Yo no sé, no. Desde su triciclo, Pedro veía llegar al pibe de la bici con un canasto adelante repleto de pequeños paquetes, y se decía: “Cuando me compren una bici voy a repartir paquetes”. Al pibe de la bici en cuestión lo vió aparecer más de cuatro veces en un rato, como si estuviera dando vueltas a la manzana; en realidad era el cadete de la farmacia de la vuelta, y Pedro se decía: “Este trabajo es fácil”.

Ese año, un astronauta yanqui daba tres veces la vuelta a la tierra en cuatro horas y pico, menos vueltas que el cadete en bici y sin ningún paquete. También ese año canonizaban a Martín de Porres y se convertía en el primer Santo Negro.  

En el Mundial de Clubes, el Santos de Pelé (que no eran ningunos paquetes con la redonda) se imponía ante el Benfica. Los ingleses ponían en pantalla a Simon Templar, El Santo. Entre su 007 en la pantalla grande, y El Santo en la chica, los británicos se quedaban con todo el paquete de audiencia y espectadores.

Ese fin de año hubo menos regalos: la política de Alsogaray, con su paquete de ajustes en lo económico, se hacía sentir en casi todos los bolsillos. Al finalizar el año siguiente, Pedro cargaría paquetes pero de mudanza.

En el nuevo barrio, los pibes eran expertos en cazar ranas, remontar barriletes y jugar a las figus y a las bolitas –tanto al cuadrado como al opi–. Él, para todo eso, era un paquete, y como tal lo trataban, salvo cuando pintaba un partido a las cabezas. Con la de goma había aprendido a cabecear y también, de tanto patio, se las rebuscaba para tirar paredes. Y por eso lo aceptaron en seguida. Juárez dejaba Central y Raúl, el hermano de Carlos, se guardaba la figu con la cara del Gitano. A ver si lo reemplazaban por un “paquete”, le decía a Pedro.

Pasaron unos años y, tanto en sexto como en séptimo, a la escuela llevaba las carpetas y un libro en la mano. Había dejado el portafolio de cuero atrás, ese que siempre a la vuelta de la escuela se transformaba en un paquete a revolear. Y como había que hacerse el lindo y el grandecito con las pibas, el portafolio sólo lo acompañaba los días de lluvia.

En octubre del 73, el gobierno de Nixon empezaba a deteriorarse, Israel ganaba la guerra contra la alianza Árabe y por acá, el general Perón asumía su tercer mandato como Presidente y el pueblo esperaba un paquete de medidas económicas, sociales y políticas, que reafirmaran su identidad peronista beneficiando a los más necesitados.

El otro día, mientras mirábamos la tele de un negocio del barrio, Pedro me dice: “En cualquier momento anuncian un paquete de medidas. Ojalá no se demoren y que tengan impacto en lo inmediato, en la economía familiar, y que los paquetes dentro de los bolsos de los mandados vuelvan a aparecer, que los paquetes con útiles escolares dejen de ser artículos de lujo, que los paquetes con regalos se vuelvan frecuentes. Para eso hay que tomar medidas usando la cabeza y… (hace un silencio porque ve a una pibita ayudando a una mujer grande con algunos paquetes, y los dos recordamos a esa pibita de enfrente de casa ayudando casi de prepo a la madre de Pedro con algunos bolsos y paquetes)… usando la cabeza y el corazón, porque cada vez que se hizo, hubo Patria para todos.

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