

El otro día, viendo cómo algunas pibas y pibes se ponían al día con los DNI para tramitar el turno de vacunación contra el covid para menores de 18, Pedro me dice que la foto de los nuevos DNI tendría que ser con una sonrisa por aparecer, porque hoy más que nunca, pese a todo lo que nos falta aún por recuperar, lo que se necesita es ese instante que dé testimonio de que la Patria es nuestra identidad. Una Patria con un Pase (carnet) a esa sonrisa siempre por aparecer.

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