La popularidad de la Canciller. Quién es Olaf Sholz. Cómo funciona la economía germana. Su sistema financiero. El vínculo con Europa, en medio de la tensión. La nueva-vieja fractura: Londres y Washington vs Berlín y París. China y Rusia ofrecen realidades.

Cuando la política estatal coincide con el interés geoestratégico, el respaldo masivo se hace sentir y los indicadores económicos muestran vigor. Aunque la observación pueda ser comprobada en varias naciones emergentes, también se encuentra, a la vista de todos los que quieran mirar, en una potencia tradicional de un mundo Occidental que dista de ser un bloque sólido. Alemania, no sin dificultades, está zanjando la crisis financiera y la embestida de la pandemia. Lo hace, además, con fórmulas demonizadas por especialistas económicos y medios internacionales.

Las elecciones

El vencedor de las elecciones realizadas el 26 de septiembre pasado, Olaf Sholz, del Partido Socialdemócrata, fue en dos oportunidades ministro de la jefa de Estado democristiana Angela Merkel, en espacios clave: Trabajo –lo cual le permitió, en concreto, la consolidación de vínculos confiables con los sindicatos- y Finanzas –desde donde ejerció el control que la estructura gubernamental germana despliega hacia las instituciones crediticias-. Su campaña estuvo vertebrada sobre la garantía de continuidad y hasta incluyó imágenes del candidato realizando los mismos gestos de Merkel.

En comicios muy reñidos, el segundo lugar quedó para Armin Laschet, de la Unión Demócrata Cristiana, el partido de Merkel. Aunque desde un año a esta parte el candidato oficialista tejió su trama de respaldos internos, el trazo grueso de la opinión pública lo consideró “a la derecha” de la Canciller y portador de un mensaje conservador, por momentos contrastante con la energía emanada por 16 años desde la primera magistratura. Sin embargo, aquí también la promesa de continuidad fue esencial: De hecho, Sholz logró 11.949.756 de votos y Laschet 11.173.806.

La escueta diferencia derivará en una secuencia de negociaciones que también incluirán a las dos formaciones subsiguientes en la formación del nuevo gabinete.

El tercer puesto fue para el Partido Verde. Con 6.847.742 sufragios, su candidata Annalena Baerbock, aunque políticamente distanciada de la gestión democristiana, enarboló su admiración por Merkel como bandera: Dijo que aspiraba a parecerse a la Canciller mientras su corriente buscó instalar en el electorado la idea del surgimiento de una “Merkel Verde”. La frase resonó y contribuyó –junto al planteo ecológico– a que una parte de la juventud le entregara su apoyo. Es posible rastrear allí la diferencia que no pudo contener Laschet, con su sobria imagen de político tradicional.

Más atrás quedó el Partido Democrático Libre, una conjunción proclive al libre mercado y a la versión más intensa del capitalismo sin restricciones. En ese flanco no hubo grandes halagos para la jefa de Estado aunque sus referentes se cuidaron de salir a impactarla. Esta fuerza se alinea con Renovar Europa, y participa en la Internacional Liberal. La usina de conceptos radica en la Fundación Friederich Naumann. Alcanzó los 5.316.560 votos.

Con 206 bancas en el Bundestag el Partido Socialdemócrata posee el derecho de iniciar las discusiones para integrar una alianza de gobierno. Desde el edificio Willy Brandt, epicentro de la vertiente, Sholz ya envió sus cuadros a dialogar con las tres fuerzas citadas. Si no se registran novedades sorprendentes, será el próximo Canciller. Sin embargo, Laschet anunció que los acuerdos deben ser muy sólidos, pues de otro modo se postulará para el cargo presidencial amparado en la escasa diferencia de sufragios con el vencedor. Vale recordar que la lógica política alemana admite la posibilidad, al tratarse de un comicio indirecto. En principio, los Verdes aceptaron la convocatoria al diálogo mientras los Liberales tomaron distancia; de hecho, consideran que las tres instancias mayoritarias impulsan programas que, con variantes, califican de populistas.

Esta cuarta fuerza electoral efectuó su campaña en base a la propuesta de implantar un ajuste fiscal, “modernizar” el país y disminuir la presencia estatal en la vida económica alemana. Un discurso conocido por los lectores de esta secuencia informativa. En línea, los medios concentrados de todo el orbe preparan sus cañones. Nadie ignora que el 65 por ciento de los alemanes que concurrieron a las urnas escogieron un modelo productivo con prioridad para las empresas medianas y cooperativas, con participación sindical en la elaboración de los programas económicos y un férreo control gubernamental para los bancos y los inversores externos.

(Pensar que por estas horas, tirios y troyanos insisten en la derechización del electorado urbi et orbi).

Con sesgo conmovido por el dolor, el diario La Nación se preguntó, al conocer los resultados: “¿Y si los alemanes se hubieran vuelto personalistas como el resto de los electores del mundo?”.

El ganador

Al igual que El País, CNN y The Financial Times, entre tantos, el medio argentino se lanzó a entrevistar electores tras el comicio y halló respuestas como esta: “¿Por qué lo voté? Porque después de 16 años de Angela opté por la seguridad y la continuidad. La respuesta de Inge Ikon, empleada en una casa de comidas ´healthy´ en el corazón de Berlín, puede dejar perplejo. ¿Continuidad? Pero Scholz no pertenece al partido de Merkel… Pero está mucho más cerca de ella que Amin Laschet, que no le llega ni a la suela de los zapatos, dice con sinceridad”. Qué problema ¿no? añade este analista.

El socialista Olaf Scholz, de 63 años, empezó a militar a los 17. Integra el Bundestag desde hace 23. Fue Ministro de Trabajo de Merkel durante la crisis financiera y después ministro de Finanzas y Vicecanciller en los últimos cuatro años. Como la líder germana subió al caballo gubernamental por derecha y bajó por izquierda, Sholz evaluó que, sin modificar su concepción, podía erguirse en el heredero de la actual jefa de gobierno. Así lo transmitió: sus afiches de campaña lo mostraron realizando el gesto tradicional de Merkel, con sus manos formando un rombo.

Conoce las imputaciones de quienes se posicionan como guardianes del ideario liberal. Tras un período de vaivenes durante el cual Sholz pareció transigir con las exigencias fiscalistas, reorientó su perfil. En marzo de 2020, como ministro de Finanzas, anunció un misil de 1,1 billones de euros para sostener el mercado interno, evitar el cierre de empresas locales y resguardar el nivel de empleo durante la pandemia. Esos medios internacionales arreciaron en su contra, calificándolo como ardiente keynesiano listo para gastar a diestra y siniestra.

Claro que esas críticas se deslizaron tenuemente en el seno de la potencia teutona, pues el sistema comunicacional es múltiple, no monopólico, y el público influye en la elaboración de los mensajes a través de una trama federal bien equilibrada. No es fácil crear allí “climas” de catástrofe como los que conocemos por estas playas. “Frente a sus adversarios, Scholz supo ganarse una incomparable simpatía en los alemanes, que lo identificaron rápidamente con Merkel”, estimó el diario Die Welt pocas semanas atrás.

La economía

La historia alemana explica una parte de los logros recientes. Como suele suceder, no alcanza para narrar todos los acontecimientos: No siempre los gobernantes estuvieron relacionados adecuadamente con los intereses básicos. Pero algunos apuntes ameritan consideración. Hace tiempo ya, en 1871, la unificación nacional conducida por Bismark congregó 27 territorios que se habían desarrollado aceleradamente y de forma autónoma durante la revolución industrial. Así surgieron las Mittelstand (empresas pequeñas y medianas) que, como explicamos oportunamente, conforman el 95 por ciento de la economía alemana.

Los analistas que van a fondo, lo admiten: “A diferencia del modelo anglosajón centrado en la maximización de la rentabilidad para los accionistas (objetivo de corto plazo), las Mittelstand son estructuras familiares con planes a largo plazo, fuerte inversión en la capacitación del personal, alto sentido de la responsabilidad social y fuerte regionalismo. Alemania es especialmente fuerte en empresas que tienen unas 100 o 200 personas. Con una característica adicional. A pesar de su tamaño, muchas de estas empresas compiten en el mercado internacional y son exportadoras”, explicó a la BBC Sebastián Dullien, economista alemán del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores.

En efecto, Alemania ha estado entre los tres primeros exportadores mundiales en las últimas décadas, prueba de la eficacia de este sistema para competir a nivel mundial con productos tecnológicamente complejos y una fuerza laboral altamente calificada y bien pagada. Mientras el comercio mundial está dominado por multinacionales que representan un 60% de todos los intercambios globales, en Alemania las Mittelstand conforman un 68% de las exportaciones.

Eso no es todo. Dullien enfatizó que el consenso y la cooperación están presentes en todos los estamentos de la economía: “En el centro se encuentran los sindicatos y la patronal que coordinan el salario y la productividad teniendo como meta el aumento real del salario y el mantenimiento del empleo. La integración es tal que por ley los sindicatos están representados en la junta directiva de la compañía a cargo de las decisiones estratégicas”. Cabe añadir que la estructura impositiva es progresiva: pagan más los que más tienen, y no se admiten exenciones para multinacionales que buscan asentarse en el país.

El lector se preguntará ¿Cómo pueden hacerlo con un sistema financiero de rapiña como el que ha desatado la tromba del 2008? Este periodista indagó al respecto.

El sistema financiero

El modelo bancario alemán es mixto (depósito y crédito comercial, y participación directa en el negocio financiero industrial) y universal (incluye todas las operaciones). Alemania cuenta con 1.717 entidades de crédito. Sin embargo solamente 275 de ellas son privadas con fines de lucro. Existen 844 cooperativas de crédito -Kreditgenossenschaften- y 380 cajas de ahorro -Sparkassen- . Hay además 6 bancos públicos regionales, denominados Landesbanken, que ejercen la función de cámara de compensación de las cajas de ahorro del Estado o región en que actúan. También funcionan como banco público de la zona y ejecutan los aspectos crediticios de las políticas de fomento.

Las Cajas de Ahorro se guían por el principio de territorialidad, de acuerdo con el cual sólo ejercen actividad bancaria en su ámbito. No pueden ser compradas por los bancos privados. Las fuerzas liberales cuestionan lo que evalúan una excesiva fragmentación, que vendría a perjudicar la competitividad del sector; la mayoría de los germanos, no las escuchan. A pesar de roces e insistencias del Banco Central Europeo para “liberalizar” el esquema, persiste firme la autoridad monetaria que ejerce el Deutsche Bundesbank. Del Bundesbank dependen 11 Bancos centrales regionales, Landeszentralbanken, que supervisan los mecanismos de pagos, ejecutan la política monetaria en sus respectivas jurisdicciones y se relacionan con las distintas administraciones (federal y regional) y con los institutos de crédito.

La inspección bancaria corresponde a la Oficina Federal de Supervisión de los Servicios Financieros, Bafin (Bundesanstalt für Finanzdienstleistungsaufsicht), dependiente del Ministerio de Finanzas. En base a la Ley de Supervisión de Servicios Financieros (Finanzdienstleistungsaufsichtsgesetz) centraliza las funciones de control, no sólo del sistema bancario, sino también del sector asegurador y de los mercados de valores. En estas breves líneas está una fase decisiva de la respuesta al interrogante.

¿Un dato más? Fíjese: El gobierno tiene representantes en estos bancos para garantizar principios rectores de su política crediticia, entre los cuales se destaca el mantenimiento del empleo. Un banco alemán no tiene permitido financiar  actividades que generen despidos.

Alemania y China

Europa y China suscribieron, a comienzos de enero, un pacto económico que llamó la atención. Involucraba elaboración de manufacturas, servicios financieros, bienes raíces, construcción y servicios auxiliares al transporte marítimo y aéreo. De hecho, implicaba la apertura de zonas del gigantesco mercado asiático a firmas del Viejo Continente. En esta saga lo titulamos “El acuerdo menos previsto. El acuerdo más pensado”. Se concretó días antes de la asunción de Joseph Biden, y eso tuvo mucho sentido; meses después, la coalición Londres – Washington tensionó para desmembrar o acotar el pacto.

Los argumentos presentados por los objetores en los días recientes están trillados, pero como en el mundo financiero global y en sus medios de difusión no incomoda ese detalle, cobraron inusitado vigor. Desde viejas acusaciones contra China por lo ocurrido en la Plaza Tienanmen hace tres décadas hasta los derechos cívicos de la minoría uigur en la provincia de Xinjiang, sin olvidar críticas del virtuoso Occidente a las políticas medioambientales y laborales en los pagos de Mao. Desde Bruselas surgió otro cuestionamiento que vale citar: El subsidio estatal chino para las compañías que participan en las áreas imbricadas en el acuerdo.

¿Por qué cabe mencionarlo? Para raspar, aunque más no fuera levemente, en estas modestas líneas, la hipocresía. Mientras las firmas monopólicas occidentales trasladan en su beneficio los recursos sociales a través de sus socios o empleados en los Estados, tienen el tupé de declamar libre mercado y, a un tiempo, estimar que China efectúa competencia desleal por derivar fondos públicos al sostenimiento de sus empresas. Los chinos conocen desde hace rato, gracias a la perspicacia conceptual de su legendario líder, que la aseveración de Juan Domingo Perón es una verdad incontrastable: “La economía y el libre mercado son sólo afirmaciones para el consumo de los tontos e ignorantes. La economía nunca es libre, o la controla el Estado en beneficio del pueblo, o la controlan las grandes corporaciones en perjuicio de éste”.

Más allá de las incursiones históricas, retomamos el eje del artículo: Alemania y Francia pretenden la ratificación del acuerdo. El contraste Berlín – París con el tándem Londres – Washington se está haciendo intenso. Este 2021 permitió registrar un dato de interés: China fue el socio comercial más importante de Alemania por quinto año consecutivo. En tanto, se constituyó en el tercer vínculo en importancia para los galos. Cuando los gobiernos de ambos países sacan cuentas, las adjetivaciones propagandísticas se diluyen y las soluciones concretas alcanzan una potencia singular.

Alemania y Rusia

Otro factor sensible queda planteado en el vínculo entre Alemania y Rusia. La gran obra de abastecimiento Nord Stream 2 viene siendo bombardeada políticamente desde los Estados Unidos y sus aliados en la Unión Europea; el gran invasor se muestra escandalizado por las restricciones a las libertades cívicas en la potencia euroasiática. La estación de gas natural Lubmin 2, a pocos cientos de metros de la costa báltica alemana, ya está lista. En la ciudad de Greifswald, el gasoducto Nord Stream 2 toca tierra alemana y se conecta con la red del país. Desde allí se distribuirá el gas ruso, evitando el paso por Ucrania.

La construcción de la línea terrestre desde el Mar Báltico a la frontera con República Checa costó cerca de tres mil millones de euros. Es uno de los mayores proyectos de infraestructura del planeta. Para entender el interés germano y de tantos más (sobre todo Austria, Francia, Estonia, Finlandia y Lituania) es preciso recordar que bajo el mar Báltico un gasoducto ya recorre 1.230 kilómetros entre Rusia y Alemania para transportar gas a Europa desde 2012. El reciente viernes 10 de septiembre, su hermano gemelo, el Nord Stream 2 se convirtió en realidad.

Pese a estar terminado, habrá que esperar a algunas homologaciones y el resultado de los intensos debates para poder bombear gas a su través. El consorcio que construyó el Nord Stream 2, formado por la super empresa rusa Gazprom junto a la francesa Engie, las alemanas Uniper y Wintershall, la austríaca OMV y la anglo-holandesa Shell, quiere poner en funcionamiento el gasoducto antes de fin de año. El mismo tendrá una capacidad de 55.000 millones de metros cúbicos de gas al año, lo que duplicará la capacidad de bombeo desde Rusia y generará una ligazón profunda entre la nación orientada por Vladimir Putin y vastas regiones europeas.

El problema de los objetores radica en que no ofrecen relevo equivalente a semejantes volúmenes. Norteamericanos y británicos están exigiendo a Alemania, Francia y tantos más que resignen el combustible esencial para combatir el frío y alimentar zonas industriales a cambio de declamaciones en defensa de la democracia liberal. Hasta ahora Merkel intentó salir hacia adelante elevando una somera protesta por los contenidos del canal de YouTube ruso RT, mientras insiste, junto a Putin, que Nord Stream 2 no configura una acción política sino una obra de ingeniería destinada a fines comerciales.

Realidades

Los mares de nuestro planeta guardan secretos que aún necesitan develarse. Es preciso conocerlos; allí surgió la vida, allí se desplaza el poder.

Sholz, ducho en los sótanos de las democracias occidentales, no tiene la menor intención de desandar los caminos que le facilitaron el equilibrio y la victoria en medio de las tormentas.

Entender el proceso alemán es una vía adecuada para aprehender el reordenamiento mundial. Puede contribuir, también, a valuar un ejemplo que no cabe imitar pero sí considerar a la hora de diseñar caminos propios.

Allí existe un Proyecto Nacional hondamente germano.

* Área Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal

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