El panel del Encuentro de la Economía de las y los trabajadores que evaluó la experiencia de las recuperadas argentinas, valoró avances y planteó necesidades y proyecciones materiales y también simbólicas del sector.

Consolidar la viabilidad económica de las unidades productivas y reforzar con herramientas de formación adecuadas la conciencia de clase y la vocación y capacidad de transformación de la realidad social de sus protagonistas cotidianos. Estos son dos de los grandes desafíos que afronta el movimiento de empresas recuperadas y trabajo autogestionado de la Argentina al cabo de más de dos décadas de recorrido, según coincidieron los oradores del panel realizado el 29 de octubre pasado en el marco de la Octava edición del Encuentro Internacional de la Economía de las y los Trabajadores que, con México como sede, se lleva a cabo desde el 30 de agosto y se va a extender unos días más allá del 31 de octubre, que era la fecha de cierre que se había establecido en principio.

La reflexión y el debate sobre lo hecho y lo que queda por hacer son prácticas vitales para este movimiento, en el que Argentina es una suerte de faro para el resto del mundo. De hecho, fue también desde este territorio que se gestó y proyectó el Encuentro Internacional, un espacio emblemático para dar cauce a esas reflexiones y debates, indispensables para una experiencia de lucha que renació más desde necesidades urgentes y como respuesta a una coyuntura impuesta, que por impulso de convicciones ideológicas y políticas o como estrategia planificada de avance de la clase trabajadora en su histórica lucha por la liberación del yugo con el que fue parida por el sistema capitalista.

“Nos gusta decir siempre que fuimos como el peronismo, primero metimos los pies en la fuente y después construimos realidades”, resumió el rosarino José Abelli, uno de los referentes de la experiencia argentina, cuya realidad a 20 años de la crisis del 2001 fue tema del panel del 29 de octubre.

El Vasco Abelli, actor de fuste en decenas de procesos de reactivación de fábricas y empresas desde fines de los 90 hasta estos días, fue el primero de los cinco oradores, a los que se invitó a centrarse en un análisis y un balance de un devenir que, a esta altura de los acontecimientos, afronta situaciones distintas a las iniciales, signadas por lo de ocupar y resistir.

Es que producir, el tercer verbo de la consigna histórica del movimiento de empresas recuperadas, es tal vez la instancia más determinante para la continuidad y profundización de una praxis esencialmente revolucionaria, como es la socialización y democratización de la actividad económica, entendida en los términos del tan cuestionado como vigente y globalizado sistema capitalista.

En ese sentido, Abelli remarcó que “tomar la fábrica no es el final, es el comienzo de otra cosa que se desenvuelve en el marco del capitalismo; y los roles cambian: los trabajadores sabíamos de producir, pero de la administración, las finanzas, el diseño de los productos y su inserción en el mercado se encargaban otros”.

Ese empoderamiento de los trabajadores y trabajadoras, con la multifuncionalidad que les implica, es una de las que el Vasco señaló como “ventajas” de las empresas recuperadas y democratizadas de las puertas hacia adentro, a la hora de competir puertas hacia afuera, en la economía de mercado, que nada tiene de democrática.

Otra de las ventajas competitivas señaladas por Abelli es la de la ausencia del patrón y su lógica de acumulación individualista prevaleciente en el momento de decidir el destino de los excedentes generados por la actividad que se desarrolla. La riqueza que se genera en las recuperadas no se la lleva uno, se reparte igualitariamente y se invierte en insumos, tecnología, capacitación y demases esenciales para la continuidad y crecimiento de la empresa desde esa mirada colectiva, democrática, solidaria, que le da un potencial de sustentabilidad mayor al sustentado en la lógica propia del capitalismo.

El Vasco Abelli, actor de fuste en decenas de procesos de reactivación de fábricas y empresas desde fines de los 90. Detrás, el referente de Textiles Pigüé, Francisco Martínez

La consideración de que ese sistema imperante atraviesa una profunda crisis que genera una gran oportunidad para otro tipo de desarrollos es la tercera de las ventajas que resaltó el referente rosarino, para quien los trabajadores y trabajadoras tienen en la autogestión un recurso válido para sobrevivir a “la finalización del capitalismo anterior”, sustentado en la producción de bienes y servicios consumibles y por ende dependiente de un mercado que multiplique los niveles de consumo con cada vez más y mejor retribuidos consumidores.

Hoy, la transnacionalización y la concentración, la irrupción de la robotización y la incorporación de tecnologías, más la instalación de la financiarización como nuevo modo de multiplicarlo, hacen que el capital exacerbe su búsqueda de maximización de ganancias y a la vez condene a cada vez más personas a la precarización de sus modos de sustento y sus condiciones de vida. Y allí está la oportunidad de la autogestión, el cooperativismo, la economía solidaria: crecer para incorporar a toda esa gente a un modelo de trabajo, de economía, de vinculación social, en definitiva de vida, que todavía está en construcción, que es imperfecto, pero con una presencia sostenida y en constante expansión que lo valida.

Con esa trayectoria como carta de presentación, el Vasco insistió en que el movimiento de la autogestión puede y debe pensar en grande y procurar el financiamiento que requiera esa voluntad de ampliarse, mejorarse, insertarse en más lugares. “Es un modelo inclusivo, que puede generar trabajo asalariado no dependiente sino autogestivo, asociativo. Entonces tiene que haber políticas públicas que deriven más fondos a las organizaciones autogestivas. Esto es lo que estamos tratando de hacer desde el Estado argentino, no con demasiado éxito todavía, pero sí lo hemos instalado en la agenda”, apuntó, respecto de cómo obtener ese financiamiento que hace falta y asumiendo su rol actual en el Ministerio de Desarrollo Productivo de la Nación.

Otro Vasco y referente de la autogestión, Raúl Oscar Ruiz Huidobro, fue el siguiente orador y coincidió con su predecesor en el uso de la palabra en cuanto a la valoración del camino transitado. Huidobro puede dar cuenta del mismo desde su participación en ocupaciones, resistencias y producciones en el rubro de la industria frigorífica, que comenzó a mediados de los 90 y persiste hoy, cuando le toca formar parte de la construcción y conducción de la integración entre los frigoríficos recuperados y cooperativos del país.

“Soy un militante y sobreviviente que junto con los obreros de la carne pudo concretar parte del sueño de miles de compañeros que cayeron luchando por tratar de que los medios de producción sean de quienes producen la riqueza y no la gozan”, resaltó primero, en tren de no minimizar lo logrado hasta aquí, pero a renglón seguido enfatizó su preocupación por definir y poner en acto los mejores modos de compartir con la masa trabajadora autogestionada una formación integral, que combine y sintetice la capacitación de impronta técnica y orientada a las cuestiones productivas, administrativas, de gestión operativa, propias de cada empresa o rubro, con la transmisión y construcción de sentido ideológico, político, de identidad de clase, que sostenga y acreciente la autopercepción de cada trabajador como sujeto de transformaciones colectivas.

“Nadie nos habla de Marx en los cursos de cooperativismo que se nos dan cuando empezamos”, señaló a modo de ejemplo, para cerrar con la propuesta de generar desde el espacio del Encuentro un dispositivo específico para avanzar en ese rumbo.

Después, la que tomó la palabra fue Silvia Díaz, integrante de la cooperativa porteña La Cacerola, referente de Facta una de las federaciones del sector ex diputada provincial bonaerense por el Movimiento Al Socialismo (MAS), que sumó como prácticas a recuperar en estos tiempos las de “la movilización y la unidad”, a las que realzó como fundantes de aquel “momento bisagra” que se manifestó en diciembre de 2001 y fundamentales para ahora defender y potenciar los logros obtenidos.

“Hay que darle mayor ritmo a las transformaciones con movilización, para que no nos pase lo del 2015. No estamos aprovechando todo lo que pudiéramos en esta sinergia con el Estado, las academias y todos los sectores que nos apoyan”, remarcó.

La continuidad del panel estuvo a cargo de Fabián Pierucci, otro activo trajinador del mundo de la autogestión y uno de los referentes del proceso de recuperación de la fábrica de pastas La Litoraleña, también de la ciudad de Buenos Aires. Pierucci analizó a la de la recuperación de empresas como acción enraizada en la del corte de ruta, adoptada por las organizaciones de trabajadores desocupados durante los años previos al estallido de 2001. Además, retomó la cuestión de la formación como un eje clave para enfrentar la fragmentación con integración y reivindicó “la democracia directa” como constructora “del sujeto colectivo contra el individualismo”.

Ya como cierre de las intervenciones iniciales del panel, Francisco Martínez repasó la experiencia de Textiles Pigüé, la cooperativa que conformó junto con sus compañeros de trabajo de la planta de Gatic de esa ciudad bonaerense en 2004, para iniciar un proceso de recuperación de empresa que se erige como modelo ampliamente reconocido y ponderado en el movimiento nacional e internacional del sector.

Tras el repaso de la experiencia de Pigüé, Martínez también se refirió a su actual rol de referente de la autogestión convocado por el Estado nacional, que comparte con Abelli y también con Andrés Ruggeri, uno de los fundadores del ámbito que ofrece el Encuentro Internacional y que tuvo a su cargo la moderación del panel.

Desde su lugar en la estructura estatal, Martínez reseñó que sigue privilegiando el contacto directo con los trabajadores autogestionados, que ya lo había hecho recorrer miles de kilómetros antes, que se engrosaron el último año y medio, aún bajo los condicionamientos por la pandemia.

“Viajamos a 13 provincias; y si no podemos todavía ir con los recursos económicos, vamos con la planificación y con la amistad con la que hemos transitado todos estos años de autogestión y lucha obrera”, describió, al tiempo que celebró la apertura del Estado a referentes de la autogestión como “la oportunidad de permitirnos, aunque sea con 26 de pie, ir a decirles a los compañeros: real envido, y que se mejoren un poco las cosas”.

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