La violencia expresada en la causa sobre la guerra narco. La rentabilidad del negocio, balaceras y asesinatos. “Le mato toda la familia, que se joda, que se compre una nueva”, promete uno.

La investigación conjunta entre la Agencia de Criminalidad Organizada y Delitos Complejos de Rosario, dos fiscalías federales y la Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar), que derivó en los 84 allanamientos del sábado 2 de octubre, pone en palabras y actos concretos lo que términos académicos se conoce como empleo de violencia altamente lesiva en un contexto de disputa territorial por el narcomenudeo. “Tengo que averiguar dónde vive la familia de él y le mato toda la familia, que se joda, que se compre una nueva”, dice uno como respuesta a una amenaza que había recibido, en la que le pedían un canon para vender drogas en barrio Godoy: “Me van a pagar… así de corta. Si no lo voy a recagar a tiros hasta que se vayan del barrio. Les voy a hacer pasar mal momento, hasta que los enganche y les vuele el gorro”. También revela con detalles que buena parte de los homicidios ocurridos, particularmente en el barrio Godoy, ubicado en el oeste de Rosario, tienen como trasfondo el conflicto de larga data entre las bandas lideradas por Ariel Guille Cantero, Los Monos, y por Esteban Lindor Alvarado, ambos presos desde hace años. Además, da cuenta de algo conocido, el poder económico de las bandas. Un hombre que comercializa drogas le pide apoyo a Cantero y le promete recompensa: “De lo que te daban, te daban 600 lucas, te damos 1 millón por semana, después, a medida que vamos avanzando, vamos a ir subiendo”. Por último, muestra la dinámica de las cárceles como home office de la criminalidad organizada y precisa cuáles son los métodos que se utilizan para controlar un territorio con fines delictivos.

Los 84 allanamientos realizados en forma coordinada por fuerzas federales y la Agencia de Investigación Criminal (AIC) de la Policía de Santa Fe permitió desarticular, al menos provisoriamente, a los ejecutores de actividades ilícitas ordenadas desde la cárcel por Cantero y Alvarado.

La investigación demuestra que el intercambio de información entre los poderes judiciales federal y provincial puede ofrecer resultados aceptables, porque evita la dispersión de pesquisas separadas sobre los mismos actores, independientemente de las competencias de cada fuero, según el delito perseguido. Se reducen las duplicaciones, se arriba a un resultado más eficaz.

La foto

La investigación sobre lo ocurrido entre mediados del año pasado y la actualidad en barrio Godoy se inició con el dato de que en esa zona tenía el control del comercio de estupefacientes la banda de Alvarado, un hombre que cumplió condena por robo de autos y está detenido desde febrero de 2019 como presunto instigador del crimen de un opaco prestamista, Lucio Maldonado, y por liderar una asociación ilícita destinada a cometer múltiples ilícitos. Abuso de armas, balaceras, amenazas, homicidios, usurpaciones, lavado de activos, narcotráfico.

Demostrativo el poder económico acumulado por las organizaciones criminales más desarrolladas en Rosario fueron esta semana los juicios abreviados en los que fueron condenados varios integrantes del clan Alvarado.

Entre ellos su exesposa y madre de sus dos hijos, Rosa Capuano, quien para obtener la libertad acordó pagar una multa de 51 millones de pesos.

Volviendo al barrio, según la investigación, Alvarado controlaba la venta de estupefacientes en el extremo oeste de la ciudad, a través de Nicolás “Fino” Palacios, quien ejecutaba las maniobras por medio de Gabriel Ramón “Gavilán” Martínez y Rodolfo “Bondi” Aguilera.

Los pesquisas advirtieron que la hegemonía de esa banda comenzó a resquebrajarse en la zona con “el avance de una manifestación criminal que trae aparejadas serias amenazas contra la seguridad de la población en general”.

Desde mediados de 2020 se registraron en el barrio 23 balaceras y 12 homicidios. ¿Qué había ocurrido? El territorio entró en disputa, Los Monos fueron por esa zona y los mecanismos para obtener ese fin fueron los que a diario se conocen por las noticias.

“De las intervenciones telefónicas de las personas vinculadas a Alvarado y Ocampo nos permitieron advertir la aparición de un nuevo actor en el barrio, Pablo Nicolás Camino. Al orientar la investigación sobre Camino, pudimos ver con más claridad las razones de porqué durante los años 2020 y 2021 han acaecido tantos hechos violentos en esa zona”, señala un dictamen de la Procunar, que sirvió de base a los 84 allanamientos de la semana pasada.

Vale aclarar que Camino también estaba detenido en el penal de Piñero mientras intentaba desplazar a Ocampo de barrio Godoy. Fue condenado en 2019 por el asesinato de otro narco, Ariel Tubi Segovia, a pesar de que antes habían andado juntos. Segovia estaba preso por su participación en cuatro homicidios en el marco de la batalla entre los clanes Funes y Camino en los barrios Tablada y Municipal, en el sur.

La investigación detectó que desde 2020 Camino, “por orden de Leandro Vinardi y de Ariel Máximo Cantero, apodado Guille o Loco, ejecutó la puesta en marcha de una organización criminal integrada por distintas personas que bajo sus directivas llevaron a cabo la comisión de diversos delitos, entre los cuales podemos destacar conductas vinculadas al tráfico de sustancias estupefacientes, homicidios, extorsiones, amenazas y abusos de armas en el barrio Godoy -y adyacencias- de la ciudad de Rosario”.

Los jefes

Según la investigación, Pollo Vinardi y Guille Cantero comandaban, hasta septiembre pasado, una organización criminal con eje en el comercio de narcóticos en barrio Godoy, en Villa Gobernador Gálvez y San Lorenzo. Asociado a ese delito aparecen en la causa homicidios, amenazas, un secuestro extorsivo y el cobro de “seguridad” o “peaje” a otros vendedores de droga al menudeo. Los Monos, como sostienen los fiscales Matías Edery y Luis Schiappa Pietra, “venden violencia”.

El trasfondo de los homicidios y balaceras en barrio Godoy, como se dijo, es la disputa entre Cantero y Alvarado, que lleva varios años. Una hipótesis sobre la caída de Los Monos a partir de 2013, luego del asesinato de su anterior jefe, Claudio Pájaro Cantero, sostiene que un sector de la policía provincial decidió desplazarlos en favor de Alvarado, con el fin de instalarlo como nuevo jerarca del negocio.

Una de las primeras caídas fue la de Fino Palacios, asesinado en abril de este año cuando llegaba en una camioneta con su hijo a su domicilio de la zona oeste. El crimen fue organizado y pagado desde la cárcel, según la investigación del MPA.

De las escuchas incorporadas a la causa conjunta entre fiscales provinciales y federales surge que Pablo Camino actuaba en nombre de Vinardi y Cantero.

Tras el crimen de Palacio, en julio de este año se produjeron balaceras contra un vehículo estacionado en Teniente Agneta al 2900 y una vivienda de Barra al 2800, donde reside una hermana de Bondi Aguilera, que fue asesinado.

De acuerdo a la investigación, esos hechos estuvieron dirigidos a personas allegadas a Gabriel Martínez. En el segundo dejaron nota: “Comunicate (a un número de teléfono) o si no vamos hablar de otra manera voz el del BMW negro, el amigo del gabilan”. Gavilán es el apodo de Martínez, segunda línea del asesinado Palacio.

Ya en abril, Gavilán había recibido amenazas y en diálogo con un hombre identificado como Fernando Leyria expone los métodos de la calle: “Se me llegan a hacer los vivos acá en mi casa o algo, y allá agarro para la mierda con el Tite, con toda la familia del Tite, la hago corta. Me llegan a tocar mi familia yo le mato todo a ellos”.

Leyria parece preocupado por comprender de dónde provienen las amenazas: “Tengo que saber bien en qué pabellón está, con quién está, quienes son los que manejan”, dice en una escucha, y al final hace referencia a que puede ser que estén con los “Monarcos”, en relación al clan Cantero. Estaba bien orientado.

Familia nueva

Los niveles de violencia que emplean las bandas quedó expuesto en otra conversación de Leyria, quien le dice a su interlocutor: “Si no tengo que averiguar dónde vive la familia de él y le mato toda la familia, que se joda, que se compre una nueva. Voy y le mato la familia, se la hago bien corta. Sé dónde vive la familia de él, voy y se la mato”.

El uso de métodos extremos no es patrimonio de un sector. Es el lenguaje en que se comunican las terceras líneas de las organizaciones criminales, gerenciadas por jóvenes rústicos.

Un audio presuntamente enviado por Cantero a un allegado a Gavilán Martínez es demostrativo. Le plantea que tiene que pagarle para vender drogas en barrio Godoy, porque ahora ése t territorio es suyo. Si no lo hace, lo mata.

“Vos y Gabi me van a pagar, así de corta. Si no lo voy a recagar a tiros hasta que se vayan del barrio”, dice, y sigue: “Deja de hacerte el pillo conmigo, porque te juro que te voy a entrar a tu casa y te voy a cagar matando hijo de puta, te voy a hacer la más loca… te voy a hacer la engaña pichanga y te voy a matar… por gil”.

Camino los extorsiona: “Vamos a llegar a un numerito y me van a tener que pagar vos y Gabi, corta. No te metas tirando contactos, línea, ni nada de esas cosas. Porque en ese barrio mando yo, y ahí me paro de manos”.

Plata y venganza

Otro actor del entramado narcocriminal que aparece en la investigación es Jeremías Mac Caddon, quien según los pesquisas vende drogas en San Lorenzo para Cantero. También es músico y representante de un comercio de venta de indumentaria, y tiene un local en Cafferata al 600, cerca de donde residía.

Dos escuchas a Mac Caddon son reveladoras de la disputa entre Cantero y Alvarado, y de la rentabilidad del negocio narco.

En un audio enviado al jefe de Los Monos, Mac Caddon le dice: “Yo respondo para vos, no nos conocemos pero yo soy bien leal, voy de frente, no chamuyo, no miento, tengo la facilidad de hacer negocios. Sí, de mucho, estamos hablando de un negocio grande, entendés, por eso te lo quiero ofrecer a vos, para que vos me des el apoyo y yo te voy pasando para allá, por eso te digo, de lo que te daban, te daban 600 lucas, te damos 1 millón por semana. Después, a medida que vamos avanzando, vamos a ir subiendo”.

Como el negocio es superlativo en rentabilidad, compartirlo no es una opción deseable. Una conversación del 6 de septiembre último revela que Mac Caddon buscaba datos de algún búnker de venta de drogas administrado por la banda de Alvarado, para vengar un ataque a otros gerenciados por Leandro Gordo Vilches, lugarteniente de Cantero y también preso desde 2014.

Mac Caddon: Rosa cucha… vos no sabes alguno que venda para el Esteban Alvarado

Interlocutor: ¿Acá?

Mac Caddon: En cualquier lado

Interlocutor: Ahí en Rosario si vos tenés todo mal con él?

Mac Caddon: está todo, se pudrió todo porque le pinchó, lo apuñaló do al Gordo Vilches, el del Loco (por Cantero). Le tenemos que dar con toda a cualquiera que enganchemos de él, le tenemos que dar con toda… pero no conozco ningún búnker de él.

Interlocutor: Sí yo en Rosario los conozco a todos. Pará que ahí tiro la línea a ver si siguen en el mismo lugar.

Mac Caddon: Bueno averíguame algún bunker de ellos o alguno que venda para él que le doy con toda.

Interlocutor: Sí, dale, vamos que encima ando con unas ganas de tirar yo… ahí te averiguo.

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